Las siete maneras de hacer tu vida mejor (y bastante más divertida)
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Las siete maneras de hacer tu vida mejor (y bastante más divertida)

Hay personas que parecen no estar preparadas para disfrutar de la vida, independientemente del período vital por el que se atraviese, pero pueden hacerlo

Foto: Tener una fructífera vida social revierte positivamente en nuestro estado de ánimo. (Corbis)
Tener una fructífera vida social revierte positivamente en nuestro estado de ánimo. (Corbis)

Hay personas que parecen no estar preparadas para disfrutar de la vida. Independientemente de las crisis de la media edad o del período vital por el que se atraviese, hay quien vive inmerso en las preocupaciones y obligaciones del día a día, sin permitirse ni un minuto para el esparcimiento y el disfrute. Los pequeños momentos de felicidad y diversión son más que necesarios, pues según defienden la mayoría de psicólogos, son los que marcan la diferencia en la calidad de vida de las personas y permiten gozar de una buena salud metal.

Es inevitable que ciertos acontecimientos vitales negativos, como la pérdida de seres queridos, los problemas de salud o laborales, nos ahoguen en períodos de tristeza y malestar, pero pueden acabar superándose con tiempo y fuerza de voluntad para seguir adelante. En cambio, existe otra serie de factores artificialmente construidos, y muy comunes, que limitan nuestra felicidad o, más bien, que la autolimitan. La profesora de salud mental en la Universidad de Florida y autora de Making the Grade with ADD Stephanie Sarkis ha resumido estas barreras autoimpuestas en ocho puntos, al tiempo que ofrece las claves para superarlas y mejorar así nuestras vidas.

La preocupación por lo que piensen los demás

El miedo a que nos juzguen por nuestros actos y a que nos critiquen de forma negativa puede retrotraernos a la hora de disfrutar de ciertas cosas. Normalmente, recuerda Sarkis, sobreestimamos la atención que los demás prestan a nuestras acciones, además de que no podemos saber si van a llevarse una visión negativa, positiva o neutra de lo que hagamos.

Hacer lo que le apetezca a uno en cada momento y decir lo que se siente sin estar influenciados por el ‘qué dirán’ es básico para ser uno mismo y encontrar la paz interior. Si a alguien no le gusta, será que no merece la pena pasar tiempo con esa persona. Es necesario que cada uno siga su propio camino, por lo que si somos tema de conversación entre las personas de nuestro entorno significa que “estamos haciendo lo correcto”.

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La limitación económica

Parece una frase hecha, pero las mejores cosas que puede ofrecernos la vida no se pagan con dinero. Para divertirse no hace falta hacer un viaje al otro lado del mundo o comprar de manera compulsiva.

Es preciso propiciar los cambios necesarios y aprovechar las oportunidades que nos permitan salir y divertirnos

Muchas veces, estar en el momento adecuado con las personas que realmente te importan aumenta más nuestro bienestar que cualquier otra cosa, y es gratis. Tener una fructífera vida social revierte positivamente en nuestro estado de ánimo.

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La falta de tiempo

A pesar de las obligaciones y de carecer del tiempo necesario para hacer todo lo que nos proponemos, es crucial poder planificarse para que, al menos, dediquemos una media hora diaria a nosotros mismos. Para encontrar momentos de diversión no hace falta cogerse un día libre o esperar al fin de semana, sino que con unos pocos minutos al día es suficiente para cargar las pilas y hacer de la felicidad nuestro modo de vida. Para la psicóloga es prioritario dedicar un breve periodo de tiempo para hacer aquello que realmente nos apetece y nos gusta.

Como explica en este artículo la psicóloga Rocío Mayoral, la falta de tiempo es un mal con efectos muy nocivos.

La necesidad de planificarse

Los obsesos de la planificación y de las agendas no suelen tener la actitud más beneficiosa para disfrutar de la vida. Cuando todo está demasiado minutado no hay espacio para las actividades espontáneas, que surgen sin preaviso y que, según Sarkis, son las que más felices nos hacen. Dejar que las cosas sucedan de forma natural es una buena manera para mejorar nuestro día a día.

Algunos de los momentos más divertidos y placenteros del día surgen de manera inesperada

Cada vez son más los psicólogos que insisten en la necesidad de practicar (o recuperar) el denominado ‘mindfulness’. Se trata de algo tan sencillo como prestar más atención y ser plenamente conscientes de cada momento presente. Algo básico para ahuyentar las preocupaciones y aprender a valorar lo que tenemos y lo que somos.

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Las actividades serias no pueden ser divertidas

Las cuestiones importantes no tienen porqué ser frías y marcadas por una seriedad absoluta. A todo se le puede sacar su punto de humor y diversión, lo que hace que actividades tradicionalmente aburridas se conviertan en algo placentero. Lo que nos resulta divertido hace incluso que prestemos más atención, por lo que la psicóloga anima a relajar la seriedad en las reuniones o actividades más sobrias.

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La diversión está hecha para los demás, no para mí

El primer paso para sentirnos bien pasa por aceptarnos tal y como somos, sin lo cual nunca lograremos evolucionar y hacernos mejores personas. Lo mismo sucede con las personas que nos rodean, hay que aprender a aceptarlas como son, con sus defectos y virtudes para disfrutar más de su compañía, aumentar nuestra capacidad de resiliencia y, en definitiva, nuestro bienestar. A partir de aquí cada uno tendrá sus propias formas de divertirse, pero, sean cuales sean, todo podemos y debemos hacerlo.

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La incapacidad para encontrar el momento adecuado o la insatisfacción constante

Algunos de los momentos más divertidos y placenteros del día surgen de manera inesperada. Para aprovecharlos, hay que saber apreciar el momento presente y saber conformarse. Ganar más dinero, encontrar el amor ideal o tener el trabajo perfecto son máximas cada vez más inalcanzables para el grueso de la sociedad que nos impiden conquistar el bienestar. Unos objetivos que “provocan un perjudicial combate con nosotros mismos y nos hacen vivir temerosos del futuro”, según suele apuntar el filósofo suizo Alexandre Jollien en sus multitudinarias conferencias.

En este sentido, aprender a renunciar y a reajustar las expectativas, atendiendo tanto a nuestras limitaciones personales como a las impuestas por el entorno socioeconómico, son dos principios fundamentales a tener en cuenta para comenzar a ser menos infelices.

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La losa del aburrimiento

Recurriendo a una cita del coach Jeff Haden, autor de una treintena de libros sobre la felicidad, el único motivo de que nos invada el aburrimiento y la infelicidad tiene que ver con que “nosotros mismos estamos dejando que esto suceda”. Hay un síntoma de depresión llamada anhedonia, por la que se deja de encontrar el interés o el placer en las cosas que antes sí nos entusiasmaban. Estar aburrido es casi una elección personal, por lo que es preciso propiciar los cambios necesarios y aprovechar las oportunidades que nos permitan salir y divertirnos.

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