Por qué la felicidad no es lo mismo que el bienestar
  1. Alma, Corazón, Vida
UN SENTIMIENTO CON DOS CARAS

Por qué la felicidad no es lo mismo que el bienestar

La felicidad tiene dos caras. Solo se entiende si se contrapone a ser infeliz, al igual que no se entiende la verdad sin la falsedad, ni la bondad sin la maldad

placeholder Foto: Jano, el dios con dos caras, como la felicidad. (Lienyuan Lee)
Jano, el dios con dos caras, como la felicidad. (Lienyuan Lee)

La felicidad es como la diosa Jano, tiene dos caras. Y es que ser feliz solo se entiende si se contrapone a ser infeliz, al igual que no se entiende la verdad sin la falsedad ni la bondad sin la maldad. De ahí no se sigue, sin embargo, que la felicidad equivalga a no sufrir. Lo que se sigue es que debemos evitar, con todos los medios, el dolor y, al mismo tiempo, procurarpara uno mismo y para los demás el mayor bienestar posible. A pesar de que la palabra "bienestar" se va imponiendo dado lo manoseada que está la de "felicidad", algunos preferimos continuar utilizando esta última. Una de las razones consiste en que remite a la vieja lengua indoeuropea y en donde su significado es el de fecundidad o florecimiento. Luego las distintas lenguas, entre las que se encuentra la nuestra, la han hecho explotar en un conjunto de conceptos como son el de contento, júbilo, sensación grata, alegría o tantas más.

Esa felicidad y que resplandece en quien la goza posee un núcleoque, sin duda, es inefable por personalísimo. De ahí que todas las medicionesde felicidad son, como las del dolor, que es su contrario, solo aproximadas. Eso es verdad y lo seguirá siendo por mucho que avancen las neurociencia. Pero no quita para que se muestren ante nuestros ojos una serie de signos que nos indican el estadode ánimo de una persona feliz, siempre con la felicidadlimitada que es la propia de los mortales. El rostro, la risa, la sonrisa, el movimiento del cuerpo, la palabra, los gestos o la serenidadson algunas de las puertas que nos llevan hacia la vida interior de una persona. No penetraremos hasta la intimidada absoluta pero sí se nos harán presentes algunas características relevantes. Todo ello implica que los felices nos pueden contagiar o que, por el contrario, está en nuestras manos modificar la existencia feliz o infeliz de los demás. Por el cuerpo al alma, por lo visto a lo no visto y por parte de unos y de otros la posibilidad de crecer juntos en felicidad.

El goce y la carencia

Si de cada uno de los individuos pasamos a la colectividad, de nuevo tendríamos que reconocer que no hay institución alguna que otorgue la felicidad a los ciudadanos. De ahí no se deduce que los poderes públicos debende ser indiferentes a los que vivimos en comunidad. Porque es su obligación crear las condiciones para que, después, Javier o Elena puedan desarrollar su proyecto vital de la mejor forma posible. Cuando se habla, con más o menos precisión, del derecho a la felicidad lo que se quiere decir es que existe la obligación, por parte del Estado, de satisfacer las demandas socioeconómicas o los llamados derechos de segunda generación. Una vez más, desde fuera se puede llegar a aquel lugar en el que comienza la muy personal felicidad individual.

Lo expuesto anteriormente vuelve a recordarnos las dos caras antes referidas. Y es que hablamos siempre desde la próspera burbuja occidental. A pesar de sus muchos defectos,está muy por encima de lo que sucede en los muy míseros países del resto del mundo. Y eso nos obliga a que lo que gocemos no pierda nunca de vista las carencias de los otros. Ser feliz requiere hacerse eco de las necesidades del resto de aquellos que, con nosotros, pueblan el planeta. Ha hecho su aparición, como no podía ser de otra manera, la política. Una política que o se encierra sobre sí misma o se abre a todo el mundo. La primera diluye la felicidad. La segunda la expande. Mientras tanto, y siguiendo con Jano, que cada uno de nosotros aparte la vista de lo que no es bello y se concentre en lo que es bueno y bello. Y desde ahí, con la habilidad que da el ansia de auténtica felicidad, que vaya quitando terreno a lo que no es ni bello ni bueno.

Javier Sádaba* es catedrático de Ética y Filosofía de la Religión en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador del Inistituto de la Felicidad de Coca-Cola,

La felicidad se demuestra andando Felicidad Bienestar Filosofía Neurociencia
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