¿No te ha tocado el Gordo? Si no has ganado, así puedes recuperar la ilusión
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CONSEJOS PARA SUPERAR LA DECEPCIÓN

¿No te ha tocado el Gordo? Si no has ganado, así puedes recuperar la ilusión

Para esa inmensa mayoría que responderemos que no nos ha tocado nada, ¿qué pasa con la ilusión? No tiene por qué desaparecer, porque hay otras cosas

Foto: Si no te ha tocado la Lotería, puedes recuperar la ilusión por tus propios medios.
Si no te ha tocado la Lotería, puedes recuperar la ilusión por tus propios medios.

¿Te ha tocado el Gordo? Para esa inmensa mayoría que responderemos "no" estos días surge una duda existencial, ¿qué pasa con la ilusión? Parte de la genial campaña publicitaria de este año parecía querer asociar la ilusión con la lotería, y es muy probable que durante algún tiempo la posibilidad de ganar un premio nos haya mantenido especialmente ilusionados.

La ilusión que genera la lotería puede ser una experiencia emocional muy intensa y gratificante. El problema es lo que queda el día después, ¿a dónde va la ilusión? Parece que una vez pasado el sorteo nuestra ilusión se quedara huérfana y desorientada, sin saber muy bien a donde ir. En algunos casos extremos incluso se transforma en decepción y cierto desencanto.

El problema está en la cesión de responsabilidad que implica darle a la lotería nuestra capacidad para ilusionarnos. La lotería tiene muy poco que ver con nosotros, con nuestro esfuerzo. Depende exclusivamente de factores externos que no controlamos. Cuando confiamos nuestra ilusión al destino, al azar o cualquier otro factor ajeno a nosotros mismos, estamos reduciendo su capacidad para transformarse en acción, y como consecuencia se convierte en algo pasajero y volátil.

La ilusión proviene de nuestro interior

La lotería en sí no tiene ninguna capacidad para generarnos ilusión. Eso implicaría que los boletos pudieran irradiar algún tipo de onda misteriosa que modificara nuestro cerebro… La realidad es que somos nosotros mismos los que conseguimos ilusionarnos al tener el boleto en la mano. Dejamos volar nuestra imaginación, permitimos que algunos sueños aparezcan en nuestra consciencia sin censura y empezamos a considerarlos como más accesibles de lo que lo habían sido hasta ahora. Es probable que el pico de emociones positivas que acompañan a la ilusión nos produzca una cierta “ceguera” estadística, y nos parezca que el premio está a punto de caernos a nosotros, incrementando aún más la intensidad de esas emociones. Resumiendo, la lotería no es más que el detonador, pero la carga explosiva está en nosotros. “Pensar" es lo que nos ilusiona o nos desilusiona, una vez más lo que nos decimos a nosotros mismos es la clave.

Uno de los componentes centrales de la ilusión es la esperanza. La esperanza es la capacidad para soñar y permitirnos pensar, al menos durante un instante, que nuestros sueños son posibles. Desde la psicología sabemos que para sacar el máximo partido a la esperanza debemos ser conscientes de nuestra capacidad para hacer esos sueños posibles, es decir, necesitamos creer que podemos hacer algo para que se cumplan. Este matiz es importante ya que cuando nos olvidamos de la acción, cuando no creemos en nosotros mismos como agentes de esos cambios, podemos caer en la trampa del optimismo irracional que ha llevado a tantas personas a la ruina personal y profesional.

Quizá pasada la resaca de la lotería podemos aprovechar para sacar partido de toda esa energía que generamos mientras que esperábamos pasivamente a que nos cayera el premio. ¿Qué hubieras hecho si te hubiera tocado?, ¿comprar un coche nuevo?, ¿una casa más grande?…, ¿por qué no aprovechar esa ventana que has abierto a tus sueños para rascar un poco más?, ¿qué harías una vez que tuvieras un coche mejor o una casa más grande? Trata de imaginar cómo vivirías, pero esta vez céntrate en las partes de tu vida que sobre las que tienes control, piensa en cómo vivirías las relaciones con las personas que te rodean, qué cosas nuevas te gustaría hacer o aprender, qué actitud tendrías ante los problemas que hoy te inquietan más...

Es posible que te sorprendas encontrando una versión de ti mismo que te encantaría poner en marcha y que sin ninguna razón convincente habías condicionado a un premio económico. Quizá sin darte cuenta habías dado por hecho que la lotería era el único camino para acercarte a algunos objetivos importantes, olvidándote de que algunos de ellos solo necesitan de pequeños cambios y grandes dosis de perseverancia para convertirse en realidades, ¿y si empezamos por ahí?

Por supuesto, si solo se trata de un coche y una casa nueva, pues siempre te quedará el Niño, ¡mucha suerte!

*Daniel Peña Molino es doctor en psicología, consultor de Recursos Humanos y coach ejecutivo.

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