TOKIO ESTÁ EN MÍNIMOS DE 1982 Y WALL STREET, DE 1996

Las bolsas 'derriban' el mito: invertir a largo plazo tampoco resulta rentable

Uno de los mantras más extendidos de la inversión, si no el que más, es el que asegura que ·a largo plazo siempre se gana en
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Las bolsas 'derriban' el mito: invertir a largo plazo tampoco resulta rentable

Uno de los mantras más extendidos de la inversión, si no el que más, es el que asegura que a largo plazo siempre se gana en bolsa. Es decir, que aunque a corto plazo se puede perder, si uno mantiene su inversión en el tiempo acaba ganando. Sin embargo, la crisis actual ha derribado ese mito de la forma más dolorosa posible: Tokio cayó ayer a su nivel más bajo desde octubre de 1982 y Wall Street lucha por no perder los mínimos de 1996. Y hasta los más acérrimos defensores de esta filosofía de comprar y mantener se están rindiendo a la evidencia.

Es de dominio público que la catástrofe de las bolsas en el último año y medio ha evaporado los ahorros de millones de inversores en todo el mundo, pero con la vorágine del día a día muchas veces no deja ver la verdadera dimensión de la tragedia. Cualquier persona que haya invertido en bolsa japonesa después de 1982 (¿queda alguien que lo hiciera antes?) ha perdido. Da igual en qué momento entrara, ni qué valoración tuvieran las acciones, ni qué perspectivas hubiera en esos momentos para la economía japonesa; todos han perdido.

Se puede decir que Japón es un caso excepcional por la grave crisis económica -con deflación incluida- que atraviesa desde hace 20 años. De hecho, el Ibex todavía aguanta por encima de los mínimos de 2002 (el suelo de la última tendencia bajista). Pero los principales índices de Wall Street han caído a su nivel más bajo desde 1996, algo que es inmediato en cuanto se pierden los de 2002 porque entre 1996 y 2000 se vivió la gran tendencia alcista de la burbuja tecnológica. Y lo peor es lo que queda por delante: aunque no bajara más, el Dow Jones tendría que subir más del 100% para volver a los niveles anteriores de la crisis. Algo que puede tardar muchos años en ocurrir.

La estrategia de comprar y mantener hasta que el precio suba lo suficiente es muy popular en los tiempos de bonanza económica y de tendencias alcistas, cuando es fácil ganar dinero con casi cualquier valor y casi en cualquier momento. Y eso crea otro mito aún mayor: que en bolsa puede ganar todo el mundo (incluso muchos llegan a creerse más listos que el mercado, lo que suele tener funestas consecuencias). Pero cuando cambia la tendencia y todos los seguidores de esta teoría se arruinan, nadie recomienda ya comprar y mantener, sino directamente mantenerse alejado hasta que escampe, o bien seguir la otra gran estrategia para invertir: el  market timing, es decir, el intento de coger los movimientos del mercado al alza y a la baja (en otras palabras, comprar cuando va a subir y vender cuando va a bajar).

Según Mark Hulbert, columnista de MarketWatch, ahora mismo prácticamente nadie recomienda comprar y mantener, mientras que los seguidores del market timing, que suelen basarse en el análisis técnico, están en la cresta de la ola. Según sus propios estudios, eso suele indicar que un suelo de mercado está cerca: la teoría de la opinión contraria sostiene que, cuando todo el mundo es bajista como ahora, el mercado se pone a subir, y viceversa. Pero el pesimismo siempre puede llegar a ser mucho mayor antes de que el mercado haga un suelo.

Fidelity renuncia a sus principios

Especialmente llamativo es el caso de Fidelity, la mayor gestora de fondos del mundo y principal defensora de la inversión a largo plazo, es decir, de la cultura de comprar y mantener. Esta gestora envió el mes pasado un informe en el que alentaba a los inversores a entrar en el mercado para aprovechar la posible subida desde el principio puesto que, según los precedentes, las mayores ganancias se producen en los primeros meses de una nueva tendencia alcista: una media del 14% el primer mes. A los seis meses, el mercado ya se ha comido por término medio más de la cuarta parte de toda la subida.

Sin embargo, a la vista de el imparable hundimiento de las bolsas, el 2 de marzo la misma firma se rendía y recomendaba a sus clientes las excelencias de las estrategias market neutral, es decir, aquellas que buscan obtener rentabilidad independientemente de la dirección del mercado mediante la combinación de posiciones largas y cortas (es decir, alcistas y bajistas) simultáneas. El informe incluso explica con todo detalle cómo se venden valores en corto, todo un sacrilegio para los principios tradicionales de Fidelity. Aunque precisamente el hecho de que una firma de esta importancia renuncie a sus principios puede ser una señal del fin de las caídas, también según la opinión contraria.

Los ciclos son inevitables

Al final, tal como explicaba S.McCoy el 24 de febrero, no hay una base real que sustente el mito de que a largo plazo siempre se gana: aunque la rentabilidad media anual del Dow Jones en los últimos 100 años es del 7,2%, sólo en cinco ejercicios se ha situado entre el 5% y el 10%; en el 70% de los años se han registrado pérdidas o ganancias superiores al 10%. Es decir, las variaciones son enormes, dependen de la psicología y son muy difíciles de anticipar. Además, según John Mauldin, las subidas anuales superiores al 10% se producen por un aumento del PER, es decir, porque el mercado paga más por los mismos beneficios, lo cual supone un cambio de percepción basado en el sentimiento, no en los fundamentales. Pero igual que eso ocurre en los momentos de euforia, en los de depresión el PER se contrae en exceso.

Sea como fuere, lo que a estas alturas es innegable es que la bolsa es cíclica -Mauldin cuantifica la duración de cada ciclo en 17 años- y que después de los momentos de euforia llegan los momentos de depresión. Y el mito que el mercado ha cuestionado en los últimos meses es que el saldo de esos momentos favorece siempre a los alcistas, porque las caídas -se decía- nunca son tan fuertes como las subidas por aquello de que la economía siempre avanza. Tal vez sea cierto, pero puede que entonces haya que revisar el concepto de largo plazo: en Japón puede ser mucho más de 30 años. Como decía el ahora tan popular John Maynard Keynes, a largo plazo, todos muertos.