La música ochentera contra el president

El día que el punk escupió a Pujol

Los punkis barceloneses fueron los primeros en atizar y burlarse del estadista. España y Cataluña estaban entonces rendidas a los encantos de un líder al que 'ABC' nombró "español del año" en 1985

Foto: Punks de Madrid y Barcelona en una manifestación contra la OTAN en 1986 ((Archivo Merche Meme González y Alicia Carmona)
Punks de Madrid y Barcelona en una manifestación contra la OTAN en 1986 ((Archivo Merche Meme González y Alicia Carmona)
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El psicodrama Jordi Pujol ama Suiza ha partido Celtiberia en dos: los que no sabían nada del asunto y los que lo sabían todo desde tiempos inmemoriales. Si uno no puede evitar la risa floja al ver a Pilar Rahola cayéndose de un guindo, no menos risible es escuchar a los políticos cañís diciendo aquello de "esto lo vengo denunciando yo desde 1983".

En efecto, todos lo sabíamos, pero no nos tembló el pulso a la hora de convertir a Pujol en la prima donna del bipartidismo español. El President era la garantía de que en España gobernaran siempre PP y PSOE con mayorías y sin ellas. En otras palabras: la pujolmanía ochentera y noventera es un fenómeno tan catalán como español, y el que no esté dispuesto a leer catalán en la intimidad mientras gobierna...que tire la primera piedra.

El premio de 'ABC'
El premio de 'ABC'

Mediados de los ochenta. El diario ABC - poco sospechoso de querer romper España- nombra a Pujol Español del Año. La derecha cañí admiraba entonces a los conservadores de CiU por haber vapuleado electoralmente a las izquierdas catalanas, como explicaba ABC en la portada de 1985 en la que entronizó a Pujol: "Vencedor absoluto de las elecciones catalanas, Jordi Pujol ha demostrado en 1984 que los socialistas pueden perder las elecciones en 1986... Jordi Pujol, como antes Tarradellas, con la actitud de servicio a España, desde un sentimiento catalán irrenunciable, con la bandera española ondeando en el Palacio de la Generalitat y presidiendo su despacho junto a la catalana, ha contribuido considerablemente a hacer viable la Constitución y la Monarquía democrática que ha restaurado las libertades en España. Todo ello le ha convertido, a juicio de la redacción de ABC, en 'el español del año'".

Pujol era pues idolatrado tanto en Barcelona como en Madrid, pero hasta el consenso más gigantesco tiene siempre alguna grieta. El grano en el culo del Pujol de los ochenta se llamó punk barcelonés, que atizó sin cuartel al President y a todo lo que representaba durante una década (hasta que los fastos olímpicos del 92 les barrieron de las calles).

Hablamos de una escena musical underground que evolucionó del nihilismo, la autodestrucción y la heroína al anarquismo y la movilización política callejera (de la okupación a la insumisión). Y siempre con un grito de guerra: Que pagui Pujol! El ripio salió de una canción de L´odi social que hacía alusión a la costumbre punk de colarse en el transporte público y espetarle a los revisores: "Que pagui Pujol!"

Más allá del gusto por el transporte público gratuito, la frase se convirtió en un símbolo de la resistencia punk a las autoridades del oasis catalán, y sirvió para titular un libro de referencia sobre esa época: Que pagui Pujol. Una crónica punk de la Barcelona de los ochenta, publicado por Joni D en 2011.  

"Entraba ya el año 1983, el PSOE había ganado las elecciones generales, por primera vez un gobierno de izquierdas en Madrid después del gobierno del Frente Popular del 36. España ya estaba preparada para dirigir su futuro. Creo que realmente la transición duró el tiempo necesario para preparar a los Felipe González y compañía (PSOE, PNV, CDC, UCD, PCE...) con el objetivo de que dirigieran nuestro futuro y para reeducar a los Fraga con el mismo afán. El caso es que mucha gente se dio cuenta rápidamente de que no había cambio real", escribe Joni D en el libro.

En efecto, Pujol estaba lejos de ser la única diana de la muchachada de las crestas. Haciendo bueno aquello de "contra toda autoridad", el punk barcelonés la tomó también con el PSOE (eran los tiempos de las manifestaciones contra la OTAN y el servicio militar obligatorio), con el PSC (incluido el arrase de una de sus sedes en 1983) y con el nacionalismo español (un poco a la manera de Eskorbuto y sus célebres rajadas: "A la mierda España y a la mierda el País Vasco").

La moraleja está cantada: si en 1985 gran parte de la sociedad catalana miraba con horror a esa horda de punkIs descamisados que pedían al President que les pagara el autobús, quizás ahora empiecen a verles con otros ojos. Al menos nadie se atreverá a defender que Pujol no tiene dinero suficiente en el banco para pagarle el metro a los chavales. Ni a negar que la frase "Que pagui Pujol!" ha resultado ser profética. La hemeroteca no miente: los primeros en mofarse del ahora achicharrado ex President fueron los punkis. Al César lo que es del César. 

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