CUANDO EL ARTE DE VANGUARDIA TE AYUDA A VIVIR

El nuevo ‘cool’: cómo descubrirnos a nosotros mismos (mirando una pared)

La visita de Brian Eno a nuesto país nos hace preguntarnos si el arte de vanguardia no busca lo mismo que la autoayuda: hacernos sentir mejor

Foto: David Lynch, la autoayuda y Brian Eno comparten ideas semejantes sobre el hombre moderno. (Efe/Corbis/Efe)
David Lynch, la autoayuda y Brian Eno comparten ideas semejantes sobre el hombre moderno. (Efe/Corbis/Efe)

El pasado jueves, Brian Eno impartió una charla en La Casa Encendida en la que explicó el proceso que le había conducido a crear su última instalación artística, 77 millones de pinturas, actualmente en exposición en Alcalá 31.

Después de una hora y media en la que el polifacético músico y productor explicó el largo proceso vital y artístico que había concluido en dicha obra, de su primera experiencia audiovisual con una película de Mickey Mouse proyectada en 8 milímetros a su trabajo en la ópera de Sidney, el padre del ambient alumbró una peculiar teoría antropológica para explicar por qué su arte gusta a la gente.

“Los espectadores suelen relajarse cuando entran en la instalación”. Eno explicó la historia de un trabajador de clase alta que, durante las seis semanas que duró su exposición en Londres, acudía cada jornada a devorar su almuerzo en la instalación, que tiene la virtud de “no exigir nada al espectador”. El arte visual de Eno parece cumplir una función terapéutica que no se encuentra tan alejada de lo que otras disciplinas (psicología, sociología, pero también urbanismo o arquitectura) se han propuesto en el albor del siglo XXI: hacer que el hombre se sienta un poco mejor.

La meditación es cosa de la vanguardia

“Ofrezco la oportunidad de detenernos y ser nosotros mismos durante un rato”, añade Eno. ¿A alguien le suena? Efectivamente, suena sospechosamente parecido a lo que los defensores de la meditación sugieren que esta puede hacer, sólo que, en apariencia, desprovisto de la trascendencia que suele ir de la mano de las filosofías orientales.

En la categoría de la 'rendición', Eno clasifica el sexo, el arte, la religión y las drogasSegún la teoría de Eno, el hombre se mueve entre el impulso de control y el impulso de rendición (“surrender”). El ser humano moderno ha orientado su proyecto vital a controlar todos los aspectos posibles de la vida, y de ahí la preponderancia de la tecnología desde el siglo XVIII en la cultura humana. Pero, en opinión de Eno, los antropólogos están equivocados y el hombre no está diseñado únicamente para permanecer en constante alerta y ofrecer respuestas de huida o lucha que nos agotan, sino también, para aceptar el mundo como es, algo que hizo durante milenios.

¿En qué consiste esta rendición? Básicamente, en integrarse en el mundo en el que vivimos y aceptar que quizá un león pueda venir mañana a devorarnos. “En la mayor parte de la historia humana hay un reconocimiento de que hay que seguir la corriente, no luchar contra ella”, ha explicado Eno. Algo que recuerda poderosamente a la idea de unidad universal y la necesidad de escaparse de los deseos que preconiza el budismo, si bien, Eno considera que esta rendición es un proceso activo.

Cómo descubrirnos a nosotros mismos (mirando una pared)

En la categoría de la rendición, Eno clasifica todas las cosas “que nos gustan”. A saber: el sexo, el arte, la religión y las drogas, que muchas veces van de la mano juntas. Como recuerda, en la sociedad occidental, el arte y la religión fueron indivisibles durante siglos, mientras que en Sudamérica las drogas y la religión han mantenido un estrecho vínculo.

La meditación, explican sus defensores, nos permite ser mejores personasSi durante el siglo XX el arte pretendía “cogerte por las solapas, sacudirte y cambiar tu vida”, el del siglo XXI debería ayudar al urbanita moderno a encontrar lugares donde pueda escaparse del frenesí cotidiano. “Mucha gente que dejaba mensajes en el libro de visitas se lamentaba de que no hubiese un lugar así siempre a su disposición”, explicó Eno, a la sazón creador del concepto del quiet bar, ese lugar donde “no ocurre nada”.

La expresión del artista no importa tanto como crear un lugar que pueda dar lugar a la introspección del espectador, auténtico performer de la obra. Gran parte de la vanguardia de las últimas décadas, pasando por el minimalismo o la música new age, ha buscado cumplir esa función secundaria en la que el contenido no es lo importante, ni siquiera la forma.  

A la autoayuda por el arte

Hace un par de meses, el director de cine David Lynch, bastante más proselitista que Eno, explicaba en una conferencia impartida en Getafe que “el estrés, el miedo y la furia se extinguen” dedicando un pequeño porcentaje de nuestro tiempo a la meditación. De esa manera, seremos mejores personas.

Este tipo de experiencias nos permiten escapar de la perniciosa multitareaLo que Eno explica sobre su arte y Lynch defiende sobre la meditación se encuentra en sintonía con lo que la literatura de autoayuda, destinada a un público mucho más masivo, ha defendido durante las últimas décadas. El ser humano ha perdido su vieja relación con la naturaleza y ha sido abandonado a un mundo de estrés y de avances tecnológicos que, paradójicamente, nos han hecho infelices y parecen haber embotado sus sentidos.

La meditación, el tai chi o la visita a una instalación como la de Eno son, pues, herramientas que permiten al hombre contemporáneo conectar con su inconsciente, su propia creatividad o, simplemente, desconectarlo del flujo de la vida contemporánea. El tan de moda mindfulness se basa en disfrutar del momento presente a través de la atención plena, evitando la multitarea que, como muchos psicólogos nos recuerdan, ha limitado nuestra capacidad de atención.

Una necesidad contemporánea

¿Dónde llegaremos si conseguimos recuperar esa parte de “rendición” que perdimos queriéndolo controlar todo? A un lugar cercano al de aquel flujo (flow) del que ha hablado el psicólogo Mihaly Csikszentmihályi desde los años setenta, y en el cual, la acción y la consciencia se fusionan, permitiéndonos actuar al máximo de nuestras capacidades. Una sensación que muchos han considerado una conexión con lo divino, como aseguró Ayrton Senna después de su célebre carrera en Mónaco en 1988. Al propio Eno le gusta hablar de los surfistas para ilustrar ese estado de conciencia en el que la rendición toma el mando.

Trascendente o terrenal, producto de la evolución o de nuestra propia biología, una cosa está clara: el hombre moderno cada vez siente una mayor necesidad de abandonar el trepidante ritmo del mundo contemporáneo y sentirse un poco mejor. La autoayuda y cierto arte de vanguardia, en apariencia tan irreconciliables, parecen haberse propuesto echarnos un cable para que lo consigamos.

Alma, Corazón, Vida
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