MANUAL PARA NEUTRALIZAR A UN PESADO

Cinco modos de lidiar con esa gente que no se calla ni debajo del agua

Todos conocemos al típico charlatán que no para de hablar y tiene que dar su opinión sobre cualquier cosa, aunque no tenga ni idea. Lo mejor es huir de él, pero si no puedes, lee esto

Foto: Hay personas que deberían cortarse la lengua, pero no van a hacerlo. (iStock)
Hay personas que deberían cortarse la lengua, pero no van a hacerlo. (iStock)

A todos nos ha pasado en alguna ocasión que conocemos a una persona que en un primer momento encontramos encantadora, pero según vamos avanzando en la conversación, o varios días después, nos damos cuenta de que no solo no es simpática, sino que es una auténtica pesada porque es incapaz de cerrar la boca.

Si esta relación se reduce exclusivamente a un encuentro fortuito no hay ningún problema, puesto que es muy posible que al día siguiente nos olvidemos de esa persona a la que no volveremos a ver en nuestra vida. El problema viene cuando tenemos que lidiar con frecuencia con ese típico pesado. Sobre todo en el caso de que estemos trabajando, puesto que convivimos varias horas diarias, necesitamos hablar para poder entendernos con los compañeros, pero evitando que nos suelte la chapa.

Es cierto que el habla es una característica propia de los seres humanos y que es, a su vez, clave para que podamos transmitir nuestros conocimientos, opiniones o sentimientos. Pero hay en algunos casos en los que se olvida que es igual de importante saber escuchar y no solo contar lo que se hizo el pasado fin de semana o aquella opinión que cualquier cuñado podría hacer sobre un tema de supuesta actualidad.

Es habitual que el pesado aparezca cuando más liados estamos. En estas situaciones hemos de tener el valor de decir que estamos ocupados

Lógicamente, si nos encontramos en tal tesitura, no podemos cambiar a nuestro compañero el charlatán, por lo que posiblemente sea más sencillo aprender a lidiar con él. La psicoterapeuta F. Diane Barth indica en Psychology Today cinco consejos para aprender a tratar sin desesperarse con los típicos pesados que no callan ni debajo del agua. Estas son algunas sugerencias:

1. Escuchar… un poco

Es evidente que toda persona conocida merece ser escuchada, pero siempre hay un límite. Es muy habitual que los pesados empiecen a transmitir una idea y después de cinco minutos hablando no hayan dicho nada más que eso. Por tanto, quizá no merezca la pena escuchar nada más que eso y a partir de ahí preguntarnos qué nos quiere transmitir y cuestionarnos sobre la intención que guarda en sus palabras para, posteriormente, elaborar una respuesta.

2. Cortarle cuando sea necesario

Cuando una persona esté siendo muy pesada en una conversación, lo mejor que podemos hacer es cortarla, educadamente, si nos está cansando. Puede parecer duro, pero más duro es para nosotros tener que aguantar sus interminables argumentos. Y si nos vuelve a interrumpir diciéndonos que la hemos cortado, no habrá respuesta más sencilla y cómoda que decir que creíamos que había terminado ya… Y seguir hablando de nuestras cosas o dejarle terminar brevemente.

3. Responder de forma clara y sencilla

Cuando alguien nos cuenta sus aventuras u opiniones y estas no nos interesan ni lo más absoluto, es mejor no indagar ni profundizar demasiado en ellas. Siempre será más sencillo y cómodo decir algo sin demasiada profundidad y que le satisfaga. En muchas ocasiones cometemos el error de responder o preguntar algo que pueda conllevar mayor profundidad en una conversación que no nos interesa ni lo más mínimo. Al final será preferible recurrir a una respuesta intrascendente, pero que le suba el ego. “¡Qué gran idea para un fin de semana!” o cualquier frase de ese estilo.

4. Responder con alguna experiencia propia

Siempre es importante que el pesado vea que entiendes su situación, en vez de ver que se le está dando largas. Cuando nos esté contando una historia, siempre puede ser una buena idea poner un ejemplo de nuestras propias vivencias. No es complicado, tan solo tenemos que quedarnos con algo llamativo y aplicarlo a nuestra propia vida. “Esto es como cuando a mí…”. Eso sí, siempre con cuidado de que no se esté dando pie a que saque otro tema de conversación aún más pesado.

5. Parar la conversación

Suena brusco y sí, en ocasiones lo es. Sin embargo, a veces es necesario. Hemos de tener claro que nuestro tiempo tiene un precio y no debemos estar dispuestos a regalarlo. Es habitual que el pesado aparezca cuando más liados estamos. En estas situaciones hemos de tener el valor de decir que estamos ocupados, que tenemos mucho trabajo y que, si no le importa, hablaremos de ese tema más adelante. Es posible que este más adelante nunca llegue. Además debemos saber poner nuestros propios límites.

Alma, Corazón, Vida

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