cuarto balón de oro para un jugador insaciable

Cristiano Ronaldo gana todos los asaltos

Como estaba previsto, sumó su cuarto Balón de Oro, pero hasta llegar a este punto ha tenido que librar muchas batallas. Y el portugués siempre salió victorioso

Foto: Cristiano Ronaldo posa con el Balón de Oro 2016 (FOTO: www.realmadrid.com)
Cristiano Ronaldo posa con el Balón de Oro 2016 (FOTO: www.realmadrid.com)

El cuarto balón dorado ya reposa en alguna vitrina de su domicilio. El misterio quedó al descubierto este lunes, cuando la revista 'France Football' hizo oficial que Cristiano Ronaldo era el ganador del Balón de Oro 2016. Se daba por hecho, porque los números acaban dictando sentencia en estos casos. Ganador de la Champions League con el Real Madrid y de la Eurocopa de Francia con la selección de Portugal, el debate abierto durante los últimos meses no tuvo la efervescencia de otras ediciones. Se daba por seguro quién ganaría el preciado galardón. Hace un año, nadie apostaba por este desenlace, época en la que el portugués tenía el ceño fruncido a diario. Pero cuando llegó el nuevo año, todo cambió en la vida del atacante. Afrontó una nueva y compleja etapa, y salió victorioso. Suele ganar Cristiano todos los asaltos...

No ha sido sencillo el tránsito de Cristiano Ronaldo hasta ganar su cuarto Balón de Oro, tercero que lo hace vestido de blanco. Ha vivido etapas de tonos oscuros en el club blanco, de “tristeza”, como él mismo manifestó en su momento. Le ha costado lo suyo sentirse querido y valorado sin condiciones en su propia casa, también porque ha afrontado encontronazos con diferentes personas que pudieron cortar de raíz su convenio con el Real Madrid. Su insaciable sed por ganarlo todo, por batir récords de todo tipo, le ha llevado al lugar que ocupa ahora. Al final, ha ganado todas las batallas que ha tenido que afrontar. Ha podido con todo y con todos.

Cristiano Ronaldo, acompañado por Florentino Pérez, el día en que firmó su última renovación. (EFE)
Cristiano Ronaldo, acompañado por Florentino Pérez, el día en que firmó su última renovación. (EFE)

La Undécima

Hace un año, el ambiente en el vestuario del Real Madrid era sombrío y lúgubre. Florentino Pérez se la había jugado con Rafa Benítez para que impusiera orden y disciplina en el vestuario tras los oscuros últimos meses firmados por Carlo Ancelotti. Quería el presidente un sargento al frente de la tropa, pero el tiro le salió por la culata. Muy pronto, el colectivo se cansó de los métodos del madrileño, empezando por un Cristiano Ronaldo que entonces meditaba qué camino seguir si el ahora entrenador del Newcastle continuaba siendo el jefe. El áspero relevo en el banquillo pintó una mueca de desaprobación en el rostro de Cristiano, muy cercano siempre al estratega italiano.

Muy pronto, en plena pretemporada, llegaron a oídos de Florentino Pérez los lamentos de los futbolistas, sobre todo los de Cristiano, que no era dichoso en el Real Madrid. Se exponía la institución a perder a su buque insignia, el hombre que con sus goles nutría de puntos y triunfos al equipo. El dirigente no tuvo más remedio que ceder a principios de 2016; despidió a Rafa Benítez y dio el bastón de mando a Zidane. El cambio fue radical a nivel colectivo, acentuado en el caso del portugués, que recuperó la sonrisa y se volvió a involucrar en la causa. El resultado final, Undécima en Milán. No fue su partido más brillante el disputado en San Siro, pero se encargó de ejecutar el penalti definitivo. No tembló. No suele hacerlo.

Cristiano y Mourinho tuvieron serias discrepancias en el Real Madrid. (EFE)
Cristiano y Mourinho tuvieron serias discrepancias en el Real Madrid. (EFE)

Mourinho

Sus relaciones fueron más tirantes antes, cuando partió peras con Mourinho. La convivencia pasó a ser insoportable, con un vestuario fracturado y un Cristiano Ronaldo, como otros compañeros, abiertamente enfrentado al polémico entrenador portugués. En aquellos tensos momentos sí peligró de verdad la continuidad del delantero en el Real Madrid. Florentino Pérez siempre apoyó al pendenciero técnico, pero como sucedió en otras guerras, acabó decidiendo a favor de los jugadores. Fueron momentos en los que la marcha de CR7 era una posibilidad real, comprendiendo el dirigente que el jugador no podía ser traspasado cuando Messi y el Barcelona parecían imparables. El único antídoto era Cristiano.

La figura de Leo Messi no es residual en la vida de Cristiano Ronaldo. El argentino entró en el mundo del fútbol profesional como un ciclón, dejando con la boca abierta a todos. El Barcelona dio un giro a la historia al ritmo que marcó —sigue haciéndolo— el argentino, sobre todo en la gloriosa época de Pep Guardiola. Florentino Pérez se empeñó en contratar al argentino e hizo varios intentos, pero desistió. Al final, comprendió el mandatario que ya tenía en sus filas a un jugador que podría ayudar a llenar las vitrinas del Santiago Bernabéu de trofeos, también para frenar al sudamericano. La última mejora y prórroga del contrato de CR7 lo pone de relieve, aunque más de uno le musitara a Pérez que ya estaba amortizado y era momento de hacer caja con una venta.

Messi y Cristiano Ronaldo se saludan antes del último clásico. (EFE)
Messi y Cristiano Ronaldo se saludan antes del último clásico. (EFE)

Un líder

El genio de Rosario ha provocado que la insaciable voracidad del portugués se haya multiplicado hasta el infinito. Tiene un Balón de Oro más el barcelonista, pero, hace años, pocos pensaban que Cristiano Ronaldo estuviera un día a tan solo uno de igualar a su colega, disputándole el laurel todos los años. Su ambición es tal que Cristiano Ronaldo también se propuso alcanzar el mismo reconocimiento que Messi. Este ha empujado al de Madeira a pelear a diario hasta el extremo para pulverizar todos los registros posibles a nivel individual, lo que también ha llevado al Real Madrid a sumar títulos. Menos que el Barcelona en los últimos tiempos, pero de mucho esplendor. La Décima y la Undécima, sin ir más lejos. Leo ha sido como una especie de vitamina para Ronaldo, jamás conforme con ser segundo.

En el vestuario también ha vivido momentos complicados, pero hoy en día sus compañeros tienen muy claro que no se le puede rechistar. Su talante altivo le ha provocado algún que otro problema, aunque en la actualidad su liderazgo, compartido con Sergio Ramos, no se discute en el corazón del grupo. Es el de Camas el que tiene más ascendencia sobre el colectivo, pero el portugués no le va a la zaga. Igual que antes tuvo choques con alguno, ahora nadie le discute y se le escucha cuando habla. Por algo es, como se suele decir en estos casos, "el que da de comer".

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