UN ESTUDIO CON IMPORTANTES CONSECUENCIAS

El vínculo oculto del cáncer, revelado por los científicos del MIT

Una de las dolencias crónicas más comunes está íntimamente relacionada con el desarrollo del cáncer. Un nuevo estudio desvela por qué. Y es importante

Foto: La inflamación no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa que causa muchas enfermedades. (iStock)
La inflamación no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa que causa muchas enfermedades. (iStock)

La inflamación es una de las respuestas más habituales de nuestro cuerpo ante una amenaza cuyo origen desconoce: se altera la circulación de la sangre de la zona afectada con el fin de aislar y destruir al agente atacante y reparar el daño que ha causado. El problema es que en muchos casos este atacante es imaginario o la respuesta desproporcionada, lo que provoca algunas de las enfermedades más comunes, como la artritis, la tuberculosis, la hepatitis y el resto de patologías que llevan el sufijo –itis.

La relación entre inflamación y cáncer lleva estudiándose bastante tiempo. Los estudios epidemiológicos indicaban que las personas con inflamaciones crónicas tenían más posibilidades de desarrollar mutaciones cancerígenas, pero se desconocía la causa exacta por la que ocurría esto. Ahora un grupo de investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) asegura haber encontrado la respuesta, un hallazgo con importantes implicaciones para el tratamiento y la prevención del cáncer.

Hasta ahora no existía la tecnología necesaria para probar la relación entre inflamación y cáncer en un modelo animal del que pudiéramos fiarnos

En las enfermedades inflamatorias crónicas las células inmunes producen moléculas altamente reactivas que contienen oxígeno y nitrógeno y pueden dañar el ADN. La inflamación, además, estimula la división celular. 

Los biólogos habían teorizado con la hipótesis de que este proceso simultáneo –daño del ADN y división celular– podía incrementar notablemente la posibilidad de que apareciera un cáncer, pues mientras las células se dividen son más vulnerables a las mutaciones causadas por las lesiones en el ADN. Es por ello que, por ejemplo, una persona que padece colitis tiene más posibilidades de padecer cáncer de colón. El problema es que hasta ahora no existía la tecnología necesaria para probar esto en un modelo animal del que pudiéramos fiarnos.

“Tienes que contar con las herramientas correctas y hasta ahora, sencillamente, no las teníamos”, explica Bevin Engelward, profesora de ingeniería biológica en el MIT y autor principal del estudio, en la nota de presentación de este. “Tienes que controlar la aparición de la inflamación, tienes que crear marcadores que señalen el daño en el ADN y que puedas ver en el tejido y necesitas un lector para observar las mutaciones”.

Los peligros de la inflamación crónica

Para llevar a cabo el experimento los científicos tuvieron que crear primero un ratón en el que se pudiera observar las mutaciones en el ADN. En concreto, las células del páncreas de estos ratones de laboratorio se iluminaban cuando ocurría una mutación, un destello que podía observarse con un microscopio común. Gracias a estos ratones los científicos pudieron desarrollar el experimento, induciendo una inflamación de páncreas y observando las mutaciones resultantes.

El tiempo existente entre la aparición de lesiones en el ADN y la división celular funciona como un mecanismo de defensa frente a las mutaciones, pero no funciona si la inflamación es crónica

Cuando la inflamación se producía en ráfagas cortas, con una semana o más de diferencia, no se observaba ningún aumento en las mutaciones. Sin embargo, cuando la inflamación se inducía con unos pocos días de diferencia, el número de mutaciones aumentaba de forma significativa.

Este hallazgo refuerza lo que habían mostrado estudios anteriores sobre el páncreas: la división celular no comienza hasta varios días después de que aparezca la inflamación, mientras que la mayor parte del daño en el ADN se produce de forma inmediata. Las lesiones en el ADN se reparan fácilmente sin que se produzcan mutaciones susceptibles de provocar cáncer, pero si la inflamación es continua y el daño se produce a la vez que se incrementa la división celular, las mutaciones se multiplican. Tenemos entonces todas las papeletas de acabar padeciendo cáncer.

Engelward cree que el tiempo existente entre la aparición de lesiones en el ADN y la división celular funciona como un mecanismo de defensa frente a las mutaciones, pero es insuficiente si sufrimos varios ataques agudos de inflamación seguidos o, aún peor, si esta se mantiene en el tiempo como ocurre en las enfermedades inflamatorias crónicas, que mucha gente sufre durante años.

La pancreatitis, inflamación crónica del páncreas, aumenta el riesgo de padecer cáncer en el órgano. (iStock)
La pancreatitis, inflamación crónica del páncreas, aumenta el riesgo de padecer cáncer en el órgano. (iStock)

“Una conspiración que incrementa la formación de cáncer”

En la segunda parte del experimento, los científicos del MIT estudiaron los efectos que provocaba en los ratones la exposición a los agentes alquilantes –como los radicales libres o los carbenos–, sustancias presentes en la comida, los cosméticos o la contaminación (y, además, en ciertos fármacos habituales en quimioterapia) que provocan daños en el ADN.

Estas lesiones provocadas por los agentes alquilantes son fácilmente reparables pero, tras realizar el experimento, Engelward y sus colegas vieron que en los tejidos inflamados, en los que las células se dividen más rápido, las mutaciones resultantes de estas lesiones se acumulan también más deprisa.

Hay cosas que las personas con una inflamación crónica pueden hacer para evitar la exposición a sustancias problemáticas, como limitar el consumo de ciertas comidas que provocan lesiones en el ADN

En definitiva, las personas que sufren inflamaciones crónicas no sólo tienen muchas más posibilidades de desarrollar mutaciones malignas, además son mucho más vulnerables a las sustancias cancerígenas a las que estamos expuestos todo el mundo.

“Estos hallazgos sugieren que la inflamación crónica provoca un incremento en las lesiones y proliferación del ADN que, de forma conjunta, conspiran para incrementar las probabilidades de desarrollar un cáncer”, explica Peter McKinnon, profesor de genética y biología tumoral en el St. Jude Children’s Research Hospital, que no ha participado en este estudio.

La investigación tiene dos implicaciones importantes: en primer lugar, advierte de que las personas con inflamaciones crónicas son más vulnerables a los agentes cancerígenos comunes, por lo que deben tener más cuidado con ellos. “La inflamación crónica provoca un montón de cánceres como el de páncreas, el de esófago, el de hígado y el de colon”, asegura Engelward. “Pero hay cosas que estos enfermos pueden hacer para evitar la exposición a sustancias problemáticas, como limitar, por ejemplo, el consumo de ciertas comidas que provocan lesiones en el ADN”.

Por otro lado, el estudio podría tener consecuencias en el desarrollo de nuevos fármacos para tratar el cáncer, pues gran parte de la quimioterapia funciona dañando el ADN. Las células cancerígenas se dividen frecuentemente, lo que las hace más susceptibles a las mutaciones, algo que puede ayudarles a sobrevivir a la quimioterapia, pues algunas de esas mutaciones confieren una resistencia a los fármacos. Según Engelward, su estudio refuerza la idea de que es necesario incrementar la toxicidad de la quimioterapia destinada a dañar el ADN gracias a nuevas combinaciones de fármacos que supriman de forma eficaz la evolución del tumor.

El equipo del MIT está realizando ya experimentos similares en otras zonas del cuerpo como el colon y el pulmón, con una nueva versión de ratón fluorescente que permite estudiar las mutaciones en casi cualquier tipo de tejido. 

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