A FONDO: CÓMO LOS PARTIDOS OPRIMEN A SUS JÓVENES II

“Yo quiero ser diputado y lo voy a ser antes que tú”

(Segunda parte del reportaje, «Cómo los partidos oprimen a sus jóvenes». Puede leer aquí la primera parte del mismo. Foto de portada: 'Un joven militante de

Autor
Tags
    Tiempo de lectura13 min

    (Segunda parte del reportaje, «Cómo los partidos oprimen a sus jóvenes». Puede leer aquí la primera parte del mismo. Foto de portada: 'Un joven militante de NNGG en un evento del PP valenciano'. PPCV / Creative Commons).

    Hay una anécdota que se suele contar en los círculos políticos para explicar cómo funcionan los partidos. Es la historia de un inexperto diputado conservador británico que se sentó al lado de Winston Churchill el primer día que acudía a la Cámara de los Comunes. Éste le comentó a su líder, señalando con el dedo la bancada de los laboristas: “Qué alegría, estar aquí a su lado, con el enemigo enfrente”. Churchill, que siempre tenía una respuesta para todo, le contestó enseguida: “No se confunda, joven, los que tiene usted enfrente son los laboristas, que son sus adversarios. Los enemigos los tiene usted aquí detrás, en su propio partido”.

    Para los jóvenes de hoy en día el asunto es aún más complicado. No sólo tienen que enfrentarse a los “enemigos” de su propio partido, también tienen que dar la cara ante sus amigos, sus compañeros de trabajo e, incluso, su familia, que no entienden cómo alguien puede dedicarse a la política con la que está cayendo. No es fácil defender a unos partidos políticos tan denostados, máxime cuando, en muchas ocasiones, ni siquiera estás de acuerdo con las decisiones que toman las cúpulas. Es un dilema con el que tiene que convivir día a día un joven político. Y no es fácil.  

     “Algunas veces me he sentido atrezzo

    ¿Cómo se asciende en política? Pablo es claro al respecto: “Hay gente que está porque es válida y se lo curra, pero hay mucha otra que está a dedazo. Porque es más controlable o porque te haya hecho favores”. Y la realidad es que esta gente es la que suele imponer sus criterios. La divergencia en los partidos, reconoce Pablo, no suele ser ideológica, sino sistémica, y gana el que más amigos tenga: “La heterogeneidad en un partido no debería ser negativa si fuera una cuestión ideológica. Dentro del PSOE hay dos grandes grupos ideológicos, los socialdemócratas por un lado, los que nos consideramos más socialistas por otro. Si fuera ese debate, no sería malo, pues se pelearía por unas propuestas u otras. Pero no suele ser así. El debate es “yo quiero ser diputado y lo voy a ser antes que tú”. Eso es lo que no me gusta. No pasa tampoco a nivel general, pero se dan casos. Prima más llegar al sillón que la idea que quieras desarrollar en ese sillón, o lo que quieras cambiar desde ese sillón”.

    En todas estas luchas internas de los partidos políticos las juventudes juegan un papel importante, en la medida en que son una pasarela privilegiada para entrar en política. Y como tal, están llenas del tipo de gente que se preocupa más por lograr un puesto que por cambiar las cosas. El problema llega, y llega siempre, cuando esta gente se organiza y deja fuera a los jóvenes que, en todos los partidos, sí tienen un entusiasmo real por la política. Pablo admite que las juventudes pueden servir para promocionar a gente que no es del todo valida: “Hay casos de gente que tiene un puesto sólo porque ha estado ahí haciendo de groupie. Has estado en todos los actos y te han conocido. Aunque no tienes las mejores cualidades para ostentar el cargo que sea, lo tienes por la visibilidad que has tenido”.

    Y el partido entra en ese juego. Sólo hay que ver las famosas “gradas jóvenes”, que se colocan detrás del líder de turno en los mítines, para que aparezca rodeado de caras joviales y entusiastas. “Yo algunas veces me he sentido atrezzo”, reconoce Pablo. Por eso tanto él, como Irene, se niegan ya a participar de esa farsa. Pero son prácticamente los únicos. “Fuimos a Vitoria a un mitin de Patxi y solo fuimos 4 o 5 los que decidimos no sentarnos en la grada joven”, cuenta Irene. “Es por principios, no por no querer salir. Yo no voy a Euskadi a que me graben, ni a que me saquen detrás de Rubalcaba”.

    Las juventudes sirven como filtro a las cúpulas, para seleccionar a su antojo a los militantes que cumplan con los requisitos de las mayorías dominantesEstas dinámicas que rigen los partidos son, precisamente, las que costriñen a los jóvenes con ideales, los que están realmente interesados en cambiar las cosas. El profesor Rafael Pietro Lacaci, doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, ha dedicado gran parte de su trabajo al asociacionismo de los jóvenes y la participación de éstos en política, y ha llegado a descorazonadoras conclusiones. En su opinión, las juventudes sirven como filtro a las cúpulas, para seleccionar a su antojo a los militantes que cumplan con los requisitos de las mayorías dominantes, y si hay divergencias, estas se anulan. “En numerosas ocasiones las organizaciones se desmadran”, comenta el sociólogo, “porque no siempre están de acuerdo con los jefes. Siempre se ha tenido que sacar el látigo y poner orden en muchos temas”.

    Tampoco importa. Al final, cuenta Pietro, “hay muchos filtros posteriores y sólo llega arriba la gente de confianza”. En su opinión, las cúpulas de los partidos están alejadas de la realidad, y los jóvenes tienen que encajar en la burocracia del partido si quieren llegar a algo: “No es que las cúpulas no sean democráticas, pero se rigen por intereses personales que ya se conocían cuando se seleccionó a la gente para estar ahí. Están formadas por gente del aparato, funcionarios que se dedican a la vida pública. No se mueven por ideales y tienen los pies en el suelo. Los partidos hacen prevalecer los intereses del aparato o, más bien, del grupo que domina el aparato”.

    Los partidos se mueven en función de los intereses de las distintas familias políticas, que invitan a los jóvenes a participar en sus enfrentamientos. “Hay grupos y subgrupos, sectas y subsectas, que tratan de ganar territorio”, explica Pietro. “A todo esto le dan nombres vendibles, ‘alternativa no se qué’, pero lo que se esconde detrás es un grupo de personas que comparten intereses y se defienden entre ellos”. 

    Esto hace que los partidos, como comenta Marta, acaben alejándose de los problemas que realmente importan a la ciudadanía: “Muchas veces se da prioridad al debate interno sobre la actividad externa. Pierdes un poco el análisis de la realidad. Estás con gente que tiene el mismo discurso y te alejas de la realidad material de las personas”.

    (Página 2 de 3) 

    “¿Estás en un partido? ¡Si eso no sirve para nada!”

    A la mayoría de los veinteañeros que militan en un partido les ocurre lo mismo. Preocuparse activamente por la política es ser casi un apestado. No hay nada peor visto. Si estás en una asamblea del 15-M tienes suerte. Tus amistades se limitarán a llamarte perroflauta, un término que puede entenderse casi de forma cariñosa. Pero si militas en un gran partido puedes ir preparándote para la incomprensión y, en el peor de los casos, el insulto.

    Carolina Galais, doctora en ciencias políticas, ha atendido a El Confidencial desde Montreal (Canadá), donde trabaja en una cátedra de investigación de estudios electorales. A lo largo de su carrera ha analizado ampliamente el comportamiento de los jóvenes, y es clara al respecto: “No todo el mundo quiere participar en política. Una mayoría de jóvenes están defraudados y quieren más responsabilidad, más justicia, más democracia... Pero sólo unos pocos quieren realmente asumir los deberes y responsabilidades ligados al rol de ser decisor público”.

    Y este rol tiene un coste. Que se lo pregunten a Pablo e Irene. Ya no saben ni cómo expresar la rabia que sienten cuando acuden a manifestaciones o reparten propaganda. “A mí me tienen que sujetar”, reconoce Pablo. Desde el estallido del 15-M ser del PSOE no está bien visto entre la izquierda. Irene reconoce que no lo lleva nada bien. El discurso de que “todos los políticos son iguales” les repatea. Y se lo tienen que tragar a diario. “Cuando sueltan lo del PPSOE [una expresión acuñada por el 15-M para dar cuenta de que PP y PSOE hacen políticas similares] digo siempre lo mismo”, cuenta Pablo. “Por favor, saca el rojímetro. Vamos a medir quién es más rojo”.

    El PP tiene un estigma social que no se corresponde con su apoyo en las urnasPara los jóvenes militantes del PP, la situación es igual de incómoda. Un colaborador del entorno popular, que al igual que Carlos prefiere permanecer en el anonimato, es claro al respecto: “Existe cierta agresividad hacia los jóvenes que se puedan sentir de derechas o del PP. Por eso los cuadros no son representativos. El PP tiene un estigma social que no se corresponde con su apoyo en las urnas. Cuando tienes una sociedad en contra, solo viene gente de sitios donde el pensamiento es homogéneo. A las NNGG de Madrid solo acuden jóvenes de los barrios pijos. No es que se expulse al resto, es que no llegan. Y el perfil del militante del PP es muy claro. Esto es un grave problema para un partido que intenta quitarse la imagen de pijo. Ningún partido puede sustentarse en un perfil tan concreto”.

    (Página 3 de 3)

    Suspenso en política

    ¿Por qué en España están tal mal vistos los políticos? Está claro que han cometido numerosos errores, que ha habido muchos casos de corrupción (principalmente a nivel local), y que los partidos se han cerrado en banda a la sociedad, pero en España el discurso antipolítico ha calado más que en ningún sitio. Muchos jóvenes se niegan a ver una alternativa y, simplemente, se limitan a quejarse en las redes sociales y, como mucho, a acudir de vez en cuando a una manifestación. Otros, los menos, optan por las formas de participación “no convencional”, al margen de los partidos.

    Los movimientos sociales alternativos no exigen mantener una postura ideológica coherente o dar la cara ante unos compañerosEl éxito de movimientos sociales como el 15-M entre los jóvenes reside en su carácter flexible, pero de ahí, según Galais, surgen también sus debilidades: “La organización de plataformas por temas concretos permite una militancia intermitente, asumir en un momento particular costes de participación elevadísimos, como formar parte de una manifestación no autorizada, para desactivarse inmediatamente después, sin dejar rastro de la adhesión al movimiento. Esto facilita mucho la participación juvenil porque no compromete tanto el tiempo libre, ni siquiera exige mantener una postura ideológica coherente o dar la cara ante unos compañeros. En la parte menos positiva, no permite una “socialización” en los principios del movimiento a sus posibles bases, puesto que no hay un contacto regular con los individuos, y tampoco una reflexión o profundización en las ideas. Estos movimientos convierten estas debilidades en oportunidades, se sacuden de encima etiquetas como “izquierdas” para poder tener una base lo más amplia posible, y convocar así miles de ciudadanos en un momento dado, a costa de la vaguedad ideológica”.

    Para Simón hay una razón principal por la que la mayoría de los jóvenes huyen de la participación política convencional. Simplemente, no saben para qué sirve, ni cómo funciona, ni en qué consiste: “Lo cierto es que los jóvenes han terminado siendo unos completos analfabetos políticos. Si haces una ronda básica entre jóvenes universitarios no sé si muchos sabrían diferenciar un sistema parlamentario de uno presidencialista o las funciones de nuestro Tribunal Supremo o del Constitucional. Cualquier chico que salga de nuestras escuelas debería saber algunos rudimentos tan básicos como éstos”. Pero no los conocen. La realidad es que, como apunta Marta, “la política es siempre un tema de actualidad, pero el conocimiento real sobre lo político es bastante escaso. Enfrentarse a ello es complicado. Nadie te hablaría de medicina sin saberse experto en medicina, pero sí de política”.

    Dado que los jóvenes se abstienen más que el resto, a efectos políticos valen menosY esto tiene, según Simón, un claro efecto en las urnas: “Si nos fijamos en el derecho político más importante (y también más barato) que tenemos, el voto, los jóvenes tienen una tendencia importante a la abstención o al voto en blanco. Y, paradójicamente, eso no es un problema si todos los tramos de edad se abstuvieran en la misma medida, pero dado que los jóvenes lo hacen más que el resto, a efectos políticos valen menos, porque esto hace que se hagan menos políticas públicas para intentar atraer tus simpatías”.

    Los jóvenes, en definitiva, no son rentables para los partidos. Y tal como funcionan las cosas, éstos no se van a preocupar en absoluto por hacer políticas que les beneficien. Más bien todo lo contrario. Según Simón, teniendo en cuenta que la población española está cada vez más envejecida, los políticos preferirán beneficiar a los pensionistas y a los asalariados, que a unos jóvenes que, en cualquier caso, prefieren quedarse en casa el día de las elecciones. Lo cierto es que, tal como comenta Irene visiblemente enfadada, la juventud no se interesa por lo que pasa, pero van a acabar interesándose a la fuerza: “Ahora como les suben el abono y las tasas que flipas, y hay huelga todos los días, se están enterando”.

    Si hay algo que molesta entre los jóvenes que militan en todos los partidos políticos es la abstención, que parece ser la opción que más convence a la mayoría de su generación. Según la última encuesta del CIS, sólo la mitad de los jóvenes cree que votar “es una obligación moral” y el interés sobre cualquier asunto político es muy reducido: más del 60% reconoce que nunca o raramente hablan de política con sus amigos.

    Si toda esa gente se pusiera de acuerdo para votar a un partido minoritario ganaba las elecciones“En Madrid el PP gana con 1.400.000 votos”, comenta Pablo. “La abstención es de millón y medio. Si toda esa gente se pusiera de acuerdo para votar a un partido minoritario ganaba las elecciones. ¿Por qué no se organizan? Es la posición más cómoda”. Él parece estar dispuesto a organizarse para cambiar las cosas. Otra cosa es que le dejen.

    La conversación finaliza y abandonamos el local de la agrupación. En la entrada hay una pequeña barra donde hay un grupo de gente mayor tomando cervezas. “¿Son militantes?”, pregunto. “No”, contesta Pablo, “vienen porque es barato, pero la mayoría es de derechas”. La política está llena de paradojas.

    Alma, Corazón, Vida
    Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
    18 comentarios
    Por FechaMejor Valorados
    Mostrar más comentarios