La tribu más aislada del mundo: no conocen el fuego y son muy violentos
Marco polo los describió como "crueles"

La tribu más aislada del mundo: no conocen el fuego y son muy violentos

En una extensión de 72 kilómetros cuadrados vive un pueblo indígena de una edad calculada en torno a los 60.000 años. Los sentineleses son muy violentos y rechazan cualquier tipo de contacto

Foto: Tras el tsunami de 2004, los sentineleses dejaron claro que no querían visitas.
Tras el tsunami de 2004, los sentineleses dejaron claro que no querían visitas.

En pleno siglo XXI, con la tecnología avanzando a pasos agigantados cada día, puede parecer irrisorio que todavía haya quien no conozca el fuego. Pero aún quedan vestigios de lo que fuera el mundo de antaño alejado de las antenas parabólicas, los 'routers' y el wifi. La tribu de los sentineleses vive en una isla remota del océano Índico conocida como Sentinel del Norte. Administrativamente, esta porción de tierra pertenece a India, pero la gestión de todos sus recursos se ha dejado desde hace siglos bajo la responsabilidad de sus habitantes. El país del Taj Mahal ha intentado en varias ocasiones establecer contacto con los sentineleses, pero la violencia con la que actúan los indígenas y las denuncias por parte de organizaciones en defensa de los pueblos tribales han terminado con las conexiones entre ambos.

Los documentos gráficos que prueban la existencia de esta tribu son muy escasos. En 1990 se consiguió grabar un vídeo desde una zona protegida, puesto que intentos anteriores habían concluido con ataques por parte de sus integrantes. En 1974, un equipo de grabación se internó entre las tierras de los sentineleses quienes, al sentirse invadidos en su espacio, atacaron con flechas a los cámaras y reporteros, alcanzando al director del documental titulado 'Man in Search of Man' (el hombre en busca del hombre, en su traducción del inglés). 

Su ferocidad ya era conocida en el siglo XIII, cuando Marco Polo los describió como “una gente cruel y violenta que se come al extranjero que llega a sus tierras”. A pesar de la acusación de canibalismo que se intuye tras las palabras del explorador, no hay pruebas de que sus habitantes consuman carne humana. Considerada la tribu más aislada del mundo por la organización conservacionista Survival, los de Sentinel del Norte se alimentan de pequeños animales que cazan, peces y frutos silvestres que adquieren a través de la recolección. 

A pesar de disponer de instrumentos de defensa y armas –como arcos, flechas y cuchillos–, los sentineleses no usan el fuego y no practican la agricultura. Según los expertos, estos condicionantes habrían sido los responsables de que la población no se disparara: en la isla viven entre 50 y 400 personas que desarrollan sus actividades cotidianas en una extensión de 72 kilómetros cuadrados, donde tienen instaladas grandes casas comunales. En cuanto a su idioma, no hay nadie fuera de su comunidad que hable la lengua con la que se comunican, y ni siquiera se sabe cómo se denominan a sí mismos.

Supervivientes de la catástrofe del tsunami

Después de la tragedia provocada por el tsunami que asoló el Índico en 2004, el destino de este pueblo indígena parecía haber sucumbido a la peor de las posibilidades. La fuerza con la que el agua se llevó por delante todo lo que encontró dejaba entrever que Sentinel del Norte había desaparecido para siempre. Sin embargo, los sentineleses sobrevivieron a la embestida del mar a pesar de habitar en un pequeño trozo de tierra y, durante la inspección aérea de la zona, varios miembros de la tribu apuntaron con su arco hacia el helicóptero que se cernía sobre ellos. Un gesto –ilustrado en la foto que encabeza este texto– que se interpretó en todo el mundo como un claro: “no os queremos aquí".

La isla Sentinel del Norte, en el Índico (Google Maps)
La isla Sentinel del Norte, en el Índico (Google Maps)

Se cree que su hostilidad hacia los extranjeros viene de lejos. En la historia de la tribu –a la que se le calcula más de 60.000 años de antigüedad– han sido muchos los que han intentado invadir sus tierras o modificar su estilo de vida. Uno de los casos más conocidos fue el traslado a la fuerza de una pareja de ancianos y varios niños sentineleses a Port Blair en 1879. Según informa la organización Survival, un funcionario colonial dejó constancia de que los secuestrados enfermaron rápidamente, “y el hombre mayor y su esposa murieron, así que los cuatro niños fueron enviados de regreso a su hogar con gran cantidad de regalos”. El mismo trabajador se permitió apostillar su opinión sobre los indígenas haciendo hincapié en “la expresión del rostro y el comportamiento particularmente idiota” de los sentineleses.

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