SE QUEJÓ, SE ENFADÓ… Y CONTESTÓ POCO

Jordi Pujol se envuelve en la bandera y la patria catalanas y echa balones fuera

Toda una vida en 30 minutos. O en un segundo. Ésa es la síntesis del relato que el expresidente catalán ante la comisión de Asuntos Institucionales del Parlament

Foto: Jordi Pujol, durante su comparecencia en el Parlamento catalán. (Reuters)
Jordi Pujol, durante su comparecencia en el Parlamento catalán. (Reuters)

Toda una vida en 30 minutos. O en un segundo. Ésa es la síntesis del relato que el expresidente catalán Jordi Pujol realizó ayer ante la comisión de Asuntos Institucionales del Parlament. Su comparecencia había levantado muchas expectativas pero, como era previsible, Pujol se envolvió en la bandera y la patria catalanas y echó balones fuera.

No desveló ningún dato nuevo, se enfadó con los diputados que querían saber si sus hijos habían hecho negocios a la sombra del poder y aplicó su archiconocido “això no toca” (eso no toca) para contestar sólo a lo que le interesaba. Total: dejó los mismos misterios que antes y todas las ventanas abiertas a las especulaciones que quieran hacerse.

De hecho, Pujol obvió toda respuesta a las preguntas obvias: ¿Tiene usted o su familia más dinero fuera de España? ¿En qué países? ¿Porqué ha tardado 34 años en confesar? ¿Quién gestionó su fortuna fuera de España, es verdad que fue el padre del actual presidente Artur Mas? ¿Ha regularizado usted o su familia todo el dinero que tienen fuera? ¿Es verdad que, utilizando información privilegiada, realizó una oportuna venta de acciones de Banca Catalana antes de la quiebra de esta entidad y fue ése el dinero evadido a Andorra? ¿Lo puede desmentir ahora?

Pujol abronca a los diputados catalanes

Como quien oye llover. Pujol se enfadó con las preguntas. Por algo había ido al Parlament a hablar de lo suyo. “Yo no tengo ninguna cuenta abierta ni la he tenido”, contestó acertadamente. Y luego, el oscurantismo. “Me he desnudado ante la opinión pública -añadió- ¿Es inteligente esto? No lo sé. Pero pocos casos similares encuentran ustedes de alguien que se haya desnudado ante la opinión pública de su país. “He cumplido con mi deber de informar. Yo he venido aquí a hablar del legado de mi padre y les hablo de esto. Hay cuestiones que se escapan a la competencia de esta comisión”. Punto. Ni rastro de alguna luz sobre el asunto.

En los segundos turnos todos los grupos se quejaron de su falta de respuesta… hasta que llegó el representante de CiU, Jordi Turull: “No sé porqué se quejan. El señor Pujol contestó a sus preguntas, lo que pasa es que ustedes no saben escuchar. ¿Es que no han oído que se había desnudado ante el país?”.

Turull, además, sacó la artillería contra sus ancestrales enemigos: la popular Alicia Sánchez-Camacho, a la que acusó de falta de credibilidad para pedir explicaciones porque “usted ha cobrado sobres del señor Bárcenas”. (“¿Y eso quién lo dice? Porque no ha salido nunca publicado y es mentira. ¿Puede usted acreditarlo?”, le respondió airada ella), y al líder de Ciutadans, Albert Rivera, a quien le espetó que “usted ha venido aquí a hacer su espot publicitario, a hacer de justiciero y eso está reñido con ser demócrata”.

El lider de Ciutadans, Albert Rivera. (Efe)
El lider de Ciutadans, Albert Rivera. (Efe)

Menos mal que poco antes el propio dirigente convergente había alertado de que “aquí hay muchos que hablan desde la bilis y el estómago difamando contra CiU y todo lo que huela a CiU, pero nosotros hablamos sólo desde el dolor. Aquí hay gente que ha venido a hacer un linchamiento público pero nosotros, desde nuestros principios, combatimos ese estilo”. Menos mal.

La relación con su padre

Acabó la comisión, pues, con bronca cruzada y pataleo de la bancada popular tras enzarzarse Turull con Sánchez-Camacho por la legitimidad para decir o no decir, acusar o defender.

Pero, mientras tanto, Pujol aportó su granito de arena a la historia de la indecencia política. Habló de su padre, desde la República hasta su represión por Franco en 1939 por ser catalanista, aunque su habilidad y buenas relaciones le metieron de lleno en la Bolsa y le consagraron como el gran hacedor entre la elite económica catalana de los años 50 del pasado siglo.

Insistió mucho en la relación paterno-filial para comprender su descuido de tener 34 años unas cuentas secretas en un paraíso fiscal. “Mi padre era un hombre hábil, intuitivo y rico”, subrayó. Y con su amigo David Tennenbaum (al que siendo president obsequió con algunas polémicas adjudicaciones que luego fueron silenciadas por los diarios barceloneses so pena de cortarles las subvenciones públicas) hizo una verdadera fortuna comprando dólares en Tánger para la elite algodonera catalana. Y de ahí, de esos negocios, parece ser que salieron 140 millones de pesetas (en dólares ,claro) que su padre depositó en Andorra.

Alicia Sánchez-Camacho, durante su intervención en la comparecencia. (Efe)
Alicia Sánchez-Camacho, durante su intervención en la comparecencia. (Efe)

“Lo dejó dicho en unos escritos manuscritos a mi mujer Marta –enfatizó el expresident-. Le entró miedo porque yo arriesgaba mucho en el terreno económico y en el político. Y dejó ese dinero fuera “para cuando viniesen mal dadas, para cuando nos tuviésemos que ir”.

Y justificó lo injustificable: afirmó que él era un hombre rico, con una cuenta corriente generosa y sin problemas. “¿Y qué puede hacer un hombre de 40 años con dinero? Mirar de hacer más, coleccionar arte, dedicarlo a obra social, viajar y dar la vuelta al mundo, comprar fincas…”. Pero él no hizo nada de eso. “Yo tenía un proyecto prioritario que comencé en 1958. Se llamaba construir Cataluña, o hacer país. Un proyecto que tenía un compromiso político, pero también cultural, social y económico. Era un proyecto nacional y a él dediqué mi vida”.

Pujol aseguró que ante su determinación irrenunciable, su padre sintió miedo. “Incluso sabía que yo tenía unas acciones de una empresa que iba muy bien y me ofreció poner todo a su nombre, aunque siguiese siendo mío, para que lo pudiera pignorar, porque temía que me pudiese pasar como a otro prohombre de la época, que de rico y poderoso, pasó a estar arruinado”. Pero ante el miedo de su padre, Pujol oponía su propio miedo: “Miedo a que aquel proyecto nacional pudiese fracasar por falta de recursos económicos”.

Satisfecho con su obra

Pero aseguró firmemente que “yo no he sido un político corrupto. Simplemente esto. No recibí dinero a cambio de ninguna decisión política o administrativa. He hecho de mediador, he abierto puertas y tendido puentes para que viniesen inversiones o para evitar conflictos políticos y sociales y estoy satisfecho con todo el conjunto de mi obra. Pero no cobré jamás por ese concepto, salvo con mi sueldo de presidente (…) No decidí ser político para hacer dinero. Ya tenía dinero. Mis rentas eran francamente altas… pero yo tenía un proyecto ambicioso y arriesgado y no quise renunciar a él”.

Jordi Pujol, en el Parlament.
Jordi Pujol, en el Parlament.

De modo que apechugó con los 140 millones de pesetas de Andorra, pero no quiso ni tocarlos. De ahí que su padre encargase la gestión a dos amigos íntimos y de confianza. No quiso desvelar sus nombres. Uno de ellos murió. El otro, años después, le propuso que pasase a controlar la fortuna familiar uno de sus hijos. Tampoco detalló cuál de ellos. Y mientras, ya president, no supo encontrar la manera de repatriar los millones…

La oposición no se creyó nada porque es el relato calcado del comunicado del 25 de julio. “Perdone, señor Pujol, pero nosotros sí consideramos que es usted un corrupto”, le dijeron un par de portavoces de la oposición. Y el ecosocialista Joan Herrera le recordó que “usted opta por una defensa penal y la preservación del patrimonio, como hizo Fèlix Millet (expresidente del Palau de la Música). Pero usted no es el señor Millet, sino el 126 presidente de la Generalitat”.

El socialista Miquel Iceta le recordó que “el de su padre es un legado oscuro. Usted dio elementos de época, pero no documentos. Convenga conmigo que todo esto es muy extraño”. Y le pidió en concreto que desmintiese que el dinero provenía de la venta irregular de sus acciones de Banca Catalana, al tiempo que le conminaba a aportar el testamento ológrafo de su padre y los movimientos de cuentas de la familia desde 1980. Hasta la popular Sánchez-Camacho le echó en cara que 140 millones de pesetas no se convierten en 800 millones (más de 4millones de euros, el dinero que la familia regularizó ahora) aunque en estos años hubiese habido “dos o tres” devaluaciones de la peseta.

Miquel Iceta. (Efe)
Miquel Iceta. (Efe)

La única lección de la comisión, pues, fue una afortunada reflexión del propio Pujol: “Un hecho así invita a reflexionar sobre la aventura del reto de vivir, sobre las decisiones que se toman a lo largo de una vida. A veces, decisiones que se toman en un segundo, en un minuto, en muy poco tiempo. Un segundo, a veces, condiciona toda una vida. Y, en todo caso, aquella decisión [la de no regularizar el dinero a su debido tiempo] me condicionó mucho y eso reaparece ahora al cabo de muchos años”.

Lástima que el corolario que quiso transmitir tenía otro trasfondo: “Independientemente, he de decir que no tengo ninguna responsabilidad legal en los hechos, aunque comprendo la crítica que se me puede hacer”.

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