no se rompe, no se atasca ni se recalienta

Por qué el AK-47 es el fusil más usado por terroristas en todo el mundo

Los terroristas de París usaron una de las armas de destrucción masiva más eficaces jamás creadas: el Avtomat Kalashnikova modelo 47, una herramienta de muerte que simboliza el Mal con mayúsculas

Foto: Foto: Reuters
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Una vez más tenemos que llorar a las víctimas de una masacre, y una vez más los terroristas que la perpetraron en París usaron una de las armas de destrucción masiva más eficaces jamás creadas por la Humanidad: el Avtomat Kalashnikova modelo 47, una herramienta de muerte que ha acabado por simbolizar el Mal con mayúsculas. 

[AK-47: así funciona el 'Kálashnikov' que apuntaba al rey Felipe VI y a Juan Carlos I]

"De todas las armas del vasto arsenal soviético, nada más rentable que el Avtomat Kalashnikova modelo 1947, más conocido como AK-47 o kalashnikov. Es el fusil de asalto más popular del planeta, un arma que adoran todos los combatientes. Cuatro kilos de amalgama elegante y simple de acero forjado y madera que no se rompe, no se atasca ni se recalienta. Dispara cubierto de barro o lleno de arena. Es de manejo tan fácil que un niño puede usarlo, y lo hacen. Los soviets lo pusieron en una moneda, Mozambique lo puso en su bandera. Desde el fin de la Guerra Fría, el kalashnikov se ha convertido en la mayor exportación de Rusia, por delante del vodka, el caviar y los novelistas suicidas; lo que es seguro es que nadie hacía cola para comprar sus coches”. La frase la dice Nicolas Cage como Yuri Orlov en 'El señor de la guerra'. Y es completamente cierta.

Se cree que ha provocado más muertes desde su creación que la artillería, los ataques aéreos y los cohetes juntos: unas 250.000 muertes al año

Pesa apenas cuatro kilos sin munición, mide 87 centímetros, lleva 30 balas en su característico cargador curvado y se ha convertido en un símbolo de nuestro tiempo hasta tal punto que aparece en monedas (URSS) y banderas (Mozambique), se hacen versiones chapadas en oro para dictadores y narcotraficantes, y para simbolizar la paz se reconvierten en guitarras. Un niño puede aprender a desensamblarlo y ensamblarlo en 30 segundos, y a usarlo en muy poco más; sin su simplicidad, sería imposible el fenómeno de los niños-soldado, y su apodo, 'Kalash', se ha convertido en nombre común en ciertos países africanos.

Foto: Reuters.
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Se cree que ha provocado más muertes desde su creación que la artillería, los ataques aéreos y los cohetes a razón de unos estimados 250.000 muertos al año. Su construcción es simple, lo cual lo hace relativamente barato; unos 530 dólares en 2005, aunque en África se puede encontrar por 300 con facilidad. Un herrero puede repararlo, e incluso fabricarlo. Y es tan eficiente en su funcionamiento y la munición tan sencilla de encontrar que, contando descendientes, versiones e imitaciones, se han fabricado entre 80 y 100 millones de ejemplares (de la familia M-16, el segundo en números, hay unos 10 millones).

Es básicamente indestructible, el arma favorita de rebeldes, revolucionarios y asesinos, su forma característica es una declaración de intenciones y una amenaza; en sus vídeos, Osama Bin Laden siempre tenía uno en el encuadre. Vivimos en la era del AK-47, y padeceremos su existencia durante décadas, como desgraciadamente demuestran los atentados de París.

El nacimiento del kalashnikov

El AK-47 fue el primer desarrollo serio del concepto del fusil de asalto que inventaron los armeros alemanes durante la Segunda Guerra Mundial con el StG-44. La idea era combinar la potencia de fuego de un subfusil capaz de disparar en automático (ráfagas) con la precisión y alcance de un rifle al menos hasta distancias intermedias (300-500 metros), las más comunes en combate.

Según la leyenda, creada en la Unión Soviética de Stalin, un joven comandante de tanques herido en combate, Mihail Kaláshnikov, empezó a trabajar en su desarrollo ya durante la guerra. La verdad es más compleja, como analizó el periodista y exoficial de Marines C.J. Chivers en su magistral trabajo sobre la historia del arma titulado simplemente 'The Gun'; el AK-47 fue producto de un complejo proyecto de desarrollo militar e industrial en paralelo al de la bomba atómica soviética. Como con el ejemplo alemán, la clave fue una nueva munición intermedia entre la de pistola y la de rifle, en este caso el cartucho 7,62X39mm.

“AK-47, lo mejor que hay cuando tienes que matar a todos los cabrones de una habitación con total certeza; no se aceptan sustitutos”. Samuel L. Jackson como Ordell Robbie en 'Jackie Brown'.

Soldado albano con un AK-47. (Corbis)
Soldado albano con un AK-47. (Corbis)

Se trata de un arma sencilla de fabricar y operar; sus piezas se hacen de acero estampado con apenas algunas soldaduras y está diseñada para que dispare incluso bajo el agua, con arena o con un casquillo suelto en el cajón de mecanismos. El mobiliario original era de madera contrachapada, pero hay versiones con piezas de plástico, con culatas plegables de metal o polímeros y con cañones de diferentes longitudes.

Su funcionamiento es de recarga accionada por gas: un tubo superior característico desvía parte de los gases del disparo hacia un pistón que se mueve hacia atrás, abre el cerrojo rotativo y expulsa el casquillo usado. Un muelle lo devuelve a su posición cerrando el cerrojo y colocando la siguiente bala en posición de disparo. El ciclo puede repetirse hasta 600 veces por minuto; una gran palanca en el lado derecho permite seleccionar entre Seguro, Tiro a tiro (semiautomático) y Ráfaga.

Su característico cargador curvo, originalmente de chapa estampada aunque hay versiones de baquelita o de polímeros, puede albergar 10, 20 o 30 balas, aunque el rifle también acepta los cargadores de 40 cartuchos de la ametralladora RPK. El proyectil sale a 715 metros por segundo y es capaz de atravesar hasta 10 mm de acero en distancias no muy largas. Las miras son simples, y su uso, sencillo, una vez te acostumbras a sus peculiaridades (como la palanca del cerrojo en el lado derecho que obliga a cruzar la mano izquierda para montar el arma). El desmontaje para limpieza y mantenimiento no puede ser más fácil, y muchas versiones llevan en la culata un juego de herramientas además de la baqueta bajo el cañón. 

Un arma que aprendió de la SGM

(Foto: Reuters)
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En 1949 fue adoptado como arma del Ejército soviético, que durante la guerra había equipado a divisiones enteras con subfusiles al descubrir la efectividad de su volumen de fuego en combates a corta distancia. El AK-47 supuso una revolución en las tácticas de infantería, al proporcionar a un soldado sin entrenamiento especial un arma capaz de cubrir varios papeles en el campo de batalla. En conjunción con ametralladoras ligeras como la RPK, le da al pelotón de infantería un equipo de armas automáticas compatibles que usan la misma munición e incluso partes intercambiables, y un volumen de fuego sin precedentes.

Para colmo, su diseño había tenido en cuenta las duras lecciones de la Segunda Guerra Mundial; el fusil se hizo prácticamente indestructible, capaz de operar en cualquier clima extremo (frío, calor, humedad, sequedad) sin problemas. Como explica C.J. Chivers en 'The Gun', el pistón de gases está sobredimensionado para garantizar que expulsa el casquillo gastado; es hasta tres veces más pesado de lo necesario, lo que garantiza el funcionamiento incluso con suciedad.

El fusil se hizo prácticamente indestructible, capaz de operar en cualquier clima extremo (frío, calor, humedad, sequedad) sin problemas

Esta robustez ganada sobredimensionando mecanismos y dejando amplias tolerancias tiene a cambio una contrapartida: el AK-47 es intrínsecamente menos preciso que otros fusiles. El movimiento del pistón de gases es ligeramente excéntrico, lo que mueve el arma durante el retroceso, y los ajustes entre piezas dejan espacios que restan precisión a grandes distancias. Se han usado sus esquemas básicos para desarrollar rifles de francotirador como el Dragunov, pero el punto fuerte del AK-47 nunca ha sido el agrupamiento de impactos o la exactitud de su calibración: se diseñó para proporcionar gran volumen de fuego con gran fiabilidad, a precio económico y con soldados poco entrenados. Y cumplió sus objetivos de modo más que sobresaliente.

Bajo Stalin y sus sucesores, la Unión Soviética no solo equipó a sus fuerzas armadas con diversas variantes del AK-47, sino que lo exportó por millones a aliados y regímenes satélites. Algunos de ellos pusieron en marcha sus propias factorías y elaboraron copias, versiones o derivados como el Tipo 56 chino, el Tipo 58 norcoreano, el MPiK de Alemania del Este, el PMKM polaco, el AMD húngaro, el Tabuk iraquí, el M70 yugoslavo, el Misr egipcio o las versiones soviéticas posteriores de calibre 5,56 como el AK-74.

Un arma convertida en icono

Más de 14 países elaboraron estas copias más o menos autorizadas y más o menos idénticas, pero otros muchos países se inspiraron en el clásico kalashnikov al desarrollar sus propias armas, como el RK-62 finlandés, del que a su vez surgió el Galil israelí. Se estima que hasta un millón de derivados se fabrican todavía cada año. Es el arma ligera más fabricada de la historia, con entre 70 y 100 millones de ejemplares construidos; el arma más reconocible, debido a su inconfundible perfil. Y para bien o para mal, uno de los objetos más icónicos de nuestra época.

A lo largo de décadas, el AK-47 y sus múltiples derivados han equipado a ejércitos, fuerzas revolucionarias y bandidos de todo el planeta. En Vietnam comenzó su eterna rivalidad con el M-16 estadounidense; muchos años después volvieron a enfrentarse en Afganistán e Irak. Pero antes, en la guerra Irán-Irak, los fusiles autóctonos iraquíes se enfrentaron a derivados chinos del Tipo 56 suministrados por millones a Irán.

Un niño mira a un militar palestino en Gaza. (Reuters)
Un niño mira a un militar palestino en Gaza. (Reuters)

Las guerras de los Balcanes se combatieron con 'kalash', al igual que numerosas guerras africanas, donde su pequeño tamaño y peso y su sencillez de manejo permitieron a algunos combatientes emplear niños como carne de cañón. La India usó el AK-47 en sus guerras con China y Pakistán, donde la gran entrada se produjo en las áreas tribales a raíz de la invasión soviética de Afganistán. Chapado en oro era un regalo típico para dictadores como Gadafi o Castro; cuando Sadam Hussein fue atrapado, se le encontró dinero, una pistola y dos AK-47.

El contrabando y la provisión de armas a gobiernos aliados o a guerrillas más o menos simpáticas de diversos países han acabado provocando mezcolanzas difíciles de seguir: armas chinas o fabricadas en Corea del Norte que acaban en manos de guerrillas africanas tras combatir en los Balcanes, o armas rumanas que acaban en manos de bandas mexicanas tras haber sido vendidas a gobiernos legítimos de Sudamérica. Aparece en manos de guerrilleros palestinos, de ejércitos tribales africanos, de mafias mexicanas (donde es conocido como 'cuerno de chivo') o de policías indios.

Solo en los Balcanes se calcula que hay entre uno y dos millones de ejemplares en manos de civiles, de entre 3,6 y 6,2 millones de armas de fuego en manos de entre medio millón y 1,6 millones de hogares, según un estudio internacional (pdf). Es un éxito incluso en el competitivo mercado de armas de EEUU, no tanto por su calidad sino por el aura de archienemigo y su más que probada robustez, aunque allí se vende legalmente en su versión semiautomática. En Siria e Irak, sigue siendo una de las armas más usadas por todos los combatientes.

Simplemente hay demasiados

Y esta es la razón de que el AK-47 esté apareciendo en el mercado negro europeo con inquietante normalidad: simplemente hay demasiados de ellos en circulación. Tras la caída de la Unión Soviética y la descomposición del Pacto de Varsovia, millones de ejemplares almacenados durante la Guerra Fría fueron vendidos por gobiernos que querían hacer caja o por mafias, como explicaba la película 'El señor de la guerra', inspirada en la vida del legendario traficante Víktor Bout.

La decisión rusa de reequipar sus fuerzas armadas con armamento más moderno ha vuelto a movilizar los arsenales, y liberado más ejemplares todavía

Más recientemente, la decisión rusa de reequipar sus fuerzas armadas con armamento más moderno ha vuelto a movilizar los arsenales, y liberado más ejemplares todavía. Entre el hampa de Marsella o París se está repitiendo el fenómeno que ocurriera hace años en México y los EEUU: si no estás equipado con un kalashnikov, no eres nadie, no tanto por su declarada potencia destructiva cuanto por su valor icónico.

Aunque en los países de la Europa Occidental este tipo de armas estén rigurosamente prohibidas y su tráfico sea severamente castigado, su capacidad destructiva y proyección mediática los hacen demasiado deseables y su abundancia demasiado disponibles como para que se pueda cortar por completo su tráfico. Para desgracia nuestra, vivimos en un mundo en el que la característica silueta del AK-47 amenazará nuestros sueños durante décadas.

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