AVANCES CIENTÍFICOS PARA SORTEAR LA VEJEZ

Cómo vivir más de 100 años

Desde que el hombre es hombre ha tratado de encontrar el elixir de la eterna juventud. Todos los intentos han fracasado, pero la ciencia sigue avanzando

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Cómo vivir más de 100 años
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    Desde que el hombre es hombre ha tratado de encontrar el elixir de la eterna juventud. Todos los intentos han fracasado, pero la ciencia sigue avanzando en la comprensión de la vejez. Hoy en día sabemos cómo pasan los años por nuestro cuerpo, conocemos las enfermedades asociadas con la senectud y hemos estudiado, con bastante precisión, que mecanismos genéticos desencadenan el deterioro físico. Todo esto no basta para burlar a la muerte, y puede que la inmortalidad sea un sueño inalcanzable, pero la ciencia ha encontrado prácticas y condicionantes que pueden, o podrían, alargar nuestra vida.

    Durante el siglo pasado, la esperanza de vida media aumentó en tres décadas, y llegar a cumplir 100 años está dejando de ser algo extraordinario en muchos países. ¿Qué avances científicos podrían ayudarnos en nuestra sempiterna lucha contra el paso del tiempo? Estas son las principales vías de investigación a través de las cuales se podría encontrar la clave para que la tercera edad no sea la última estación de nuestro viaje vital.

    Acabando con las células envejecidas

    Las células agotadas dañan a sus compañeras en buen estado, y causan inflamación en los tejidosLas células de nuestro cuerpo nacen, viven, se reproducen y mueren, pero llega un momento en el que el reemplazo no llega. Según se descubrió hace ya cinco décadas, nuestras células tienen un número limitado de divisiones, pasado el cual permanecen en una especie de limbo biológico –conocido como “senectud celular– en el que ni mueren, ni se multiplican. Este estado celular es un factor determinante para la aparición de numerosas afecciones relacionadas con la vejez, pues las células agotadas dañan a sus compañeras en buen estado, y causan inflamación en los tejidos. La investigación sobre estas células ha sido intensa. Se sabe que están relacionados con algunas enfermedades propias de la vejez y con numerosas disfunciones, pero es difícil su estudio pues su presencia no llega al 15% de media en una persona anciana.

    Pero, ¿habría alguna manera de sustituir las células envejecidas antes de que sea demasiado tarde? Muchos científicos creen que sí, y de hecho, ha habido experimentos en ratones con resultados satisfactorios. El último gran hallazgo al respecto se publicó el pasado noviembre. Investigadores de la clínica Mayo lograron eliminar las células envejecidas en ratones mediante un fármaco que atacaba selectivamente a las mismas. La eliminación de células senescentes retrasó la aparición de trastornos relacionados con la edad tales como las cataratas, la pérdida de masa muscular y la aparición de debilidad general, y redujo la progresión de estas dolencias en ratones ya viejos.

    El doctor James Kirkland, autor principal del estudio, fue claro al respecto: “Al atacar estas células y evitar sus efectos, un día seremos capaces de romper el vínculo entre el envejecimiento y la predisposición a padecer enfermedades cardiacas, infartos, cáncer y demencia”.

    La epigenética, y cómo la dieta de nuestros padres puede determinar nuestra salud

    La dieta podría tener un impacto no sólo en el propio individuo, sino también en la salud de su descendenciaSe dice popularmente que “somos lo que comemos”, pero investigaciones recientes creen que el refrán debería ampliarse: podríamos ser también “lo que comen nuestros padres”. Y nuestros abuelos. Un estudio en ratones, presentado en 2010, indicaba que la dieta, y las toxinas asociadas a esta, podría tener un impacto no sólo en el propio individuo, sino también en la salud de su descendencia. El estudio sometió a ratas embarazadas a una dieta de alto contenido graso que provocó un significativo aumento del riesgo de padecer cáncer de mama no sólo entre los hijas, sino también entre las nietas.

    Este estudio se enmarca en el campo de la epigenética, simplificado y, a grandes rasgos, el estudio de los cambios genéticos que se heredan sin un cambio en la secuencia de nucleótidos, es decir, debido a factores externos. La epigenética es uno de los grandes campos de estudio de la actualidad, y podría tener numerosas implicaciones para entender por qué hay personas que envejecen peor que otras, o son más propensas a padecer ciertas enfermedades.

    Una dieta restrictiva para vivir 20 años más

    Si reduces la dieta de una rata en un 40%, vivirá un 20 o 30 por ciento más. En términos humanos, unos 20 añosDiversas investigaciones con animales han mostrado que una reducción drástica en la ingesta de calorías retrasa significativamente el envejecimiento. Los efectos de una dieta muy restrictiva todavía deben ser demostrados en humanos, pero en ratones sus efectos han sido comprobados en varias ocasiones. Matthew Piper, del Instituto de Salud y Envejecimiento de la Universidad de Londres, fue claro al respecto durante la Exhibición de Verano de Ciencia de la Royal School: “Si reduces la dieta de una rata en un 40%, vivirá un 20 o 30 por ciento más. En términos humanos, unos 20 años. Esto se ha comprobado en todo tipo de organismos”.

    Los estudios muestran como los animales de laboratorio llegan a vivir casi el doble cuando se les restringe en un 30% el aporte calórico medio de cada especie. Los resultados han sido similares al experimentar con ratones, moscas de la fruta y el Caenorhabditis elegans –una especie muy usada en las investigaciones de biología–.  Se cree que la restricción de la dieta logra retrasar el envejecimiento debido al descenso de la tasa metabólica, que a su vez reduce la frecuencia de aparición de enfermedades relacionadas con la edad gracias a que nuestro cuerpo produce de forma natural menos “radicales libres”.

    Proteínas relacionadas con la longevidad

    En la última década los investigadores han identificado diversas proteínas que están asociadas a una mayor longevidad. Los científicos siguen trabajando para extrapolar los resultados, en su mayoría obtenidos en estudios con su gusano favorito, el Caenorhabditis elegans, y comprobar su incidencia en el ser humano.

    Uno de los estudios más reveladores, publicado en 2010 en el Journal of Biological Chemistry, asegura que unas proteínas, conocidas como arrestinas, regulan de forma directa la longevidad. Tal como explica el estudio, los gusanos que nacieron sin arrestinas vivieron un tercio más de lo habitual, sin embargo, aquellos con un nivel más alto de éstas vivieron cerca de un tercio menos. Otra proteína que podría estar relacionada con la longevidad es el “factor de crecimiento insulínico”, cuya disminución de actividad se ha asociado a una mayor esperanza de vida en gusanos, ratones y moscas de la fruta. Investigaciones posteriores nos dirán si estos resultados son extrapolables al ser humano y en qué medida pueden derivar en aplicaciones médicas útiles para prevenir el envejecimiento. 

    Condicionantes sociales que se relacionan con una mayor longevidad

    Puede que vivir de forma relajada y contemplativa sea más placentero pero, según un estudio estadístico, no es lo mejor para llegar a viejo. Esta conclusión, a la que llegan diversos investigadores en el libro The Longevity Project: Surprising Discoveries for Health and Long Life from the Landmark Eight-Decade Study (Hudson Street Press), se basa en un estudio sin precedentes que ha analizado la evolución vital de 1.528 niños, desde que nacieron en los años veinte hasta su muerte.

    De media los hombres casados vivieron 10 años más que los que no lo estabanSegún los investigadores, las personas conscientes y prudentes vivieron algunos años más que aquellas más despreocupadas y atrevidas. Además, aquellas personas más trabajadoras, con mejores carreras profesionales y más responsabilidad, también vivieron de media más años y en mejores condiciones. El estudio también revela que los hombres casados vivieron más, y sólo un tercio de los divorciados lograron superar los 70 años. De media los hombres casados vivieron 10 años más que los que no lo estaban. La incidencia en las mujeres fue mucho menor: de media, el estar casadas, solo les reportó cuatro años más de vida.

    Mutaciones genéticas que impiden el desarrollo de enfermedades

    La genética juega un papel muy importante en nuestra esperanza de vida. Muchas enfermedades están asociadas a factores genéticos, o al menos dependen en gran parte de los mismos. Según las investigaciones más recientes, hasta el 10% de los casos de cáncer están relacionados con la dotación genética del paciente, es decir, con la predisposición heredada de un familiar ascendente debido a una mutación genética.

    La investigación genética sobre el envejecimiento sigue dos grandes vías: descubrir que mutaciones hacen que seamos más propensos a contraer una enfermedad, pero también cuáles podrían evitar que las padeciéramos. En los últimos años ha habido diversos progresos sobre ésta última. Un estudio llevado a cabo entre niños ecuatorianos que padecían el síndrome de Laron, que causa enanismo, reveló que estos eran totalmente resistentes al cáncer y la diabetes. El trastorno está causado por la mutación de una proteína que regula cómo las células crecen y se dividen, lo que podría hacer que los afectados vivieran más. Por desgracia, la realidad es menos esperanzadaora. Aunque ningún afectado muere por la mutación, el enanismo les lleva a sufrir problemas de alcoholismo y accidentes varios que les impiden vivir más que las personas de la zona no afectadas por el síndrome. Ahora los científicos estudian qué podemos aprender de esta extraña mutación y cómo podría ayudar a la lucha contra el cáncer.

    Alma, Corazón, Vida
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