OWEN JONES Y EL FUTURO DE LA CLASE TRABAJADORA

“Nuestro sistema es socialismo para ricos, tendría que haber más cajeras en política”

¿Qué es un chav? Según el diccionario, “una persona de clase baja caracterizada por un comportamiento temerario y grosero que viste ropas de diseño (reales o de imitación)”

Foto: Owen Jones se ha convertido, a sus 29 años, en una de las grandes referencias de la izquierda británica. (Miguel Balbuena/Círculo de Bellas Artes)
Owen Jones se ha convertido, a sus 29 años, en una de las grandes referencias de la izquierda británica. (Miguel Balbuena/Círculo de Bellas Artes)

¿Qué es un chav? Según el diccionario de Oxford, “una persona de clase baja caracterizada por un comportamiento temerario y grosero que viste ropas de diseño (reales o de imitación)”. Para Owen Jones, columnista de The Guardian y The Independent, alguien que no existe, una afirmación que parece paradójica al haber editado un libro llamado Chavs. La demonización de la clase obrera (Capitán Swing). “No califico a nadie de chav”, explica Jones en su visita a nuestro país, donde ha ofrecido varias conferencias organizadas por el Círculo de Bellas Artes y el Centre de Cultura Contemporánia (CCCB). Pero Wayne Rooney o los protagonistas de Little Britain podrían ser chavs.

 

“Los medios de comunicación utilizan los casos extremos y sugieren que todos los que provienen de su mismo entorno de clase trabajadora son así”, explica Jones. Es el caso, por ejemplo, de Karen Matthews, que secuestró a su hija para enriquecerse con el dinero del rescate y la publicidad obtenida por la televisión. “Es gente disfuncional, algo loco y terrible. Pero los medios de comunicación sugieren que toda la gente que comparte su origen estaría dispuesto a secuestrar a sus hijos”. De esa forma, barriadas formadas por pisos de protección oficial como Dewsbury, donde habitaba Matthews, se convierten en un hervidero de indeseables chavs, una caricatura del proletariado.

 

Pero, ¿a quién interesa que existan estos chavs? Como explica Jones, a los políticos y a la clase media, que de esa manera definen a las nuevas clases obreras como un grupo de irresponsables que viven a base de subsidios, generando una prole cada vez mayor y que, sobre todo, han renunciado a la que debería ser su gran aspiración, pertenecer a la clase media. “Es un dogma que se impone a la gente”, señala Jones. “Si fracasas en tener tu propio hogar, es tu culpa, por lo que eres un fracasado”.

 

La movilidad social no es un derecho, es una obligación

 

La clase media a la que hace referencia Jones no es la misma que podríamos conocer en España, sino que hace referencia a un sector más privilegiado de la sociedad formado por profesionales liberales que pueden permitirse enviar a sus hijos a estudiar a universidades privadas como Oxford (donde estudió el propio Jones), unas buenas vacaciones en un país extranjero e incluso aspirar a ocupar puestos importantes en el Gobierno, en los medios de comunicación o en las empresas. Al otro lado del espectro se encuentra la clase trabajadora, que si lo es, es por su culpa y nada más que por ello.

 

Lo que está ocurriendo ahora es que ya no debes odiar a tu jefe por tratarte injustamente, sino al funcionario que tiene una pensión“Tiene que ver con la movilidad social y la idea de que estás obligado a ascender. Si no lo consigues, eres un fracasado”, explica el autor. “Ello ha provocado que se termine mirando desde arriba a las clases trabajadoras”. Además, mientras que en un pasado existía cierta conciencia de clase que permitía que los trabajadores se apoyasen unos a otros, ahora el signo de las relaciones de muchos de ellos está marcado por la envidia. “Lo que está ocurriendo ahora es que ya no debes odiar a tu jefe por tratarte injustamente, sino al desempleado que vive en una casa lujosa, al jubilado o al trabajador del sector público que tiene una pensión”.

 

Ante dicha perspectiva, Jones aboga por “reconstruir ese sentimiento de solidaridad donde las diferencias se ponen a un lado”. “Cuando consigues que la gente más desfavorecida sienta envidia unos de otros, en lugar de estar enfadada con los que mandan, consigues que lo social se abandone por lo individual”. El joven, que cumplirá 30 años este verano, cita aquí la célebre frase de Margaret Thatcher que decía que no existía tal cosa como la sociedad, sino “un conjunto de familias e individuos”.

 

“De esa manera, el fallo ya nunca es del sistema, sino del individuo”. Ello ha provocado, entre otras cosas, el debilitamiento del sistema público y el Estado del bienestar. “Si la gente puede salir adelante simplemente cambiando su comportamiento, ¿para qué se necesita al sector público?”, se pregunta Jones con ironía, antes de recordar que dicha lógica ha publicado la demonización del Estado de bienestar. Y, a pesar de ello, recuerda que “es increíble lo que han conseguido hacer durante la crisis. Aunque se tratase de una crisis del mercado, los bancos no fueron salvados por el libre mercado, fueron salvados por el Estado: eso es socialismo, pero para los ricos. Si eres rico, te salvan, si eres pobre...”

 

El futuro de la clase trabajadora

 

Pero las clases más bajas no siempre sufrieron de una imagen tan negativa. Durante algunas décadas del siglo XX, de hecho, llegaron a ser idealizadas: Marlon Brando era un atractivo estibador en La ley del silencio de Elia Kazan, y la cultura popular bebía del imaginario proletario. “Por aquel entonces existían sindicatos potentes, fuertes movimientos obreros que eran muy visibles”, señala Jones. “Además, se tenía la sensación de que la organización colectiva era algo positivo y legítimo”.

 

Decir que las clases sociales ya no existen o que todos pertenecemos a la clase media es muy conveniente para los que están en el poderEl cambio de paradigma se produce con el advenimiento del neoliberalismo, “que está relacionado con el individualismo: el líder de tu vida eres tú mismo”. Y por ello, estás obligado a abandonar las condiciones precarias de tu existencia y superar los condicionantes sociales. Frente a la negación de Thatcher de la existencia de las clases, Jones recuerda la palabras del socialista escocés John McLean, que dijo aquello de “álzate con tu clase, no fuera de ella”. Sin embargo, la individualización de la sociedad provocó que las formas de organización habituales, como los sindicatos, comenzasen a debilitarse hasta llegar a la situación en la que se encuentra hoy, en la que incluso el Partido Laborista ha dejado de hablar de clases sociales y ha dado la espalda a los trabajadores, aquellos que en principio debía representar. ¿Por qué ese debilitamiento de la izquierda?

 

“Creo que se debe a las muchas derrotas que ha sufrido. El auge de la nueva derecha, así como el final de la Guerra Fría, que hizo que mucha gente temiese ser identificada con el estalinismo”. Es en ese momento donde Jones fecha el declive del discurso de clase, y el auge de otras luchas, como la de los derechos de los homosexuales, lesbianas y transexuales o contra el racismo. “Son batallas cruciales, pero la cuestión de clase ha sido extraída de la ecuación. No es lo mismo una madre soltera que trabaja como cajera que una multimillonaria. La clase debe juntarse con el género y la raza. Pero si dices cosas como que las clases sociales ya no existen o que todos pertenecemos a la clase media, es un discurso muy conveniente para los que están en el poder. Los sueldos, las condiciones laborales, son cuestiones de clase”.

 

Los empleos son más efímeros, por lo que ya no tenemos comunidades de trabajadores construidas alrededor de los lugares de trabajoEn opinión de Jones, la solución pasaría, en una primera instancia, por aumentar la presencia de la clase trabajadora tanto en política como en medios de comunicación. “El fundador del Servicio de Salud de Inglaterra fue un ex minero. Saco esto a colación porque, de esa manera, vio la terrible salud de la gente con la que creció”. Sin embargo, la ausencia de políticos de clase trabajadora en el parlamento provoca que nadie “pueda explicar lo que ocurre a los obreros”. Como recuerda el escritor, la elección de un político se reduce a una cuestión de competencia y tecnocracia, como el número de carreras de que dispone. “Pero puede tener 20 títulos y desconocer lo que le ocurre a la gente normal. Hacen falta más telefonistas en la política, más cajeras de supermercado, más limpiadoras, más enfermeras, porque entienden lo que significa la caída de los salarios, unas malas condiciones laborales y el ataque a los servicios públicos”.

 

El futuro, por lo tanto, no puede estar en manos de aquellos que, como el laborista Gordon Brown, desprecian a aquellos a los que en teoría representan. “Si miramos la historia, el cambio no ocurre por la buena voluntad y generosidad de los que están al mando, sino por las luchas y sacrificios de la gente de abajo”, concluye Jones. “Tenemos que aprender de esa tradición y adaptarla a las circunstancias modernas. Los sindicatos tienen que adaptarse al hecho de que la clase trabajadora industrial se ha convertido en la clase trabajadora de servicios, donde los empleos son más efímeros, por lo que ya no tenemos comunidades de trabajadores construidas alrededor de lugares de trabajo”.

 

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