La nueva Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC) se ha adornado con un perfil de técnicos y profesionales para ocultar la incapacidad de alcanzar un acuerdo político entre los dos grandes partidos del arco parlamentario, PP y PSOE. Pero la solemne independencia que se proclama y presume detrás del nuevo macrorregulador exige todavía algo más que un acto de fe. No en vano, el Gobierno ha actuado con exquisito mimo a la hora de buscar personas de su entera confianza y colocarlas a dedo en la alineación final de los 10 comisionados que componen el equipo gestor del futuro supervisor mayor del Reino.

En la tradicional carrera por situar fieles de intachable lealtad al frente de una nueva institución de poder, esta vez quien se ha llevado la palma ha sido el jefe de la Oficina Económica de Presidencia, Álvaro NadalEl zar de la Moncloa, una de las personas a las que más y con mayor atención escucha Mariano Rajoy, ha sacado lustre al brillo de su influjo poniendo los reales sobre la mesa del Consejo de Ministros para colocar a tres de los ocho consejeros nombrados a instancias del Partido Popular. Los otros dos corresponden a los representantes de los partidos nacionalistas, PNV y CiU, en cuya nominación el Gobierno no tenía nada que decir.

Fuentes cercanas al secretario de Estado monclovita aseguran que Nadal se ha mostrado firme y directo a la hora de designar a sus ‘amigos’ y reconocer en privado, sin pelos en la lengua, su padrinazgo efectivo en la composición resultante de la CNMC. El asesor económico no ha tenido inconveniente en doblar el pulso a la alta dirección del Ministerio de Economía, que, en su calidad de organismo tutor de la nueva entidad reguladora, tenía la misión de seleccionar a los nuevos comisionados.

El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)Luis de Guindos, como no podía ser de otra manera, se ha esmerado en pactar con el propio Rajoy el nombramiento de José María Marín Quemada como presidente de la CNMC. De ahí para abajo todos los nuevos prebostes responden a relaciones de conveniencia en las que Álvaro Nadal aparece, sin duda, como principal mecenas. El ideólogo económico del Gobierno se ha asegurado antes de nada el trascendental cargo de la vicepresidencia, designando para el puesto a la que estaba considerada hasta ahora como su mano derecha y máxima colaboradora de Palacio.

María Fernández Pérez, la ‘fontanera’ de Moncloa encargada de preparar las reuniones de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, asumirá un papel netamente ejecutivo en la nueva CNMC como contrapeso del presidente. En su calidad de vicepresidenta es previsible que dirija alguna de las dos salas funcionales en las que está dividido el nuevo organismo supervisor, de modo que su papel será muchas veces decisivo para que los expedientes lleguen bien cocinados al pleno del consejo de administración.

La vicepresidenta formará el verdadero núcleo duro de la CNMC junto con los otros dos vocales nominados por indicación de Álvaro Nadal, ambos economistas, procedentes del mundo académico y colaboradores entre sí. Se trata de Benigno Valdés, catedrático de Teoría y Política Económica en ICADE, y de Diego Rodríguez, profesor titular de Economía Aplicada en la Universidad Complutense. Dos expertos transversales con experiencia profesional acreditaba pero sin una especialización, al menos conocida, en materia de regulación de mercados.

Bernardo Lorenzo se despacha a gusto

La selección de los comisionados no ha tenido muy en cuenta la especialización por sectores de actividad ya que la negativa del PSOE a participar en la formación de la nueva entidad ha desbaratado alguna de las expectativas que tenía el Gobierno para satisfacer los requerimientos de la Comisión Europea. Sabido es que los burócratas de Bruselas habían puesto el dedo en la llaga al criticar la conveniencia de crear un organismo único de regulación, lo que ha obligado precisamente a establecer un tabique funcional que distinga los aspectos de competencia de los que afectan a la supervisión de las llamadas industrias de red, energía y telecomunicaciones principalmente.

El presidente de la CMT, Bernardo Lorenzo. (EFE)El presidente de la CMT, Bernardo Lorenzo. (EFE)Luis de Guindos pretendía también hacer una reverencia a las autoridades comunitarias con el nombramiento como vocal de Bernardo de Lorenzo, actual presidente de la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT), uno de los supervisores que ha venido desempeñando el cargo con el salvoconducto del anterior Gobierno de Zapatero. Lorenzo, antiguo secretario de Estado, tenía todos los predicamentos para 'repetir' en la CNMC dadas sus excelentes conexiones profesionales con la vicepresidenta de la CE y titular de la Agenda Digital, Neelie Kroes.

La figura de Bernardo Lorenzo permitía al Gobierno estampillar el sello de independencia en el frontispicio del nuevo organismo regulador y disipar en consecuencia todas las suspicacias. Sin embargo, el comisionado en funciones ha declinado la invitación del ministro de Economía en un gesto de lealtad a la tropa socialista que comanda Rubalcaba. Es más, el presidente de la CMT ha aprovechado el Seminario de las Telecomunicaciones, que como todos los años se celebra por estas fechas en la Universidad Menéndez Pelayo (UIMP), para despacharse a gusto en contra de la nueva CNMC.

Lorenzo ha afirmado públicamente sus discrepancias sobre el modo y manera con que se ha manejado el Gobierno, advirtiendo de lo que considera una integración traumática que, en su opinión, pueda afectar a la estabilidad regulatoria. El mensaje es el peor que puede ahora transmitirse desde España, por lo que es previsible que Álvaro Nadal tenga que trabajar horas extras como factótum de la CNMC para hacer entrar en razón a los vigilantes europeos. Al fin y al cabo, el director de la Oficina Económica es también el jefe de los sherpas que preparan las cumbres comunitarias en las que participa Mariano Rajoy, lo que le otorga un valor añadido como conocedor de los más alambicados entresijos que se mueven en Bruselas.