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"No te hará perder el tiempo": el mejor jefe, el vago e inteligente

Las cualidades más valoradas para ocupar un cargo, con responsabilidad de mando y toma de decisiones en una empresa, están empezando a cambiar

Foto: Los jefes un tanto perezosos saben delegar mejor y sacarle el máximo rendimiento a su equipo. (Corbis)
Los jefes un tanto perezosos saben delegar mejor y sacarle el máximo rendimiento a su equipo. (Corbis)

El éxito o el fracaso de una organización empresarial depende en buena medida de sus trabajadores, sobre todo de aquellos cargos que cuentan con responsabilidades de mando y toma de decisiones. Entre las cualidades que más buscan los departamentos de recursos humanos en los empleados destaca la capacidad para trabajar en equipo, transmitir conocimientos, saber delegar o sacar lo mejor de sus subordinados.

Unas capacidades que no siempre reúnen, al contrario de lo que comúnmente se piensa, las personas más trabajadoras, entregadas, diligentes y fieles a la identidad corporativa o a sus superiores, según apunta el experto en management Shane Parrish. El autor del blog Farnam Street, reverenciado entre los círculos económicos y directivos, defiende, por el contrario, que los trabajadores más capacitados para ascender a jefes son aquellos que, además de inteligentes, son también vagos.

Saben qué es y qué no es prioritario, y hacen que sus subordinados se centren en las cuestiones claveUna apología que poco tiene que ver con el anarcoide ensayo del filósofo Paul Lafargue, Derecho a la pereza. Parrish justifica su elogio profesional de los vagos, siempre y cuando sean sobradamente competentes y con más preparación que la media, en el hecho de que “son mejores a la hora de delegar y confían más en sus subordinados”, pues evitan cargarse de más tareas que las estrictamente necesarias.

Sacando el mayor partido a la plantilla

Para el coach, los ‘vagos-inteligentes’ son una apuesta segura si lo que se quiere es aumentar la productividad. Perder el tiempo es algo que no va con ellos, por lo que nunca convocarán reuniones inútiles o prolongarán tareas improductivas. “Saben qué es y qué no es prioritario y hacen que sus subordinados se centren en las cuestiones clave”, añade Parrish. Se trata de "la pereza bien entendida", eso sí, ejercida por los jefes, no por los subordinados, matiza.

La mayoría de expertos en management coinciden en que los cuadros superiores de una organización empresarial deben saber cómo motivar a los empleados para darle un valor añadido a su trabajo y hacer que se sientan lo más a gusto posible en la empresa. Unas aptitudes mediante las que se consigue aumentar el rendimiento y compromiso del resto de la plantilla. Por otra parte, la autoridad no se gana automáticamente detentando poder, sino mediante el reconocimiento de los subordinados.

Los buenos líderes tienen que ser un tanto perezosos para poder dirigir a un equipo de la mejor forma posible, delegando y sacándoles lo mejor de síParrish explica que es un error promocionar al clásico trabajador diligente, pero de perfil bajo y que no cuestiona nunca a sus superiores, aunque tampoco confía en los que son demasiado ambiciosos. Los primeros, dice, son menos resolutivos y tienen menos capacidad para ayudar a sus empleados para que se desarrollen solos.

Se trata del tipo de jefe que piensa que si les enseña todo lo que sabe a los trabajadores que están por debajo de su escala podrán llegar a superarlo. Un “miedo irracional” que nunca tendrán los ‘vagos-inteligentes’, ya que aspiran a que sus subordinados hagan las tareas tan bien o mejor que ellos. En el segundo grupo de trabajadores que Parrish dudaría en ascender, se encuentran aquellos con un perfil alto y con demasiada ambición: pueden pisotear a otros miembros del equipo si los ven como competidores, al igual que boicotear una idea o trabajo de otro por el mero hecho de que no lleve su firma.

Nuevos entornos, nuevos perfiles

El desinterés por ascender que suelen tener los ‘vagos-inteligentes’, dice el coach, es positivo porque “se sienten con la libertad de arriesgar probando otras cosas e implantando estrategias innovadoras”. De este modo, Parrish sentencia que los buenos líderes tienen que ser un tanto perezosos para poder dirigir a un equipo de la mejor forma posible. Lo hacen en beneficio propio, sí, pero la organización también saldrá ganando, en términos de mayor rendimiento y eficacia, asegura.

Las tesis de este aclamado experto en management suelen chocar con algunos de los principios clásicos de esta modalidad. Sin embargo, también es cierto que las nuevas dinámicas del mercado laboral, debidas al actual contexto de crisis y de adaptación a los cambios del entorno (tecnológico y de consumo), han provocado que las empresas demanden nuevas competencias y actitudes a los jefes.

Un tanto de lo mismo sucede en el caso de los trabajadores, cuyas actitudes más valoradas para superar un proceso de selección ya no son las mismas que antaño. Eso sí, hay cosas que nunca cambian y, como reza la fórmula de Warren Buffett, “las tres cualidades imprescindibles de un trabajador son: inteligencia, energía e integridad. Si no poseen la última, no se molesten en comprobar que tienen las dos primeras”.

Alma, Corazón, Vida
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