las dotaciones caen en picado

Auge y caída de los premios literarios en España

Las vacas flacas. Así se pincho la burbuja de unos galardones pactados por las editoriales y financiados por empresas y ayuntamientos vinculados al ladrillo
Foto: El periodista Màxim Huerta, ganador del premio Primavera de novela 2014. (Efe)
El periodista Màxim Huerta, ganador del premio Primavera de novela 2014. (Efe)

Nombre del nuevo premio: Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Finalistas: Juan Bonilla, Rafael Chirbes y Juan Vásquez. Fallo: 27 de marzo. Cuantía: 75.000 euros. ¡Albricias!, pensarán ustedes, vuelve a correr el dinero en el mundo editorial español. Ocurre que se trata de un galardón internacional con fuertes raíces latinoamericanas. Está vinculado a un macro encuentro literario (semana de la Cátedra Vargas Llosa), que se celebrará en Lima cada dos años. Nuevo ejemplo del músculo financiero de las industrias culturales emergentes, en contraste con las restricciones presupuestarias europeas.

Al margen de su significado como ejemplo del nuevo orden geocultural, lo interesante del premio Vargas Llosa es que nos recuerda nuestra época de vacas gordas literarias. Y que al hacerlo surgen las contradicciones: ¿Deberíamos sentir nostalgia de nuestra burbuja de premios literarios?

Los galardones literarios en España están en plena recesión. Hace unas semanas se entregó el Primavera de Novela al televisivo Màxim Huerta. Convocado por la editorial Espasa y el Ámbito Cultural de El Cortes Inglés, contaba con una cuantía golosa: 100.000 euros para el ganador (adelanto a cuenta de las futuras ventas).

El Primavera, auspiciado por Planeta y El Corte Inglés, ha desplomado su cuantía un 50%Sucede que, hasta 2012, el Primavera daba 200.000 euros al ganador y 30.000 al finalista (categoría ahora desaparecida). Respaldado por el todopoderoso Grupo Planeta y creado en 1997, el Primavera ha reducido su desembolso a menos de la mitad.

El Premio Fundación José Manuel Lara, organizado antaño por doce editoriales (Algaida, Anagrama, Destino, Espasa, Lengua de Trapo, Mondadori, Planeta, Plaza y Janés, Pre-Textos, Seix Barral, Siruela y Tusquets) se creó en 2002 para premiar con 150.000 euros (en promoción) a la mejor novela española del año, pero dejó de darse en 2009.

César Antonio Molina, exministro de Cultura, y José Manuel Lara, en la entrega del Fundación Lara. (Efe)
César Antonio Molina, exministro de Cultura, y José Manuel Lara, en la entrega del Fundación Lara. (Efe)

Conclusión: los premios han perdido cuantía porque ya no sirven como reclamo para vender como se vendía antes y los patrocinadores ya no sueltan dinero con tanta alegría. Escritores que vendían razonablemente bien han pasado a vender razonablemente mal. La crisis ha dinamitado la clase media literaria.

La burbuja novelística

Como casi todo lo relacionado con los años locos del milagro económico español, los ayuntamientos y las cajas de ahorros jugaron un rol importante en la formación de la burbuja literaria.

Cajas de ahorros ahora quebradas financiaron incontables galardones de novela la pasada décadaHay muchos casos de estas prácticas. La Obra Social de Caja Castilla-La Mancha patrocinó hasta 2010 el Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio, concedido por la editorial Martínez Roca. Caja Castilla-La Mancha fue intervenida por el Banco de España en 2009. La también intervenida Caja Mediterráneo financiaba el Gabriel Miró y el Gabriel Sijé. Caja Madrid (ahora Bankia) tres cuartos de lo mismo. Y así hasta sumar decenas de galardones financiados la pasada década por cajas de ahorros que basculan ahora entre la quiebra, la nacionalización y la solvencia. 

Un fenómeno patrocinador vinculado también al boom promocional de los territorios costeros. Está, por ejemplo, el premio Azorín de novela, organizado por la Diputación de Alicante y la editorial Planeta desde 1994. Pese a los graves problemas económicos que atraviesa la diputación en los últimos años, el galardón sigue en pie, aunque su cuantía ha bajado de los 68.000 euros de 2007 a los 45.000 de 2014.

El último y reciente premiado del Azorín, el escritor y periodista Ramón Pernas, vendría a ejemplificar la endogamia del mundo literario español y su sistema de puertas giratorias.

Raúl del Pozo, Ana María Matute y Ramón Pernas, entre otros, en el anuncio de un ganador del Primavera. (Efe)
Raúl del Pozo, Ana María Matute y Ramón Pernas, entre otros, en el anuncio de un ganador del Primavera. (Efe)

Pernas es el director de Ámbito Cultural, rama cultural de El Corte Inglés que patrocina diversos premios literarios. Pernas también ha ganado el Premio Ateneo de Sevilla, el Premio Internacional Emilio Alarcos de Novela, ha sido finalista del Nacional de Literatura y ha obtenido los dos premios principales del periodismo gallego (el Julio Camba y el Puro de la Cora). Pernas fue durante diez años el director editorial de Espasa Calpe, del grupo Planeta, organizadora a su vez del Premio Espasa y del Primavera (patrocinado, ay, por el Ámbito Cultural de El Corte Inglés).   

Barra libre

El ejemplo paradigmático de la burbuja literaria cañí tiene nombre levantino: Premio de Novela Ciudad de Torrevieja. El galardón, organizado por el Ayuntamiento de Torrevieja (Alicante) y la editorial Plaza & Janés (perteneciente a lo que antes se llamaba Random House Mondadori) se entregó entre 2001 y 2011. 

El Torrevieja irrumpió en el mundo editorial cual elefante en cacharrería: 360.607 euros para el ganador, el mayor premio español de entonces (hasta que poco después Planeta dijo 'hasta aquí podíamos llegar' y subió la dotación de su galardón estrella hasta los 601.000 euros).

Pongamos estas cifras en contexto internacional: en 2011, último año que se concedió, el Torrevieja era el tercer premio literario con mayor cuantía del mundo tras el Nobel y el Planeta (que se dice pronto). 

Puede que Torrevieja tenga menos tradición literaria que Estocolmo, pero a principios del siglo XXI no había campo político, social o cultural en España que no pudiera entrar en órbita con el dinero del ladrillo. Porque de eso trataba en el fondo el Premio Torrevieja: de la promoción de un municipio costero en pleno subidón inmobiliario. 

Los premios literarios más jugosos estaban ligados a ayuntamientos vinculados de un modo u otro a la construcción"En esa época, los premios literarios más jugosos estaban ligados a ayuntamientos vinculados de un modo u otro a la construcción. Bien porque la promoción cultural daba un aire de respetabilidad al negocio bien porque tenían tanto dinero que, ¡qué demonios!, les apetecía patrocinar un galardón literario", recuerda un reconocido editor independiente.

Entre los ganadores del Torrevieja se encuentran autores como Juan José Armas Marcelo, Zoé Valdes y César Vidal. Este último, célebre ex locutor de la COPE, protagonizó el pequeño gran escándalo literario del Torrevieja. Una performance cultural 100% española. Flashback:

Vidal con el Torrevieja.
Vidal con el Torrevieja.
Vidal es conocido en el mundo editorial por al menos dos motivos.

1) Su frenesí publicador. La pasada década (entre 2000 y 2009), Vidal publicó nada menos que 95 obras, incluidos títulos como Ovnis. ¿Cuál es la verdad? o Checas de Madrid: las cárceles republicanas al descubierto.  

2) Sus ideas derechistas. Desconocemos qué gestión tuvo lugar para que el autor se llevara el Torrevieja en 2005, año en el que publicó 20 libros (sí, no es broma), pero sí conocemos el pasmo que le dio a José Manuel Caballero Bonald -escritor progresista, ganador del Cervantes y presidente vitalicio del jurado del Torrevieja- cuanto le tocó entregar el premio a Vidal.

Durante la ceremonia de entrega, Bonald calificó la novela de Vidal (Los hijos de la luz) de "ideológicamente detestable, dudosa, oscura y sospechosa". Que no le gustó mucho, vaya.  

El rifirrafe César Vidal/Caballero Bonald es un buen ejemplo de los límites políticos de la cultura en España: todos se tiran los trastos ideológicos a la cabeza, pero nadie pone en duda el status quoEn efecto, que el presidente de un jurado literario califique un libro de "detestable" y proceda acto seguido a conceder el galardón a su autor, es algo que quizás sólo puede pasar en celtiberia. Vidal se tomó el rapapolvo de Bonald con deportividad y pidió a su editor incluir en la faja del libro la rajada. El rifirrafe Vidal/Bonald es un buen ejemplo de los límites políticos de la cultura en España: todos se tiran los trastos ideológicos a la cabeza, pero nadie pone en duda el status quo. Una cosa es ir de derechista o de rojo por la vida, y otra bien diferente renunciar a que el ladrillo cultural te agasaje compulsivamente. 

Por si todo esto no fuera suficiente, la performance cultural de 2005 contó con un invitado sorpresa: el novelista José Calvo Poyato se llevó los 125.000 euros concedidos al finalista del Torrevieja. He aquí un dato que les va a encantar: José Calvo Poyato es el hermano de la socialista Carmen Calvo, que entonces era (nada más y nada menos) la ministra española de Cultura.  

Vidal, Bonald y Calvo Poyato. O cuando las dos Españas están por fin de acuerdo en algo: al sol del ladrillo se está más calentito.  

Hasta 2007, cuando se eliminó la categoría de finalista, la factura de los premiados del Torrevieja salía por485.607 eurosHasta 2007, cuando se eliminó la categoría de finalista, la factura de los premiados del Torrevieja salía por 485.607 euros al erario público, pero a esto había que sumarle los fastos de la entrega del premio. Las crónicas de la época hablan de cena, fiesta y desplazamiento para 400 invitados del mundillo literario español.

Entre ellos, un veterano de la industria que ha ejercido de jefe de prensa, corrector y traductor de diversas editoriales y que recuerda las juergas del Torrevieja con estas inmortales palabras:

"Era todo a cuerpo de rey, exagerado, como una boda. La noche acababa con una barra libre en Pachá. Y te advierto que montar una barra libre hasta las seis de la madrugada para la gente del mundo literario, puede arruinar al más pintado". 

A por las migajas

Decíamos antes que la crisis ha acabado con la clase media literaria. Este desclasamiento está afectando de un modo curioso a los galardones. Habla otra vez el editor de un sello independiente de referencia: "Los autores conocidos nunca se habían interesado por el premio de nuestra editorial, porque creían que su cuantía era demasiado pequeña. Pero eso ha cambiado en los últimos tiempos: ahora sus agentes literarios nos llaman interesándose por el premio". 

Y aquí es donde hay que explicar qué significa eso de "interesarse", que el editor dice utilizar como eufemismo de las pintorescas prácticas de los premios literarios españoles: "La mayoría de ellos están pactados", cuenta, declaración que a estas alturas de la película no debería escandalizar a nadie.

Los agentes, que se llevan un 15% del dinero que genera el autor, son la pieza clave de la concesión de premios en España"Los agentes no te proponen a las claras comprar el premio, sino que te lo sugieren, se sobreentiende, te pintan un panorama atractivo si su cliente lo gana. Te aseguran, por ejemplo, una buena inversión en promoción. Pueden ofrecerte la cesión de los derechos de su obra antigua. O cosas así. Los agentes literarios, que se llevan alrededor de un 15% del dinero que genera el autor, son una pieza clave de la concesión de premios literarios en España", añade el editor. 

Se llaman premios, en efecto, aunque quizás deberían llamarse herramientas. Las que utiliza la industria editorial española para promocionar y comercializar sus libros.

No es ningún secreto que una gran parte de nuestros galardones literarios están ligados a operaciones comerciales planeadas meses antes de que los jurados empiecen a leer (o algo) los manuscritos a concurso.

El mecanismo promocional

Si los grandes premios internacionales de prestigio se otorgan a obras ya publicadas, muchos de los galardones españoles, vinculados a las editoriales, se dan a libros por publicar. La diferencia no es baladí: no se trata tanto de premiar la calidad de un texto como de impulsar su carrera comercial.

Una práctica en la que la prensa cultural juega también un papel perverso: cualquier cosa que lleve la palabra premio añadida, interesa.

Todos contentos, pues, jugando al simulacro de concurso literario: las editoriales consiguen promocionar sus libros, la prensa llenar sus páginas y el autor cobrar (más) a través de un patrocinador.

No hay casi premios que no se den a dedo. Ni que tengan el más mínimo prestigio culturalAhora bien: ¿Cuáles son las consecuencias culturales de estas prácticas? "No hay casi premios literarios en España que no se den a dedo. Tampoco hay casi premios literarios en España que tengan el más mínimo prestigio cultural", afirma el editor independiente, que salva de la quema algunos galardones de poesía.

"Los premios suelen venir acompañados de un patrocinador. Así que a poco que vendas, ganas dinero. A las editoriales pequeñas y medianas nos viene bien, siempre y cuando no te impongan el ganador. En ese caso, mal asunto, porque a tu lector habitual igual no le gusta que publiques mierda", añade.

El escritor estadounidense Michael Connelly. (Efe)
El escritor estadounidense Michael Connelly. (Efe)
Al beneficiarse casi todos los actores de un modo u otro, nadie suele levantar la liebre, salvo que una editorial aproveche la golosa cuantía de un galardón para quitarle el autor a la competencia.

Entonces estalla un pequeño quilombo que saca a la luz el mecanismo. Recuerden la pelea entre RBA y Roca a cuenta de la concesión a Michael Connelly del premio RBA de novela negra en 2012. Se dice que RBA fichó a Connelly a golpe de talonario y bajo la promesa de obtener los 125.000 euros del galardón.

La pregunta cae por su propio peso: si los galardones están dados de antemano, ¿a qué se dedican los jurados de los premios literarios? ¿A comer medias-noches en sanedrines pactados?  Misterios sin resolver de la cultura celtibérica.

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