LA DEUDA DE LOS ESTUDIANTES PARA PAGARSE LA CARRERA LLEGA AL BILLÓN DE DOLARES

La nueva burbuja del crédito en Estados Unidos está en las aulas de las universidades

“Parece que esto también es demasiado grande para caer”. Lo advierte la Agencia Federal de Protección de los Consumidores en Estados Unidos, y no se refiere
Foto: La nueva burbuja del crédito en Estados Unidos está en las aulas de las universidades
La nueva burbuja del crédito en Estados Unidos está en las aulas de las universidades

“Parece que esto también es demasiado grande para caer”. Lo advierte la Agencia Federal de Protección de los Consumidores en Estados Unidos, y no se refiere a las hipotecas ni a ninguna institución financiera, sino a un nuevo integrante del club del ‘too big to fail’: el mercado de préstamos a los estudiantes para que puedan pagar una carrera universitaria.

Los últimos cálculos destinados a hacerse una idea del tamaño de la deuda privada de los alumnos universitarios han desvelado que hace unos meses alcanzó la escalofriante cifra de un billón de dólares (es decir, un millón de millones, que en términos americanos sería un trillón).  Una cantidad que se ha doblado en los últimos cinco años y que ha superado ya al total de las deudas por tarjetas de crédito en el país.

Lo más preocupante es que, a diferencia de lo ocurrido desde el inicio de la crisis con otros productos de crédito, la deuda de los estudiantes sigue aumentando de forma regular. Y no solo por los jóvenes que acceden a la universidad: cada vez son más los que terminaron los estudios hace tiempos pero son incapaces de pagar los crecientes intereses.

En los últimos meses se han multiplicado las voces que alertan del excesivo riesgo que está asumiendo toda una generación de jóvenes, muchos de los cuales ya se encuentran agobiados por la situación económica general. Mientras se reducen las inversiones públicas en educación y las familias reducen los gastos al mínimo, los estudiantes se ven abocados a soportar un castigo en forma de facturas por haber hecho lo que les dijeron que sería la llave a una vida mejor.

Pero no son los universitarios los únicos que deben preocuparse. La agencia federal alerta de que un exceso de deuda puede ralentizar la recuperación de, entre otros, el mercado inmobiliario. Y es que si los jóvenes dedican gran parte de sus ingresos mensuales a devolver sus préstamos, retrasan notablemente la adquisición de su primera casa o de su primer coche, además de otros eventos vitales como casarse o tener hijos.

Préstamos federales y préstamos privados

En Estados Unidos existen dos tipos de préstamos a los que acudir para financiarse los estudios: los federales y los privados. Los primeros ofrecen una serie de facilidades de las que los segundos carecen, como que la cantidad a devolver cada mes vaya en función de los ingresos o diversas opciones de aplazamiento de los pagos.

No obstante, las universidades a menudo presionan a los estudiantes para que adquieran préstamos privados de alto coste, incluso cuando reúnen las condiciones para optar a los préstamos federales. Las sospechas de pactos entre las entidades de crédito y los centros educativos provocaron que en el año 2007, el entonces Fiscal General de Nueva York y actual Gobernador del estado, Andrew Cuomo, iniciara una investigación, en el transcurso de la cual declaró: “Hay entidades que no pueden entrar al mercado de préstamos. Puedes tener un mejor producto pero no puedes llegar a los estudiantes, porque ese acceso está controlado por las universidades. La corrupción está muy extendida, el 90% de las universidades tienen un prestamista preferente”. La investigación acabó obligando a muchos centros educativos a cambiar su política de préstamos y algunos incluso debieron devolver dinero a los estudiantes por haber inflado los precios.

Este tipo de prácticas que atentaban contra la libre competencia parecen haberse reducido, pero, la cultura del endeudamiento a largo plazo sigue gozando de la mejor salud entre los estudiantes norteamericanos, inflando la burbuja del crédito hasta extremos que van más allá de lo recomendable.

Como señaló en su blog Nick Pardini, estudiante de economía en la universidad de Vilanova, “estamos creando una generación que serán esclavos de sus deudas durante años”. Y añade una última advertencia: “Cuando estalle esta burbuja, los que perderán no serán los que prestaron, sino los que pidieron”.

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