LA ACOSADORA MODA DE LOS 'BABOSOAK'

"Si eres chica, sabes que van a intentar meterte mano en sanfermines sí o sí"

“La levantaron entre un grupo de varios chicos, le gritaron que les enseñase los pechos y ella se negó, pero no se podía zafar porque la

Foto: Agresiones sexuales en los Sanfermines (EFE)
Agresiones sexuales en los Sanfermines (EFE)
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“La levantaron entre un grupo de varios chicos, le gritaron que les enseñase los pechos y ella se negó, pero no se podía zafar porque la tenían agarrada por las piernas y la salpicaban continuamente con vino. Luego, comenzaron a acercársele un montón más de manos hasta que le acabaron rompiendo la camiseta por detrás. Mis amigos intentaron protegerla, pero la gente se seguía acercando igual para sobarla”. Así recuerda Estefanía Fonseca la rocambolesca escena que presenció el pasado sábado en la plaza Consistorial de Pamplona, momentos antes del lanzamiento del chupinazo que inauguró las fiestas de San Fermín (vea el álbum de fotos 'El lado sexista de la fiesta de San Fermín).

Más de 4.000 kilómetros separan la plaza de Tahrir de la Consistorial de Pamplona. Una distancia no solo física, sino también cultural y social. Quizá por ello, sólo los medios occidentales, incluidos los españoles, resaltaron con un tono de sorpresa en sus informaciones las decenas de agresiones sexuales producidas en la denominada ‘plaza de la Liberación’ durante las manifestaciones que derrocaron al presidente Morsi. Sin embargo, desde los últimos años se han sucedido escenas similares en fiestas patronales españolas, y no sólo en las de San Fermín, sin apenas provocar ningún interés mediático.

En las fiestas patronales de Sant Joan en Ciutadella (Menorca), por ejemplo, llegaron a producirse dos detenciones en 2011 por una supuesta agresión sexual en masa. “Un grupo de entre 15 y 20 personas me cogieron y me levantaron. Me empezaron a zarandear de un lado a otro con violencia y me pasaban de unos brazos a otros, mientras me metían las manos por dentro de los vaqueros y por debajo de la camiseta. Fue entonces cuando empezaron a intentar desvestirme con agresividad. Me rompieron la ropa interior, el sujetador y me dejaron la camiseta hecha jirones. Yo no paraba de gritar. Mis intentos por defenderme fueron inútiles. Se reían de mí. Fue una sensación horrible. No me dejaron hasta que se pasaron de unos a otros mi ropa interior, poniéndosela sobre la cabeza como trofeo. Me sentí impotente”, relata Maríauna de las tres jóvenes que denunció la agresión a la policía.

‘No to sexist aggression’, nuevo lema de los sanfermines

El fenómeno de las agresiones sexuales en grupo, aprovechando las aglomeraciones y el ambiente festivo en el que las normas sociales parecen desaparecer, no ha parado de crecer en los últimos años. Tanto es así que distintas organizaciones sociales de la capital navarra han realizado una campaña de denuncia sobre esta problemática y han habilitado un número de teléfono para atender las denuncias de las víctimas. Numerosas pancartas con los lemas ‘Babosoak, ez’ (babosos, no) y ‘No to sexist aggression’ (No a las agresiones machistasadornaban los balcones de las calles del centro de Pamplona.

Si eres chica, sabes que van a intentar meterte mano sí o sí

Ana, una joven de 30 años natural de una pequeña localidad al sur de Navarra, es una asidua a las fiestas de San Fermín desde su juventud. A ella no le han llamado la atención las imágenes machistas que ya se han hecho famosas en internet (la búsqueda del término ‘chupinazo’ en Google imágenes es una buena muestra de ello). Sin embargo, no es capaz de esconder su indignación sobre las dimensiones que está adquiriendo un fenómeno que, dice, lleva produciéndose toda la vida. “Si eres chica, sabes que van a intentar meterte mano sí o sí”, lamenta. Las aglomeraciones, el exceso de alcohol y la sensación del ‘todo vale’ durante estos días de desenfreno son algunos de los motivos que enumera para explicar la situación. “Es muy común que te toquen el culo y luego se aprovechen del anonimato que les ofrece la turba de gente para escabullirse. Entre mi grupo de amigas somos conscientes de que no podemos separarnos ni quedarnos solas. Yo un año me perdí, me puse a hablar con un grupo de chicos y acabaron acorralándome de malas maneras hasta que logré zafarme”, añade Ana.

La sensación de peligro tampoco se le escapó a Estefanía, que vivió el pasado fin de semana sus primeras fiestas de San Fermín: “En la plaza Consistorial sí se pasa miedo, aunque yo sabía que contaba con mis amigos para protegerme por si pasaba algo”. Para esta joven no era imaginable que se produjesen escenas de este tipo. “Yo entiendo que la gente esté de fiesta, y si a una chica le apetece subirse a hombros de alguien y enseñar los pechos pues allá ella. Pero que lo haga no significa que la gente de su alrededor tenga licencia para manosearla y abalanzarse sobre ella con total impunidad”.Levantarte la camiseta no significa que la gente de tu alrededor tenga licencia para manosearte

Para las jóvenes habituales de las fiestas de San Fermín no hay duda de que este tipo de agresiones vienen produciéndose desde hace varios años: “Nosotras los llamamos turbios”, explica Zuriñe, una joven arquitecta vasca que vivió los sanfermines durante sus años de universidad en Pamplona, para referirse a este tipo de agresores. “Siempre hay tocamientos, pero no creo que sea algo exclusivo de estas fiestas. Los ‘turbios’, como digo, los puedes sufrir en el metro o en cualquier otro tipo de aglomeraciones”, advierte esta joven entre la resignación y la indignación.

Influencia grupal, relajamiento de las normas y chicas extranjeras

Para la psicóloga Blanca Vázquez, cofundadora y codirectora del Instituto Español de Agresión y Familia, estas desagradables escenas son fruto del comportamiento grupal. “Los jóvenes se amparan en la masa para hacer algo que seguramente nunca se les ocurriría por iniciativa propia”. Además de la influencia grupal, Vázquez señala también el exceso de alcohol y la desinhibición durante los momentos de fiesta, en los que “las normas morales se relajan y se tiene la sensación de que todo está permitido”.Las normas morales se relajan y se tiene la sensación de que todo está permitido

Por otra parte, la psicóloga apunta a la frustración social de la gente, durante estos tiempos de crisis, para justificar el aumento en el número de agresiones sexuales: “Cuando las personas están más cabreadas y frustradas tienden a perder más fácilmente los papeles y a manifestar este tipo de conductas agresivas”. De hecho, las estadísticas demuestran que durante los períodos de crisis económica se generan muchos más conflictos familiares, de pareja o sexuales.

Las protagonistas de las fotografías más llamativas son, en su práctica totalidad, extranjeras. “Está claro que las chicas de aquí no se levantan la camiseta para enseñar los pechos, o al menos yo nunca lo he visto”, apunta Ana en consonancia con el resto de opiniones consultadas. Una peculiaridad que para Vázquez es muy importante a la hora de explicar este fenómeno. “Las personas que pertenecen a tu mismo ‘clan’, por así decirlo, son mucho más respetadas por los agresores que las forasteras”. Sin embargo, para la psicóloga no tiene lugar el debate sobre la provocación o el consentimiento o no de estas jóvenes, ya que “subirte la camiseta no quiere decir que estés dando el consentimiento para que te toquen los pechos”.

Las organizaciones sociales reclaman más medidas preventivas

Edurne es una joven periodista pamplonesa que dice no haber presenciado nunca ningún caso grave de agresión, pero reconoce que el peligro siempre está ahí. “Este año hay muchas más pancartas llamando la atención sobre las agresiones y en las redes sociales se ha tratado de concienciar a la gente sobre esta realidad. Cuando acaban las fiestas siempre se escuchan comentarios sobre las violaciones que ha habido, pero nunca sabes realmente qué alcance tiene este fenómeno”, explica, por lo que cree que es importante denunciar.Se montó mucho revuelo por el lío de la ikurriña que retrasó el chupinazo, pero a nadie le sorprendió el problema de las agresiones

En 2008, un hombre de 33 años fue condenado a un año de prisión como autor de un delito de abusos sexuales, en grado de tentativa, cometido contra una chica de 29 años en sanfermines cuando esta se encontraba "completamente inconsciente", por la ingesta de alcohol. El pasado año se celebró un juicio por una denuncia similar, aunque en este caso el juez no determinó acoso sexual, solamente agresión física.

Desde las plataformas Mujeres contra la Violencia Sexista y Gora Iruñea! se han planteado una serie de propuestas al ayuntamiento de la ciudad para que se tomen “medidas preventivas, de intervención y asistencia". Entre ellas, incluir en el programa oficial de las fiestas un mensaje claro contra todo tipo de agresiones sexistas, una campaña de sensibilización antiagresiones de este tipo antes de sanfermines o cursos de autodefensa para mujeres. Además, han organizado talleres de prevención de violencia contra las mujeres o un mapa con los puntos negros de la ciudad.

 

El debate sobre la necesidad de tomar cartas en el asunto no ha parado durante los últimos días. Para Edurne sería necesario implantar medidas disuasorias “porque a este problema no se le da importancia que realmente tiene”. En este mismo sentido se manifiesta Estefanía: “Se montó un grave revuelo a nivel mediático y social por el problema de la ikurriña que impidió el lanzamiento del chupinazo a su hora exacta. Sin embargo, a nadie parece sorprenderle el tema de los acosos sexuales”. Para muestra, el beso que un joven le espetó a una reportera televisiva en plena emisión en directo. Sus compañeros en el estudio no condenaron el gesto en ningún momento.

Entre las medidas que propone Blanca Vázquez para frenar las agresiones se encuentra “la colocación de cámaras de vigilancia, que son muy disuasorias, aunque también tienen el problema de que chocan contra la intimidad”. Asimismo, cree que es importante mantener bien iluminadas todas las calles de la ciudad, dar a conocer unas pautas básicas preventivas a las jóvenes (nunca quedarse solas, no irse con desconocidos o evitar las zonas poco transitadas) y, sobre todo, “mucha más educación”, recalca la psicóloga.

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