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'Lady Macbeth': de ama de casa a asesina inmoral

Florence Pough despliga su magnífica interpretación en la ópera prima de William Oldroyd, basada en la novela 'Lady Macbeth de Mtsensk'

Foto: La protagonista de 'Lady Macbeth', Florence Pugh.
La protagonista de 'Lady Macbeth', Florence Pugh.

Puede que su título sea inconfundiblemente 'shakespeariano', pero este demoledor relato de pasiones criminales -sobre el papel basado en la novela 'Lady Macbeth de Mtsensk', publicada por Nikolai Leskov en 1865- sobre todo recuerda a Madame Bovary, y Anna Karenina, y Lady Chatterley y otras heroínas literarias social y/o sexualmente oprimidas. Y mientras su protagonista, Katherine (Florence Pugh), se abre camino en su búsqueda de la libertad y en el proceso se mancha de sangre no solo las manos sino hasta el último recoveco de su alma, Lady Macbeth explora abusos históricos relacionados con el género, la clase y la raza con el fin de poner a nuestra propia sociedad frente al espejo.

Al principio de la película, Katherine ha sido arrojada por su padre a un matrimonio pactado en la Inglaterra rural del siglo XIX. Frustrada por su nueva vida de aislamiento en una granja remota, ni siquiera puede obtener gratificación sexual de su marido, que obviamente no siente afecto alguno por ella y se limita a ladrarle o directamente a ignorarla. Es prisionera en su propia casa, y así lo enfatizan no solo los corsés que viste sino también las austeras paredes blancas que la rodean y las imponentes simetrías formales que captura el director William Oldroyd, y que contrastan con el romanticismo indomable del paisaje que rodea la propiedad. La cámara, en todo caso, apenas sale al exterior, y la sensación de claustrofobia resultante ilustra con precisión los motivos de la joven.

Florence Pugh en un fotograma de 'Lady Macbeth'.
Florence Pugh en un fotograma de 'Lady Macbeth'.

Katherine, en todo caso, no es la típica víctima desamparada de un cuento gótico. La incapacidad de su marido para consumar el matrimonio la hace tomar conciencia del poder que su cuerpo y su sexualidad poseen, y ello despierta su afán transgresor. No tarda en empezar una relación sexual cada vez más tórrida con uno de los empleados de su marido, Sebastian (Cosmo Jarvis), y Oldroyd pone en evidencia el placer vengativo que ella obtiene cometiendo adulterio con alguien tan tosco y primitivo.

Oldroyd pone en evidencia el placer vengativo que ella obtiene cometiendo adulterio con alguien tan tosco y primitivo

Llegado el momento, obviamente, su romance prohibido ve la luz. Y entonces Katherine decide que no se dejará someter por nada ni por nadie, y que hasta el propio Sebastian es un mero instrumento en sus juegos de poder. En otras palabras, Lady Macbeth gradualmente se revela como algo muy distinto a la crónica de empoderamiento feminista que sobre el papel aparenta ser. Oldroyd manipula con habilidad nuestras respuestas emocionales: al principio nos podemos de parte de Katherine mientras se enfrenta a hombres corruptos para recuperar el control de su vida, hasta que queda en evidencia que la mujer es una psicópata dispuesta a infligir abusos y crueldad extrema sobre gente inocente.

Otro fotograma de la película
Otro fotograma de la película

A medida que los cadáveres se van apilando sobre la alfombra, la película empieza a acusar problemas de verosimilitud psicológica. La evolución de Katherine de aburrida ama de casa a asesina inmoral se percibe atropellada, en el mejor de los casos, y como el tipo de rancio cliché que explica la rebelión femenina a partir de la patología y el histerismo, en el peor.

Cartel de 'Lady Macbeth'
Cartel de 'Lady Macbeth'

Oldroyd no explora la tediosa existencia de la joven lo suficiente, y como consecuencia de ello nos sería imposible entender su angustia y su extremo comportamiento posterior de no ser por la magnífica interpretación de Florence Pugh, capaz de sugerir alternativamente asco y fascinación y deseo con una sola mirada impertérrita; y de convencernos, o casi, de que en ocasiones la única forma que una mujer tiene de sobreponerse al aplastante patriarcado imperante en la sociedad en la que vive es pagar a los opresores con su misma moneda y dejarles luego propina.

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