¿Es Reino Unido antisemita? “Es difícil vivir siendo judía. Algunos dejan de hablarte”

1.168 incidentes antisemitas en 2014, la cifra más alta desde que se recopilan datos. Para responder a la pregunta, entramos en la comunidad hebrea de Londres a través de Alina, una estudiante
Foto: Un miembro de la comunidad judía recoge a sus hijos del colegio en el norte de Londres, el pasado 20 de enero (Reuters).
Un miembro de la comunidad judía recoge a sus hijos del colegio en el norte de Londres, el pasado 20 de enero (Reuters).

Tenía buenas vibraciones. Se habían intercambiado varios emails y la profesora le había comentado que su perfil era muy interesante. Quería conocerla para dirigir su tesis. Y la reunión fue muy bien, hasta que Alina (nombre ficticio) se arremangó y dejó al descubierto la pulsera que llevaba con la estrella de David. La cara de la docente libanesa cambió por completo y la entrevista se dio por terminada. No ofreció explicaciones, pero Alina sabía que recibiría un mensaje notificándola que tenía que encontrar otro tutor. No se equivocó.

Hasta que no llegué a la universidad nunca había vivido el antisemitismo, pero allí me dejaron las cosas claras desde el primer año. Los árabes te dejan de hablar y vives cosas como la “semana del apartheid” o “Boicot a Israel”. Hacen incluso representaciones del Muro de las Lamentaciones, al que tiran pelotas de papel que simulan bombas. Mientras no haya violencia, en la facultad está todo permitido. Libertad de expresión”, explica a El Confidencial.

'Hasta la universidad nunca había vivido el antisemitismo. Allí me dejaron las cosas claras’La cita tiene lugar en Golders Green, al norte de Londres, una de las zonas judías por excelencia. Muchos hombres llevan la kipá -que cubre parcialmente la cabeza- y tanto las casas como los comercios tienen en el marco de la puerta la Mezuzá -el pergamino con dos versículos de la Torá-. Los restaurantes, con letreros en hebreo, ofrecen comida kosher y el viernes, cuando se pone el sol, las calles se quedan desérticas por la celebración del sabbat.  Sí, sigo en Londres. Pero no tengo en ningún momento la sensación de estar en un ghetto. Los símbolos podrían pasar desapercibidos para las personas que no estén al corriente de estas tradiciones. Y la joven de 22 años que cruza la puerta del Starbucks donde hemos quedado, lleva vaqueros ajustados y botas de tacón.

 

"Es difícil vivir siendo judío. Donde sea"

Pongo el periódico sobre la mesa para hablar del reportaje que ocupa los titulares. La influyente ONG judía Fundación de Seguridad de la Comunidad (CST, por sus siglas en inglés) ha registrado 1.168 incidentes antisemitas en 2014. La cifra es la más alta desde que empezaron los datos en 1984 y supone más del doble de los 535 episodios de 2013.

Londres y Manchester han sido escenario de la mayoría de los ataques, gran parte llevados a cabo en las redes sociales. Julio y agosto fueron los meses más polémicos, coincidiendo con los bombardeos israelíes en Gaza. Pero tras los atentados de París, la seguridad se ha incrementado e incluso las excursiones programadas por los colegios para visitar sinagogas se han suspendido. La comisión parlamentaria contra el antisemitismo -formada en verano- ha propuesto que los usuarios que difundan el odio racial deberían tener cancelada, por ley, su cuenta en Twitter y Facebook.

“¿Es aún difícil vivir siendo judío?”, pregunto. “Es difícil vivir donde sea y para quien sea. El mundo está loco”, responde. La madre de Alina nació en Marruecos, pero luego se fue a vivir a Málaga. Su padre es de Oporto y hasta bien entrados los 80, su familia no decía a nadie que era judía. Tenía aún miedo a la Inquisición española del Siglo XV -fundada por los Reyes Católicos- y mantenían sus oraciones y incluso sus nombres reales en secreto.

Alina vivió en Portugal hasta los 10 años. Después, sus padres decidieron mudarse con ella y sus dos hermanas a Gibraltar. “Eso sí que es una maravilla. Los cristianos, judíos y árabes conviven sin problemas, incluso las generaciones más mayores tienen trato los unos con los otros”, explica.

Un grupo de hombres judíos en el barrio londinense de Golders Green, el pasado 10 de enero (Reuters).
Un grupo de hombres judíos en el barrio londinense de Golders Green, el pasado 10 de enero (Reuters).

Cuando vino a Londres, todo cambió. Se matriculó en la universidad de Middlesex -una de las más valoradas- situada muy cerca de Golders Green. “Por mi apariencia nadie diría que soy judía. Vamos, que somos normales. En el primer año, conoces a mucha gente, pero cuando se enteraban de que eras judía, algunos te dejaban de hablar. Encontrabas problemas para tener compañeros de prácticas. Y algunos incluso me decían ‘tú, israelita de mierda’, cuando yo no soy ni siquiera de Israel y mi madre habla árabe”, señala.

Fue entonces cuando decidió montar una asociación - Jewish Society- e invitar a ponentes que no fueran ni rabinos ni guardasen ninguna relación. “La cuestión era romper mitos e invitamos a los actos a la responsable de la asociación palestina, pero era como hablar con una pared. Y no la culpo, porque hay gente que ha sido educada en el odio”, recalca.

-“¿Has pasado alguna vez miedo?”.

-“Sí, cuando me pilló una manifestación contra Israel en medio de Londres y llevaba un collar con símbolos hebreos.

-“¿Has ocultado alguna vez tus orígenes, por miedo a represalias?

-“Si ves a un profesor en la universidad con una pulsera que pone Libertad Pueblo Palestino, intentas no hacer mucho ruido porque quieres terminar la carrera”.

Salimos a pasear por la calle principal y entramos a un pequeño establecimiento de falafel. Las croquetas de garbanzos también son motivo de polémica entre árabes e judíos. Los primeros acusan a los segundos de haberse apropiado de la receta.

Shomrim, los ‘guardias’ que protegen a los judíos

Uno no se espera la escena que se encuentra en el interior, al menos en este barrio. Shlomo, responsable del negocio, es judío y Adam, el único empleado, es musulmán. “Él es mi guardaespaldas”, bromea el jefe cuando le pregunto si han sufrido altercados en el último año. Mientras muestra con orgullo un reportaje que les dedicaron en una revista alemana, Adam enseña la mano. “Hay cinco dedos y todos son diferentes, pues en este asunto pasa lo mismo. Hay gente buena y mala en todos los lados. Esto es un trabajo como cualquier otro. Y ni mi familia ni mis amigos me han dicho nunca nada”, recalca.

En la librería de al lado, el dependiente asegura que no ha cambiado nada “porque siempre ha sido, es y será lo mismo”. “Solo puedo decir que es más fácil vivir aquí que en Israel”, matiza.

En la calle hay distintas opiniones. Mientras unos aseguran que sí han experimentado más tensiones en los últimos cinco años, otros dicen que viven tranquilos. Un anciano vestido con ropas tradicionales decide entrar en el debate. “Un político dijo en una ocasión que todos los hombres tienen un sentimiento antisemita dentro y solo necesitan de una chispa para encender el fuego”, dice. “Pero al mismo tiempo te digo que la CST es una mierda. Es una ONG que recibe subvenciones y tiene que hacer ruido para que le sigan dando dinero. Aunque ellos ni nos protegen ni nada. Los que verdaderamente están haciendo un buen trabajo son los del Shomrim”, añade.

‘¿Es difícil vivir siendo judío? Es difícil vivir donde sea. El mundo está loco’Traducido al hebreo como “guardias” se trata de una especie de cuerpo de policía formado por voluntarios, que vela por la seguridad de las zonas donde vive esta comunidad, incluyendo Golders Green, Hendon y Barnet.

Sus miembros, que reciben formación de la Policía Metropolitana, llevan uniformes completos con chalecos a prueba de cuchilladas y cuentan incluso con coches patrulla muy similares a los utilizados por los agentes de Scotland Yard. Los voluntarios del Shomrim -alrededor de 90- están capacitados para detener a los sospechosos hasta que llegue la Policía real y cuentan con una línea telefónica operativa las 24 horas.

La sede central está Stamford Hill, al noreste de Londres, donde viven más de 20.000 jaredíes. Se trata de judíos estrictamente ortodoxos que remontan su ascendencia al Siglo XVIII. Los hombres llevan tirabuzones y van vestidos con sombrero negro y levitas. Las mujeres tienen media melena y la falda por debajo de la rodilla. Se trata de una de las comunidades más cerradas del Reino Unido.

Aquí sí que uno llega a sentirse fuera de lugar. La presencia del foráneo llama la atención e incluso levanta recelo entre los varones, que se niegan a mirarte a la cara cuando preguntas por el informe de la CST. Ellas se muestran quizá un poco más comunicativas. “Sí que ha aumentado la violencia. Ayer mismo, mi hermano iba por la calle y un coche se paró a su lado. Le dijo “te voy a cortar la cabeza, judío de mierda”, explica una mujer acompañada de dos niños pequeños, vestidos igual que los adultos.

Cazenove Road, una de las arterias que salen de la calle principal, podría ser, a priori, uno de las zonas calientes. A un lado, está el colegio judío de primaria Simon Marks. Al otro, una de las mezquitas más grandes de la ciudad. Pero, según los pocos residentes que quieren hablar, la calma es la tónica general en la mayoría de los días. La Shomrim señala además que “los voluntarios están para ofrecer seguridad a la vecindad local, independientemente de su origen étnico o afiliación religiosa”.

Una esvástica pintada en las paredes de la sinagoga de Finsbury Park, en Londres (Reuters).
Una esvástica pintada en las paredes de la sinagoga de Finsbury Park, en Londres (Reuters).

Mayor número de ataques islamófobos

La Policía del distrito de Hackney -donde pertenece el barrio- alaba su labor. Ante la pregunta de si recibirían el mismo apoyo grupos musulmanes que plantearan tener patrullas similares un portavoz recalca: “Mientras se encuentren dentro del límite estipulado por las leyes de Inglaterra no habría ningún problema”.

La cuestión es: ¿es necesario tener también a guardas musulmanes? Según las cifras de la Policía Metropolitana, el año pasado hubo 358 delitos antisemitas en la capital, en comparación con los 162 de 2013, lo que representa un aumento del 121%. Aún así, el número de ataques islamófobos sigue siendo superior. Se registraron 611 delitos, un 11,3% comparado con los 549 de 2013.

Las cifras del CST referentes a la capital indican que los incidentes antisemitas en 2014 se incrementaron en un 137%. Se registraron 583 episodios, en comparación con los 246 de 2013. Por su parte, una encuesta de Populus señala que el 37% de los británicos considera que el antisemitismo sí es un problema que ha empeorado en la última década. El primer ministro, David Cameron, ha calificado el informe de CST de "muy importante" y la ministra del Interior, Theresa May, ha dicho que “el Reino Unido sin judíos no sería Reino Unido”.

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