El punk contra la Casa Blanca
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la época más reivindicativa de la música

El punk contra la Casa Blanca

Tres libros recuerdan la época más explosiva de la música en EEUU, cuando grupos como Dead Kennedys o Husker Dü criticaban al poder

Foto: Ian MacKaye, cantante de Minor Threat durante un concierto
Ian MacKaye, cantante de Minor Threat durante un concierto

Los años ochenta no fueron solamente una orgía de cocaína, supermodelos y brokers de Wall Street buceando en millones. Mientras la MTV desplegaba un mundo de fantasía pop, la escena underground vivía una ebullición política que chocó directamente contra el gobierno del país. En los últimos meses, se han publicado tres libros que recuerdan aquella sacudida cultural. Quizá debamos decir contracultural, pues mantiene fuertes lazos con las protestas y experimentos vitales de los años sesenta. "Era como el movimiento hippie, pero con carga nihilista", recuerda Thurston Moore, guitarra y voz de Sonic Youth.

El lado oscuro de California

En 2013 se cumplieron 50 años del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, el presidente más mediático de la historia. Remando contra el consenso, un joven anarquista decidió que su grupo se iba a llamar Los Kennedys Muertos. Suintensa trayectoria se explica en Dead Kennedys: muerte al sueño americano (Marcos Gendre, Quarentena Ediciones). ¿Cuál era el objetivo de estas canciones? "Queremos destruir cierta forma de pensar o, mejor dicho, de no pensar, que está muy difundida en Estados Unidos". Sus letras atacaban el imperialismo (Kill the Poor), la alienación social (Your Emotions) y el giro a la derecha del estado donde vivían (California Über Alles<).

A los 21 años, Biafra se presentó a las elecciones para alcalde San Francisco. Su programa proponía legalizar la ocupación de viviendas abandonadas, elegir democráticamente a la policía del barrio y obligar a los banqueros a trabajar disfrazados de payaso. No le fue mal: quedó cuarto entre diez candidatos.

Cruzada moral en Washington

Biafra era un maestro del humor con enjundia política, pero también un organizador: impulsó la influyente distribuidora Alternative Tentacles y creó una asociación contra la censura. Fue la primera persona en la historia de EE.UU en ser llevado a juicio por las letras de un disco. Su denunciante se llamaba Tipper Gore, esposa del futuro vicepresidente de Bill Clinton. Apoyada por las "esposas de Washington", Gore emprendió una cruzada moral contra las canciones de contenido político o sexual (la segunda de a bordo era Susan Baker, señora de James Baker, mano derecha de Ronald Reagan). ¿Cuál fue el resultado de la batalla legal? El líder de Dead Kennedys ganó en los tribunales, pero perdió en los grandes superficies comerciales, demasiado intimidadas por el jaleo mediático como para distribuir los discos de Biafra. Por el camino, el joven punk ganó fama nacional, llegando incluso a aparecer en el popular programa de Oprah Winfrey.

El fermento de Nirvana

Dead Kennedys fueron el trueno que anunciaba la tormenta. Pronto más grupos se sentirían asqueados por el giro conservador del país. "Recuerdo a esos estudiantes levantándose por la mañana en los dormitorios de la universidad. Se ponían traje y corbata, agarraban un maletín y se ponían a hablar sobre un tipo de California llamado Ronald Reagan. Decían que iba a ser el próximo presidente del país. Yo debatía con ellos en clase de oratoria o de política". Quien habla es Bob Mould, cantante y guitarra de Hüsker Dü.

Su historia está recogida en Nuestro grupo podría ser tu vida (Contra, 2013), aclamado libro del periodista Michael Azerrad, que repasa los conflictos de la escena punk y hardcore en Estados Unidos. Desde 1982 hasta 1991, el underground libró una batalla campal contra la industria. ¿Vencedor final? Los chavales. Discográficas, radiofórmulas y cadenas de televisión se vieron obligadas a ampliar sus criterios estéticos y políticos. Gracias a esta pelea, Nirvana pudieron llegar al número uno de la listas de ventas del país.

Punks contra policías

Diarios como The Guardian o Los Angeles Times han incluido el libro de Azerrad entre los cincuenta mejores de la historia de la música. El texto es la crónica de un levantamiento político-musical. Grupos como Fugazi, sucesores de Minor Threat,provenientes de Washington DC, operaban con estricta disciplina, en las antípodas del "sexo, drogas y rock and roll". Su lema principal era el "hazlo tú mismo": editaban sus propios álbumes, se negaban a fabricar merchandising y prohibían que las entradas de sus conciertos costasen más de cinco dólares.

Mientras tanto, los míticos Black Flag convirtieron su carrera en una pelea contra la policía de Los Ángeles. "De ahí sacamos la idea de tocar canciones tan breves. Queríamos tocar el máximo, pero sabíamos que teníamos veinte minutos antes de que los agentes aparecieran para cortar el sonido", explica Greg Ginn, guitarra del grupo.The Minutemen, otro nombre clave, eran capaces de convertir sus conciertos en actos de denuncia contra la intervención militar de EE.UU en América Central.

Protestas frente a la Casa Blanca

Otro libro que destripa la época es Estragos de una juventud sónica (Alternia, 2013). Lo firma el prestigioso periodista musical Ignacio Juliá, que mantiene una cordial relación con Sonic Youth desde 1988. Aquel año, el grupo publicaba Daydream Nation, cuyo título hace referencia a la ingenuidad política de la mayoría de los estadounidenses (podría traducirse como "el país que sueña despierto"). "En realidad", explica Juliá, "la crítica a los gobiernos republicanos arranca ya con el título de Bad Moon Rising en 1985 (traducible por "acecha una mala época"). Luego prosigue en 1991 con canciones como Youth Against Fascism, que trata sobre las protestas y caceroladas juveniles ante la Casa Blanca contra la primera intervención en Irak.

En 2004 publicaron la canción Peace Attack, contra la revancha bélica de George Bush Jr. tras los atentados del 11-S en Nueva York". Desde hace dos décadas, el grupo ha mantenido vivo el rechazo al militarismo de su país.

Sonic Youth y el 11-S

Otra historia interesante recogida en el libro: el estudio de grabación Sonic Youth fue afectado por el ataque a las Torres Gemelas. Tras el shock de la experiencia, Thurston Moore decidió compartir con algunos compañeros de profesión artículos de Susan Sontag y Michael Moore contra la política exterior de Estados Unidos (Vietnam, Chile, Nicaragua, Irán…). ¿Qué respuesta obtuvo? "Algunas voces de la escena alternativa no vieron con buenos ojos aquel cuestionamiento de las esencias patrióticas. Moore dejó de enviar artículos. Esto viene a confirmar que las apariencias engañan. Llevar el cuerpo tatuado y tocar en un grupo hardcore no tiene porque significar una ideología digamos de izquierdas, aunque esta terminología quedó obsoleta hace ya mucho", apunta Juliá. Algo había cambiado en el underground.

Ironía derrotista

El periodista Michael Azerrad explica así los años post-Nirvana: "La beligerancia desapareció por completo del mundo indie. Fue sustituida por un aislamiento asfixiante, que resulta evidente tanto en el depresivo farfullar de Cat Power como en ese indie-rock-que-reflexiona-sobre-el-indie-rock de Pavement. Asumir riesgos estaba prohibido. Muchos músicos buscaron refugio en la ironía, donde nada se revelaba y todo se podía ocultar". Básicamente, el clima no ha cambiado desde entonces. Quien dice "ironía" podría decir "cinismo" o "narcisismo", las dos actitudes dominantes en la escena indie desde mediados de los noventa. Pero esto ya es otro debate...

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