los libreros defienden que este no es su sitio

La Feria del Libro veta a las editoriales de autopublicación: "Nos sentimos humillados"

Cinco editoriales denuncian que no les dejan acudir a la cita anual del libro en la capital que abre hoy sus puertas en el Retiro por no distribuir físicamente en librerías suficientes

Foto: Directores de tres de las editoriales que no podrán acudir este año a la Feria del Libro de Madrid. (Carmen Castellón)
Directores de tres de las editoriales que no podrán acudir este año a la Feria del Libro de Madrid. (Carmen Castellón)

Están en la Casa del Libro, en la Fnac o en El Corte Inglés. Sus libros pueden comprarse por Amazon, librerías digitales o en algunas convencionales. Llevan años en el sector de la edición del libro y alguna factura hasta un millón de euros. Sin embargo, el visitante que se pasee a partir de este viernes 26 de mayo por la Feria del Libro de Madrid no podrá encontrar sus sellos en las casetas. Y no porque no quieran estar, sino porque no les dejan.

En total, cinco editoriales han presentado un requerimiento a la Asociación de Editores de Madrid, a la que pertenecen, por lo que consideran que es una “exclusión injusta” de la cita anual del libro en la capital madrileña. Acusan a la organización de la feria de cambiar cada año el reglamento para dejarles fuera y de una “persecución” a la autopublicación para que no ocupe lugar en las casetas del parque del Retiro.

Algunas de las firmantes llevan años intentándolo sin éxito, como Bubok, la primera editorial que abrió el camino de la autoedición en España hace casi una década. “Cada año nos han ido denegando por una razón. El primero que lo intentamos nos llegó tarde la convocatoria; el segundo se acogieron a que no podían estar las que ofreciesen servicios editoriales [cobrar por editar un libro] y autopublicación; luego, como las grandes editoriales empezaron a desarrollar sus propios sellos de autoedición, añadieron "las que se dediquen 'principalmente' a esta actividad"; después montamos una librería para ir como libreros, pero no nos admitieron en el gremio, y este año nos han dicho otra vez lo de la autopublicación”, enumera Sergio Mejías, director de la editorial española que edita 200 títulos al año y facturó 800.000 euros en 2015, casi siete veces más que otras editoriales pequeñas con caseta como Fórcola (120.000 euros en 2014) o 12 veces más que Sajalín (64.000). “Hay una práctica mafiosa de un gremio que no permite que vaya nadie que no sean sus amigos”, añade.

Junto a ellos, también Entrelíneas Editores, Éride, Bohodón y viveLibro han presentado sus casos de exclusión de la feria. Cada uno tiene su propia casuística, aunque todos comparten tener la autoedición como pieza más o menos importante de su empresa. Curiosamente, algunas de ellas, como Éride o viveLibro, sí estuvieron presentes en antiguas ediciones, hasta que se cambió el reglamento y quedaron excluidas. “Nosotros tenemos autopublicación, edición tradicional y coedición, y estuvimos en la feria hasta que metieron el 'principalmente', de un año para otro”, apunta Rubén González, editor de viveLibro.

Hay una práctica mafiosa, no permiten que vaya nadie que no sean sus amigos

En el caso de Éride, ni siquiera presentan el sello con el que hacen autopublicación a la Feria del Libro, sino el tradicional que ocupa la mayor parte de su catálogo. “Llevo 20 años en el sector y prácticamente todos he estado en la feria, hasta que un año discutí con ellos y me dijeron que no iba a ir más”, explica Ángel Jiménez, el director. Un caso similar fue el de Entrelíneas, una editorial tradicional que tuvo caseta hasta el año 2005 después de un encontronazo con los libreros por una de sus firmas. Desde entonces, tampoco han vuelto a ser admitidos. “Es una injusticia, nos sentimos maltratados; en una ocasión nos llegaron a decir que era por competencia desleal solo porque salí en la tele diciendo que regalaría un pequeño libro en blanco, como una libreta, por ser el aniversario de la editorial”, afirma Carmelo Segura, su editor. “Ahora, como no saben por dónde salir, dicen que hacemos autoedición y que no distribuimos en librerías, cuando es mentira”.

Los libreros tienen la última palabra

El problema surge de la propia configuración de la comisión organizadora de la Feria del Libro de Madrid, compuesta por cuatro vocales en representación de los libreros, tres de las editoriales y dos de las distribuidoras. Según reconoce el propio Gremio de Libreros, estas editoriales "no tienen cabida en esta feria porque son los libreros los que la organizan y ellos no están en las librerías", en palabras de Fernando Valverde, secretario del gremio y de la comisión organizadora del evento. "Es un agravio al resto de editoriales que sí tienen un oficio de editor", añade. Según la Asociación de Editores, que no comparte esa valoración, han restringido todavía más su presencia desde hace dos años gracias al peso numérico que tienen los libreros en la toma de decisiones. “Quieren que vayan solo las editoriales que venden mediante sus librerías y la autopublicación a menudo utiliza otros canales”, señala Carlos Ortega, secretario general de los editores. El año pasado también estos votaron en contra de las propias editoriales que representan, aunque en esta edición cambiaron de opinión tras reunirse con ellos.

“Lo de que es 'la feria del libro' es una mentira, eso era hace 60 años, ahora es la feria de los libreros”, dice indignado Ángel Jiménez, de Éride. Curiosamente, el número de casetas de librerías es muy inferior al de editoriales (unas 120 frente a 330); un volumen que no se refleja en la dirección. “Nosotros no estamos no porque vayamos en contra de ninguna legislación legal, sino en contra de un reglamento que es discutible legalmente, que está hecho a medida para dejar fuera a gente que no les interesa por motivos personales”, añade Jiménez.

Este fin de semana se inaugura la edición 76ª de la Feria del Libro de Madrid. (EFE)
Este fin de semana se inaugura la edición 76ª de la Feria del Libro de Madrid. (EFE)

La presencia física en librerías es la herramienta a la que se acogen para dejarles fuera del evento, según el artículo 6.2 del reglamento que elabora la organización y en el que los libreros tienen también más peso a la hora de redactar. En el mismo párrafo se apunta a la autoedición como motivo de exclusión y a “los editores que no tengan distribución regular en librerías”.

Las editoriales dicen desconocer cómo han hecho ese cálculo, puesto que “distribuyen de manera regular a librerías de todo tipo”. Preguntada por esta cuestión, la dirección de la feria dice utilizar la web todostuslibros.com para ver “la media” de librerías donde están presentes las novedades de estas editoriales. No tienen en cuenta las ventas o que estén disponibles bajo demanda, sino la presencia física de los libros en los puntos de venta en el momento concreto de la consulta. “No es una medida fija, pero si están en menos de unas 25 librerías, consideramos que no es regular”, explica Manuel Gil, el director de la feria. Sin embargo, hecha la prueba por este periódico, editoriales que tendrán caseta este año en la feria, como, por ejemplo, Bibliópolis, Cairel o Biblioteca Castro, tienen sus libros en menos librerías que las excluidas. Además, dicha base de datos se basa únicamente en las librerías que están en CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros), que está detrás de la plataforma, dejando fuera por ejemplo a las grandes superficies. “No quiere decir que no vendamos, sino que no vendemos como ellos quieren”, apunta Natalia Rubio, directora editorial de Bubok.

No tienen cabida porque son los libreros los que la organizan y no están en las librerías

Apelan al ayuntamiento para que arbitre

Tras la desfavorable decisión de este año, las editoriales redactaron una carta al Ayuntamiento de Madrid, que cede el espacio en el parque del Retiro, para que mediase entre ambas partes. No han dado respuesta, según han afirmado a este periódico, porque “no quieren entrar a valorar las decisiones de la organización” sobre las que no tienen competencias. Manuel Gil, director de la feria, sí contesto a esta carta, asegurando que el método para no aprobar las solicitudes de participación fue “una mirada atenta a sus respectivas páginas web” y añadiendo que “todos compartirnos la incomodidad que estas empresas suponen para el funcionamiento de la actividad comercial y para el desarrollo de la feria”, en referencia a problemas en las firmas en años anteriores.

Sin embargo, todas las editoriales afirman que la decisión ya estaba tomada con anterioridad. Fueron citadas a finales de marzo, antes de la convocatoria oficial, a una reunión en la que aseguran que se les informó de que no serían admitidas: “Básicamente, nos trataron como 'los chicos malos' y no tenían respuesta cuando le preguntábamos las razones, simplemente nos dijeron que no íbamos a estar, nos quedamos helados”, señala Rubén González, de viveLibro.

El problema de Madrid es excepcional para la mayoría de ellas, que acuden de manera regular a otras ferias de literatura. Por ejemplo, Entrelíneas está ahora mismo en la de Fuenlabrada, en Madrid, y Bohodón suele ir a las de Valladolid, Sevilla, Oviedo o Valencia.

Denuncian que no acudir a la feria afecta a su imagen de marca y a sus ventas. (Carmen Castellón)
Denuncian que no acudir a la feria afecta a su imagen de marca y a sus ventas. (Carmen Castellón)

Tener una caseta en la Feria de Madrid tiene un precio en torno a los 1.800 euros por el puesto estándar, en el caso de estar agremiado como editor y el doble si no es el caso. Para algunas editoriales, los 17 días que dura la feria pueden suponer una parte importante de la facturación anual y una librería puede ganar en torno a 25.000 euros, por lo que es una cita solo comparable a la de Sant Jordi, la otra fecha marcada en rojo en el calendario de cualquier agente del sector.

Cierran dos librerías al día, algo está mal; igual hay que distribuir o vender de otra forma, pero al que lo hace, le ponen trabas

“En mi caso, suponía unos ingresos de 30.000 euros”, apunta Ángel Jiménez, de Éride. Pero no es solo una pérdida económica, también de imagen, prestigio, de contacto con los lectores y de dar servicio a sus escritores, según denuncian. “Es difícil explicar a tus autores que ya no pueden ir a firmar a la feria, de un año para otro”, se quejan en viveLibro. Este año echarán mano de la caseta de sus distribuidores o de algunas librerías donde tienen sus libros para que sus escritores puedan encontrarse con los lectores y firmar sus ejemplares.

Defienden la autoedición como modelo

Manuel Gil, el director de la Feria del Libro de Madrid desde noviembre del año pasado, reconoce que “la autopublicación es una tendencia a nivel mundial” e insiste en su interés en “analizar la situación” en próximas ediciones. Las editoriales no descartan continuar por la vía judicial, de manera colectiva o individual, si la situación no cambia, y defienden el hueco que ocupan dentro del sector del libro: “Creemos que el mercado es abierto y que no es incompatible, pero para ellos todo lo que no conozcan no tiene cabida, y es un sector en el que nadie quiere cambiar”, señala Sergio Mejías, de Bubok, para quien no estar en la feria es solo una de las trabas que se ha encontrado en la trayectoria de su empresa. “A las editoriales les interesa sacar 30.000 copias de su libro, distribuirlas y luego ya veremos las que devuelven; al distribuidor le interesa mover libros de un sitio a otro y ya está, y el librero sigue queriendo tener sus libros en depósito, no pagar por ellos, y lo que no vende, se devuelve… Y eso se mantiene hasta que se caiga, cierran dos librerías al día y algo está mal: igual hay que distribuir o vender de otra forma, pero al que lo hace, le ponen trabas”.

Comparan su caso con los recelos que hace unos años tuvo el sector con el libro digital y consideran que los contenidos de sus libros son cada vez “más relevantes”, frente a la crítica de la escasa calidad de sus títulos. “Somos una plataforma para dar a conocer a autores noveles que muchas veces son luego contratados por editoriales grandes”, señalan en viveLibro, y citan el caso de su autora Marisa Navarro, que debutó en la autopublicación y edita ahora con Planeta. “Pagamos como cualquier otro hijo de vecino los ISBN, las cuotas del gremio, el Dilve…", añade Rubén González, "pero no tenemos los mismos derechos, cuando aportamos mucho más volumen y negocio que otras. No nos permiten expandirnos”.

*En la primera edición de este artículo se recogía que Entrelíneas Editores prestaba servicios editoriales, un dato que ha sido desmentido por la editorial.

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