UN HOMBRE, ASesinado POR ENVIIAR SMS EN EL CINE

La violencia extrema, hoy: matan a una chica por impedir una foto

Varios hechos de violencia extrema y gratuita ha coincidido en un breve espacio de tiempo, lo que evidencia graves problemas de fondo

Foto: La joven Kim Pham fue víctima de una brutal agresión por interrumpir a otro joven mientras realizaba una fotografía.
La joven Kim Pham fue víctima de una brutal agresión por interrumpir a otro joven mientras realizaba una fotografía.

Son malos tiempos para la convivencia, y este deterioro parece incluso más evidente fuera de nuestras fronteras. El pasado fin de semana, una joven californiana de 23 años fue agredida por un tres personas, según los testigos, tras pasar por delante de una de ellas, que se disponía a realizar una fotografía, y al que interrumpió la instantánea. El suceso derivó en una acalorada discusión, siempre según la versión ofrecida a la policía por los testigos, y ésta en una brutal agresión múltiple. La joven, llamada Kim Pham, murió tres días después en el hospital.

Unos días antes, un espectador de cine fue tiroteado en Florida por enviar mensajes con su teléfono móvil durante el visionado de la película, según informó la CNN. El patrón es siempre el mismo: alguien siente que le han causado una molestia (banal), se inicia una discusión por lo sucedido y a continuación se produce una agresión que, en muchos casos, tiene como resultado víctimas mortales. Estas noticias podrían quedarse en la simple anécdota pintoresca si no fuese porque no se trata de sucesos aislados. Tampoco es un fenómeno que sólo ocurre fuera de nuestras fronteras.

La Guardia Civil detuvo en un bar de Pontevedra a un hombre que intentó disparar con un arpón a otro cliente con el que discutióLa frustración es la antesala de los comportamientos antisociales que, en muchas ocasiones, pueden acabar derivando en violencia, tanto psicológica como física. La convivencia nunca ha sido fácil, pero en los últimos tiempos parece que se está deteriorando hasta límites insospechados. “Cuando las personas están cabreadas y frustradas tienden a perder más fácilmente los papeles y a manifestar conductas agresivas” (con formas muy dispares, como pudo ser el famoso fenómeno de los ‘babosoak’), según explicó la psicóloga Blanca Vázquez, fundadora y codirectora del Instituto Español de Agresión y Familia.

Bares y hospitales, la catarsis del descontento

El triunfo del individualismo y el hedonismo, junto a la falta de empatía social, son otros de los factores que psicólogos y sociólogos señalan como caldo de cultivo de la violencia, tanto psicológica como física. Basta con echar un vistazo a la prensa provincial para percatarse del aumento de noticias sobre graves agresiones físicas. Ayer mismo podíamos leer este titular en las páginas de La Voz de Galicia: 'Discute en un bar de Moraña, se va, vuelve vestido de buzo y dispara con un arpón'.

Las agresiones a médicos y guardas de seguridad en los hospitales son otra problemática que se ha colado en la agenda de los servicios de salud autonómicosLa recurrencia a la violencia extrema, a primera vista por cuestiones banales, está adquiriendo el grado de fenómeno social. En los bares, en los hospitales o en los institutos (generalmente por motivos homófobos en estos últimos). Ayer mismo, Europa Press informaba de la última agresión homófoba en un instituto de Gandía. Las agresiones a médicos y guardas de seguridad en los hospitales son otra problemática que se ha colado en la agenda de los servicios de salud autonómicos. El sindicato de enfermería Satse ha solicitado a algunos centros hospitalarios que “se tomen medidas para evitar las agresiones que sufren los trabajadores de una forma continuada”.

El último comunicado de denuncia, fechado hace una semana, iba dirigido a la dirección del hospital jiennense de Linares. La comunidad andaluza está preparando un Plan de Prevención y Atención para los profesionales del Servicio Sanitario Público compuesto de diferentes medidas de seguridad para proteger a los trabajadores sanitarios.

Una atmósfera amenazante

Las estadísticas demuestran que durante los períodos de crisis económica se incrementan los conflictos familiares, de pareja o sexuales. Como ya ha publicado este diario, desde el comienzo de la crisis, las denuncias y los delitos de violencia de género han aumentado de forma significativa en las provincias del sur de España, que es también donde se registran las mayores tasas de desempleo y empobrecimiento de la población.

Cada vez es más frecuente ver a lobos solitarios en terapiaEl respeto por las normas básicas de convivencia está cada vez más en entredicho. Basta con viajar en metro a hora punta o ponerse al volante en un atasco para percatarse que solemos perder los papeles con más facilidad que antaño. El contexto actual, en el que el desempleo, la precariedad y la inseguridad económica generan frustración y desencanto en una buena parte de la población, favorece las actitudes agresivas con el resto de mortales.

La presión académica o laboral también nos ha dejado tristes estampas, como el fenómeno de los universitarios chinos que envenenan a sus rivales más aventajados. Todo porque la universidad es el único reducto para escalar socialmente en el gigante asiático. Una vez más, se pone de manifiesto el delirio de las sociedades ultracompetitivas.

El ‘síndrome del lobo solitario’

Los cada vez más frenéticos ritmos de vida y los nuevos hábitos comunicativos y relacionales, debido a la generalización de las tecnologías digitales, han contribuido al aislamiento de una considerable parte de la población. Aunque parezca una paradoja, las nuevas tecnologías de la comunicación y la comunicación pueden hacer que las personas, reacias a adoptar estas nuevas dinámicas, se desconecten de la comunidad. Se trata de lo que el psicoterapeuta y escritor Luis Muiño denomina ‘síndrome del lobo solitario’.

“Cada vez es más frecuente ver a lobos solitarios en terapia”, asegura. Si uno carece de perfil en las redes sociales, ni hablar de no tener móvil, “de repente puede verse fuera de la sociedad”. Lo que en un principio comienza como una expresión de rechazo, de no querer formar parte del nuevo juego, acaba generando aislamiento “y luego no es fácil volver a reengancharse y socializar”, advierte el psicólogo. Cuando se consuma este extremo nace un verdadero problema en el que la empatía y la solidaridad con el prójimo, así como el entendimiento mutuo, se vuelven inviables. Una incapacidad que, en ocasiones, puede intentar paliarse mediante la violencia.

Alma, Corazón, Vida
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