TODO LO QUE ESTÁS HACIENDO MAL

8 razones por las que te cuesta tanto deshacerte del peso que te sobra

¿Por qué fracasamos continuamente a la hora de perder peso? Hay una lista de factores tanto psicológicos como biológicos que pasamos por alto

Foto: Hay quien pone mucho esfuerzo en perder peso, pero hay alguna razón desconocida que le impide alcanzar su objetivo. (Corbis)
Hay quien pone mucho esfuerzo en perder peso, pero hay alguna razón desconocida que le impide alcanzar su objetivo. (Corbis)

¿Por qué fracasamos continuamente a la hora de perder peso? ¿Por qué, a pesar de seguir una dieta más o menos razonable y matarnos en el gimnasio, llegamos a la temporada estival con la misma apariencia que el año previo y, a la larga, terminamos dándolo por imposible? Dejando a un lado lo obvio –como no ser lo suficientemente constantes– hay una lista de factores que generalmente solemos pasar por alto y que pueden determinar nuestro éxito o fracaso.

Tanto los factores genéticos como los metabólicos, ambientales o los meros hábitos explican los resultados de nuestros programas de adelgazamiento. En ocasiones, las razones son meramente psicológicas: estamos tan ansiosos por perder la grasa de la cintura que al no ver los resultados rápidamente dejamos nuestro programa. En muchos otros casos, es autocontrol lo que nos falta. Estamos a dieta, sí, pero nos pegamos homenajes gastronómicos con demasiada frecuencia. Nos hemos apuntado al gimnasio, pero no pasa nada si faltamos un día. O dos. O tres…

No obstante, hay otras razones que trascienden lo motivacional y en las que deberíamos reparar si queremos que el esfuerzo que llevamos a cabo no sea en vano. Aquí presentamos diez de ellas.

No estás haciendo los ejercicios correctos

Solemos pensar que la simple práctica del deporte nos conducirá tarde o temprano a la pérdida de peso, pero no es así. Debemos recordar, en primer lugar, la diferencia entre ejercicio aeróbico y anaeróbico, que hacen referencia a la manera que tiene el organismo de obtener la energía.

Si se pierde masa muscular, el ritmo metabólico basal es más lentoLos ejercicios anaeróbicos suelen ser de alta intensidad y poca duración, y la energía se obtiene de las reservas de energía sin utilizar el oxígeno. Entre ellos se encuentran el levantamiento de pesas, los sprints y otros ejercicios que requieran un gran esfuerzo en poco tiempo. Por el contrario, los ejercicios aeróbicos utilizan oxígeno. Ejemplos de este tipo de ejercicio son la maratón, la bicicleta, la natación, y además, se trata de una actividad que beneficia el sistema cardiovascular. Existe una gran controversia sobre la auténtica utilidad de los ejercicios aeróbicos para quemar grasas, que resume en este artículo nuestro colaborador Daniel Camiroaga, al mismo tiempo que propone un plan alternativo.

Es necesario el desarrollo del músculo si queremos que los resultados se mantengan a largo plazo. Si se pierde masa muscular, el ritmo metabólico basal es más lento, por lo que se perderán menos calorías. Es necesario, por lo tanto, compaginar ambos tipos de entrenamiento para evitar que, una vez relajemos el ritmo, volvamos a recuperar lo perdido. Como afirmaba en un artículo el profesor Stephen H. Boutcher de la Universidad UNSW de Australia, “el efecto de la práctica de ejercicio aeróbico de manera regular es despreciable”, a no ser que se compagine con otras actividades.

El ejercicio no tiene la intensidad suficiente

El que algo quiere, algo le cuesta. Aunque algunos estudios hayan sugerido durante los últimos años la posibilidad de que el tiempo que dedicamos al ejercicio sea en todos los casos directamente proporcional a la pérdida de peso que experimentamos (debido a los mecanismos compensatorios del cuerpo), un mayor esfuerzo revertirá de forma positiva en nuestro adelgazamiento.

Esa es la razón por la que procesos como el protocolo Tabata o el entrenamiento interválico de alta intensidad, desarrollados por el japonés Izumi Tabata, son los que muestran un mayor efecto entre los que los practican, como confirman diversas investigaciones.

No ha pasado el tiempo suficiente

A menudo, el único problema que tenemos con los efectos de nuestro entrenamiento es que somos demasiado ansiosos y, al no ver inmediatamente ningún cambio, lo abandonamos. Es complicado cuantificar cuántas calorías perdemos exactamente gracias a nuestro ejercicio, por lo que lo mejor es seguir según lo planeado sin obsesionarnos con la báscula día tras día. Tarde o temprano, y siempre que no estemos haciendo nada mal, terminaremos recogiendo los frutos de nuestro esfuerzo.

Estás estresado

La lógica (absurda) nos lleva a pensar que el estrés adelgaza, puesto que nos hace movernos más rápido, hacer más cosas en el mismo tiempo y comer menos, aunque en realidad es al contrario. La ansiedad continuada hace aumentar los niveles de la hormona cortisol, que provoca un mayor apetito y la necesidad de consumir más azúcar. Algunos estudios han relacionado los altos niveles de cortisol con unos mayores niveles de grasa visceral.

Cambios hormonales debidos a la edad

El envejecimiento se caracteriza por determinados cambios hormonales y en el metabolismo que impiden que quememos calorías con tanta facilidad que cuando éramos jóvenes. El gasto energético se reduce, y algunas condiciones como la menopausia provocan que se gane peso, que la grasa se acumule en el abdomen y el apetito aumente. Según una investigación de la Universidad de Pittsbourgh, el consumo de frutas, pescado y cereales puede ayudar a combatir este condicionante.

Predisposición genética

Como explicaba Gary Taubes en un fragmento de su libro Cómo engordamos y qué hacer al respecto (RBA), “las hormonas no trabajan en el vacío”, por lo que su efecto en cualquier célula o tejido depende de un gran número de factores, lo que provoca que incluso a lo largo de nuestra vida hormonas como la insulina nos afecten de forma totalmente distinta.

No estás durmiendo bien

De igual manera que ocurría con el estrés, no descansar lo suficiente puede impedir que pierdas peso. Según un estudio realizado a lo largo de 16 años en el que se analizó la evolución de 70.000 mujeres, aquellas que dormían menos de cinco horas al día tenían un 30% más de probabilidades de ganar más de 13 kilos de peso que las que lo hacían durante al menos siete horas.

Sufres alguna enfermedad

Otra posibilidad por la que puede que no estés perdiendo peso puede ser que sufras alguna clase de enfermedad, o que la medicación que consumes impida que te deshagas de la grasa sobrante. Es lo que ocurre con el síndrome metabólico, el hipotiroidismo, la resistencia a la insulina o el síndrome del ovario poliquístico, que puede aumentar los niveles de testosterona. 

Alma, Corazón, Vida
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