Brian Eno mete a Ignacio González en la máquina del tiempo
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EL MÚSICO PRESENTA SU INSTALACIÓN MADRILEÑA

Brian Eno mete a Ignacio González en la máquina del tiempo

El músico y artista británico, icono del arte experimental, presenta una instalación que cambia constantemente de aspecto y nunca se repite

Foto: Brian Eno e Ignacio González, ayer, en Madrid (EFE)
Brian Eno e Ignacio González, ayer, en Madrid (EFE)

Se abre el telón y aparecen Brian Eno e Ignacio González sentados en un sofá de una habitación a oscuras. Suena una inquietante música ambient. Eno y González, que están riendo, llevan ahí dentro exactamente 1 millón de años.¿Cómo se llama la instalación? 77 millones de pinturas...

Brian Eno -icono del arte experimental, músico (de Roxy Music a la creación del ambient) y productor británico (U2, David Bowie) presentó ayer en Madrid una de esas instalaciones bucle marca de la casa . A su vera, Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, en uno de sus primeros actos públicos tras la volatización de Eurovegas. A falta de casinos, arte conceptual (que se dice pronto).

El reto es explicar qué es 77 millones de pinturas, expuestaen la sala de exposiciones de la CAM (Alcalá, 31). Podemos intentarlo vía conceptos: Música visual, paisaje de sonido e imágenes en evolución, software generativo, obra mutante. ¿Aclarado?

Podemos intentarlo también con una descripción objetiva: 12 monitores de pantalla plana proyectan millones de combinaciones aleatorias de 300 elementos visuales y sonoros. ¿Se entiende?

placeholder 77 millones de combinaciones de música e imagen

Y hasta podemos intentarlo con las palabras escritas por Eno para explicar su obra: "Si se entiende la música como una forma en movimiento, una forma cambiante, y la pintura como una forma inmóvil, lo que pretendo hacer es crear una música muy apacible y pinturas en movimiento. Intento encontrar el lugar en el que se crucen ambas formas en elespacio. ¿Cuál es el lugar entre estas dos formas? ¿Cómo suena la música inmóvil y cómo se mueven las pinturas en movimiento?". Aclarado, pues.

El arte de lo infinito

Por último, podemos ponernos prosaicos del todo y decir que Madrid encargó una obra a Brian Eno y el artista británico ha entregado infinitas obras (en un gestotípicodel rey del loop musical). No parece mal negocio, ¿no?

En efecto, 77 millones de pinturas cambia imperceptiblemente cada pocos segundos. Nunca se repite y nunca es igual que la vez anterior. El sonido del tiempo (tick, tack, tick, tack) es clave aquí como metáfora del paso del tiempo. Eno lo explicó ayer así en rueda de prensa:

Ofrezco la oportunidad de detenernos y dejar de ser nosotros mismos. Ver algo que no ha ocurrido antes y no va a ocurrir después

"Los espectadores suelen relajarse cuando entran en la instalación. Algunos se quedan quietos. Otros permanecen varias horas dentro. No hay narrativa. Ni principio ni fin. Todo transcurre con mucha lentitud. Ofrezco la oportunidad de detenernos y dejar de ser nosotros mismos por un rato. Ver algo que no ha ocurrido antes y no va a ocurrir después. Observar un momento único que no se puede atrapar. Un momento que pasará... como cualquier otro momento de lavida. Hay que dejarse llevar y no tratar de capturar el momento,como tanto nos gusta hacer".

Ya puestos, Eno aprovechópara aclarar un malentendido habitual: él fue artista antes que músico, pese a que solemos recordar el camino inverso. Su saltode la escuela de arte al rock se produjo de un modo natural: elestudiante de arte metido a rockero es un clásico de la tradición británica. "La primera pieza que hice con luz en la escuela de arte fue muy sencilla:aún no existía la tecnología adecuada", recordó. Corría el año 1965 y Eno tenía 17 años.

El músico tuvo que esperar hasta finales de los setenta, con la popularización del vídeo, para encontrar el formato adecuado para plasmar sus ideas. "Primero empecé a desarrollar una nueva forma musical casi inmóvil; parecida, por tanto, a la pintura. Luego comencéa trabajar con la pintura en movimiento. Música que permanecía quietay pintura que se movía. Sigo buscando ese lugar de encuentro", recordó.

Pese a su condición de gurú de las infinitas posibilidades del arte contemporáneo, quizás Eno nunca habría imaginado que acabaría "dejándose llevar" en su instalación junto a Ignacio González (y una turbamulta de periodistas agazapados a los lados). Los dos prohombres se sentaronen un sofá frente a una proyección con aspecto de vidriera. Y a volar. En una habitación a oscuras, repetimos, con ambient inquietante.

Eno procedió a susurrar a González el significado profundo de su instalación (también había una traductora en cuclillas, pero no queremos romper la magia conceptual del momento). No sabemos qué le dijo, pero González río a gusto.

Puede que el chiste tenga relación con lo que Eno contó después a la prensa: "Necesitaríaspermanecer un millónde añosdentro de la sala para ver lo mismo dos veces". En efecto, la idea de Brian Eno e Ignacio González atrapados para siempre en una instalación de videoarte bascula entre el bromazo conceptual y la fantasía de terrorde unBorges o unBallard. Olas infinitas posibilidades del arte contemporáneo entrando en bucle absurdo.

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