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El petróleo ensucia la cultura británica

El dinero no tiene color, ni partido político, ni conciencia. ¿O sí? ¿Habría algún museo dispuesto a recibir dinero de Philip Morris para financiar una de

Foto: Un momento de la acción de 'Liberate Tate'.
Un momento de la acción de 'Liberate Tate'.
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    El dinero no tiene color, ni partido político, ni conciencia. ¿O sí? ¿Habría algún museo dispuesto a recibir dinero de Philip Morris para financiar una de sus exposiciones temporales? Seguramente, hace 20 años no le hubiera importado pero hoy, cuando cientos de informes avalan que el tabaco provoca cáncer, las instituciones culturales pasarían por apuros morales en caso de aceptar. Sería un suicidio mediático. Sin embargo, los bancos, causantes del colapso financiero que arrastró a medio mundo a la crisis financiera, y las petroleras, que niegan su impacto medioambiental y dificultan con sus lobbies el avance hacia un mundo sin combustibles fósiles, lavan sus pecados con el patrocinio de la cultura, aunque su dinero sea tan tóxico como el del tabaco. El silencio es la norma… con excepciones.

    El pasado sábado, en el corazón del museo Tate Britain de Londres, se celebraba con una gran fiesta la remodelación de sus galerías y la reorganización de su colección, que recorre cinco siglos de historia y abría sus puertas al público bajo el título BP Walk through British Art (Paseo British Petroleum a través del arte británico). Ni la Tate, ni el British Museum, ni la National Gallery hacen ascos al dinero de la petrolera BP, que utiliza su relación con la cultura británica para presentarse ante la sociedad como empresa con conciencia verde.

    Pero en las salas el flamante logo de BP no estaba solo, sino acompñado por el colectivo Liberate Tate, un grupo formado por unos 50 artistas y activistas, que desde 2010 denuncia el patrocinio de BP, y exige al museo que rompa su relación de 23 años con una petrolera que se sirve de la institución para “lavar su imagen pública con el detergente de la cultura progresista”.

    Crímenes contra el futuro

    “Poner las palabras ‘arte’ y ‘BP’ juntas significa enmascarar la naturaleza destructiva y obsoleta de los combustibles fósiles, y darle a los crímenes contra el futuro una pátina de brillo pulido e inoxidable”, proclama el grupo en su manifiesto fundacional.

    Cuando los asistentes a la inauguración comenzaron a ver desfilar a unas 50 personas vestidas de luto a la española, con velos de ese color y libros en la mano, pensaron que se trataba de una de las performances organizadas con motivo de la inauguración. Pero se trataba de una acción protesta no programada y titulada Partes por millón, en la que, siguiendo los mapas del interior de Tate Britain escondidos en sus libros, y arrancando en la sala dedicada a la década de 1840 recorrieron todas las estancias desde ese año hasta nuestros días.

    Al tiempo, recitaban el número de partículas de dióxido de carbono presentes en la atmósfera desde entonces hasta ahora. Ya hemos llegado a las 400 partes por millón. Según los científicos, lo aceptable serían 350, cifra rebasada peligrosamente recientemente.

    Liberate Tate se reúne una vez al mes para programar sus acciones, “con las que queremos generar preguntas, no respuestas”, explicó a El Confidencial su portavoz, Kevin Smith. Quieren denunciar la relación enfermiza entre el mundo de la cultura y el petróleo, que en Gran Bretaña patrocina a un gran número de instituciones, tanto BP, como Shell.

    “Utilizar su dinero significa legitimar el trabajo de empresas que lo único que están haciendo es ponerle freno a la transición hacia un mundo sin combustibles fósiles. El calentamiento global tiene una relación directa con ellos y la pregunta que hay que hacerse es: ¿Queremos seguirles dando poder o queremos quitárselo? Las instituciones culturales les dan legitimidad social y eso les permite seguir haciendo lo que les da la gana. Nosotros queremos acabar con eso”, afirma Smith, un investigador que trabaja en el ámbito del cambio climático.

    Prohibido criticar al patrocinador

    Quizás lo más sorprendente sea como nació este grupo de artctivistas, que ya ha realizado una decena de acciones en ‘territorio Tate’ en los últimos tres años. El museo organizó en enero de 2010 un taller sobre arte y desobediencia civil, dirigido por el grupo The laboratory of insurrectional imagination. Los responsables de la institución les advirtieron que podían hacer lo que quisieran excepto atacar al museo o sus patrocinadores.

    Sin embargo, según relató John Jordan, co-fundador del Laboratory of insurrectional imagination en un artículo en la revista Art Monthly, la prohibición, que les fue transmitida a los 33 participantes, incendió los ánimos de los presentes, que cerraron sus dos días de taller colgando un cartel en una ventana de la Tate Gallery que decía: “Sí al arte, no al petróleo”.

    La polémica no quedó ahí. El intento de censura por parte del museo llevó a los participantes a organizar una votación, en la que un 80% de los participantes se declaró a favor de exigirle al museo que rechazara el patrocinio de BP. A raíz del resultado, se organizaron para preparar acciones con ese objetivo, mientras observan con lupa los movimientos de la Tate.

    En marzo de 2010 el museo organizaba otro taller titulado: El reto del cambio climático: artistas y científicos imaginan el mundo del mañana. Era un sábado, día patrocinado por BP para conmemorar sus 20 años de relación con el museo. Un mes después una explosión en una de las plataformas petrolíferas de BP dejaba un rastro negro y catastrófico en la costa del Golfo de México, provocando un vertido de petróleo equivalente a cinco millones de barriles de crudo. Era demasiado.

    En mayo de ese mismo año, coincidiendo con el décimo cumpleaños del museo Tate Gallery nacía Liberate Tate, ofreciéndole a la institución como regalo de cumpleaños una promesa de acciones continuadas hasta que rechacen el patrocinio de BP.

    Acciones con permiso

    En los últimos tres años se han unido nuevos miembros “del campo del arte y toda la sociedad”. Juntos han derramado petróleo sobre un hombre desnudo, le han regalado a la Tate una hélice de una tonelada procedente de un molino eólico que depositaron -no sin problemas- en la célebre sala de turbinas, y han practicado hasta un exorcismo...

    El museo permite estas intervenciones y no denuncia al grupo, pero se ha negado a mostrarle sus cuentas, una reclamación hecha también por otros grupos de artistas que firmaron manifiestos contra BP cuando se produjo el vertido de la Costa del Golfo. “Es lo más surrealista. Hay una denuncia presentada que tiene que resolver el Tribunal de Información, para que nos digan cuál es la aportación real de BP. Sospechamos que es bastante baja, puesto que en 2011 la empresa anunció que se gastaría diez millones de libras en cuatro instituciones londinenses por un periodo de cinco años. La Tate ingresa anualmente cinco millones de libras sólo en patrocinios. Es decir, todo indica a que BP, cuyo ex presidente forma parte del consejo de asesores del museo, está explotando a la Tate en su propio beneficio”, explica Smith.

    Las acciones de Liberate Tate han tenido eco entre los activistas londinenses, que también han creado Shell Out Sounds, un coro crítico y cómico que boicotea los eventos que organiza el centro cultural Southbank, patrocinado por Shell. Y Reclaim Shakespeare Company, que hace parodias teatrales para criticar el patrocinio de BP en la Royal Shakespeare Company. La guerra está en marcha. 

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