Ética y oro negro

Varios premios Nobel quieren al rey del petróleo fuera de los museos

Una carta firmada por Jason Box, Eric Chivian y Kevin E. Trenberth denuncia las donaciones a la cultura de la multinacional de David Koch, negacionista del cambio climático
Foto: El empresario petrolero David Koch (Reuters)
El empresario petrolero David Koch (Reuters)
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Ética y petróleo son dos palabras que no suelen casar bien. David Koch, propietario de la segunda multinacional privada más grande de EEUU, refina y distribuye petróleo como si no hubiera un mañana, además de químicos, gas, fertilizantes y todo tipo de sustancias contaminantes. Es el sexto hombre más rico del mundo, y su empresa, Koch Industries, ingresa unos 115.000 millones de euros al año.

Con semejantes recursos se puede permitir muchos lujos, entre ellos financiar exposiciones en museos de ciencia que minimizan la relación entre el cambio climático y la contaminación por combustibles fósiles y contribuir con 67 millones de dólares a la existencia de lobbies que niegan el calentamiento global. Y como es rico e influyente, también figura como donante y consejero en esos mismos museos, por ejemplo el Smithsonian de Historia Natural de Washington o el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.

Activistas en lucha

Hace años que los activistas protestan contra una relación viscosa que se repite con empresas como BP o Shell y que ensucia las finanzas de los museos de medio mundo. Pero ahora un grupo de activistas estadounidenses, reunidos bajo la organización Naturalhistorymuseum.org ha dado un paso más hacia la legitimación de sus denuncias a través de una carta firmada por un nutrido grupo de científicos en la que se exige el divorcio entre petróleo, cultura y divulgación: “Nos preocupa que la integridad de los museos dedicados a la ciencia y la naturaleza se comprometa por su asociación con intereses especiales que ofuscan la ciencia del clima, luchan contra la regulación medioambiental, se oponen a una legislación de energías limpias y buscan la laxitud de la regulación que limita la contaminación industrial”.

Firmada por 36 científicos y expertos entre los que hay tres premios Nobel, la carta llama a todos los museos dedicados a la ciencia a cortar su relación con la industria del petróleo y con quienes niegan la existencia del cambio climático, refiriéndose en concreto al propio Koch. “Cuando algunos de los mayores responsables del cambio climático y escépticos de ese cambio financian exposiciones en museos de ciencia e historia natural minan la confianza del público en la validez de las instituciones responsables de transmitir el conocimiento científico. Este tipo de filantropía corporativa se paga muy cara” afirman en el documento investigadores como Jason Box, Eric Chivian y Kevin E. Trenberth, miembros del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático que en 2007 ganó el Premio Nobel de la Paz por sus investigaciones y esfuerzos para dar a conocer sus efectos y buscar soluciones para frenarlos.

La misiva llama a todos los museos dedicados a la ciencia a cortar su relación con la industria petrolífera

La carta ha sido muy bien recibida por otros colectivos como el británico Liberate Tate, formado por activistas más relacionados con el arte que con la ecología y que sin embargo, también consideran problemático que una empresa como BP manche una colección de arte como la de británica Tate Gallery.

Lisa Weymouth, de ese colectivo, explicó a El Confidencial que tras años de protestas las reivindicaciones sobre el calentamiento global han alcanzado un punto álgido que está obligando a instituciones públicas y privadas a reconocer que apoyar a las petroleras es apoyar un modelo económico basado en la devastación del clima que afectará a las generaciones futuras. “La magnitud del cambio climático es tal que todos los sectores de la sociedad tienen que tomar responsabilidades para conseguir cambios en todas las esferas donde se pueden tomar medidas, ya sea tu casa, tu escuela, tu empresa, tu galería o tu museo. Por eso los científicos están en una posición privilegiada para exigirle al Smithsonian que expulse a Koch de su consejo, del mismo modo que nosotros como colectivo artístico tenemos una voz autorizada para pedirle a la Tate que no acepte el patrocinio de BP y al igual que los estudiantes de todo el mundo están presionando para que los fondos con los que sus universidades se financian rechacen los combustibles fósiles”.

'La magnitud del cambio climático es tal que todos los sectores de la sociedad tienen que tomar responsabilidades para conseguir cambios'

En países como EEUU, donde es habitual que las universidades inviertan en bolsa, el movimiento para exigir que renuncien a comprar acciones de petroleras y empresas contaminantes está convirtiéndose en una de las grandes luchas estudiantiles de esta década.

En Gran Bretaña colectivos como Liberate Tate o BP or not BP recurrieron en 2010 y 2011 al apoyo de la comunidad artística para hacer más visible su causa con cartas de apoyo firmadas por cientos de intelectuales y desde entonces han conseguido tres grandes triunfos: que el Southbank Centre renuncie al dinero de Shell, que el Museo de Historia Natural anuncie que no renovará su contrato con BP y que el Museo Tate pierda un juicio en el que se le obligó a desvelar el porcentaje de su presupuesto que procedía de BP.

“Quizás eso sea lo más sangrante, descubrir que en realidad el patrocinio de BP apenas es un 0.5% del presupuesto total de un museo como Tate y sin embargo se agarran a él como si fuera esencial cuando en realidad, teniendo en cuenta los beneficios multimillonarios de una petrolera, para ellos no es dinero y sin embargo, figurar entre los donantes del museo contribuye a lavarles la cara frente al mundo” explicó a esta periodista Mel Evans, miembro de Liberate Tate.

La carta de los científicos está abierta a firmas de todo el planeta  y en abril el colectivo Naturalhistorymuseum.org se la entregará a los responsables del museo Smithsonian para solicitar que David Koch sea expulsado de su consejo. Entre quienes la  suscriben también hay gente como James Powell, quien estuvo al frente del Museo de Historia Natural de Los Ángeles en el pasado y quien afirma que “más allá de la necesidad de informar y educar a la gente sobre ciencia los museos tienen la obligación moral de estar en el lado correcto del debate sobre el calentamiento global”, según declaró al diario The Guardian.

'Figurar entre los donantes del museo contribuye a lavarles la cara frente al mundo'

El Smithsonian es un caso claro de cómo el dinero sigue pesando mucho más que la ciencia y que la ética, como subrayan los ecologistas estadounidenses, que han denunciado como una nueva ala de ese museo dedicada a los orígenes y la evolución del hombre y financiada con 15 millones del señor Koch muestra un video en el que se le pregunta al espectador qué pasará cuando la temperatura del planeta suba “muchos grados en un futuro muy lejano” y se le dan a elegir dos respuestas tan poco científicas como surrealistas “¿seremos más altos, con el cuerpo más delgado, como un jirafa? ¿o tendremos más glándulas para el sudor?”. Se inauguró hace cinco años y allí sigue, invitando al visitante a pensar que eso del calentamiento global es cosa de la ciencia ficción y no de la realidad inminente.

The Guardian se posiciona

En 2010 fue el Museo de Ciencias Naturales de Londres el protagonista de una polémica similar por un nuevo espacio patrocinado por la petrolera Shell en el que se hablaba de cambio climático en términos neutros, sin pronunciarse con claridad sobre las pruebas científicas que demuestran que está causado por el hombre. Desde entonces, y coincidiendo con el vertido de petróleo de BP en el golfo de México, las presiones de los activistas británicos se han multiplicado, no sólo en ese museo sino en centros como el British Museum, la National Gallery o la Royal Shakespeare Company, donde no hay una relación directa entre el contenido y el patrocinador como en los de ciencias pero donde la ética de ser financiado por empresas que contaminan indiscriminadamente y niegan sus consecuencias, como antaño ocurría con el patrocinio de las empresas de tabaco, es más que dudosa.

Hace apenas diez días incluso el diario The Guardian tomó la iniciativa pionera para un periódico de declararse editorialmente a favor de la lucha contra el cambio climático y lanzó una campaña de recogida de firmas (ya han reunido más de 140.000 incluyendo las de celebridades de medio mundo) para exigirle a las dos fundaciones filantrópicas más grandes del planeta, Bill y Melinda Gates y Welcome Trust, que renuncien a invertir (en bolsa) en empresas que contribuyen a las emisiones de CO2. Welcome Trust contestó el miércoles rechazando amablemente la invitación.

 

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