Un evento que nos afecta a todos

El peligro que tienen los maratones para la mayoría de las personas

Encontrarse en las cercanías de una de estas celebraciones deportivas, sin ser ni siquiera un espectador, pone en riesgo a los ciudadanos ante una emergencia médica

Foto: Participantes en la maratón de Madrid. (Efe)
Participantes en la maratón de Madrid. (Efe)

El pasado mes de marzo nos sorprendía el fallecimiento de Juan Murillo, médico de 55 años y experimentado 'runner', durante la celebración del vigésimo aniversario de la media maratón de Zaragoza. Es el caso que más nos toca por su proximidad geográfica y temporal, pero los ejemplos de muerte súbita entre los participantes que se inscriben a estas pruebas están en aumento, en proporción a la popularidad que año tras año va ganando esta prueba.

Recorrer 42 kilómetros y 195 metros es, a fin de cuentas, una agresión contra el organismo que afecta a las articulaciones, a nuestro corazón o incluso a nuestros riñones, tal y como contamos en un artículo publicado hace unos meses.

Con todo, el principal peligro para la salud de estos eventos podría no afectar a los corredores sino a la gente que vive en las zonas aledañas al recorrido y que ante ciertas emergencias podrían recibir una asistencia sanitaria deficiente que llegaría con retraso. Al menos eso es lo que asegura un estudio publicado en el 'New England Journal of Medicine'. Según su coordinador Anupam Jena: “Cuando las ciudades albergan grandes maratones o la gente participa en las carreras, nadie se da cuenta de que aquellos que no participan pueden morir por culpa del acontecimiento”.

Cada segundo cuenta

Mientras los participantes tienen una asistencia médica rápida y siempre disponible y los espectadores se encuentran protegidos por las fuerzas del orden, aquellos que se hallan aislados por la celebración de una maratón corren serios riesgos ante la eventualidad de una urgencia médica.

Las ambulancias tardaban 4,5 minutos más en recoger y entregar a los afectados por el cierre de las calles o porque los atascos aumentaban

En el trabajo de investigación señalado, se estudiaron 11 maratones de las principales ciudades americanas, desde el año 2002 hasta el 2012, sirviéndose de los datos recogidos por el programa Medicare. Se compararon las cifras de los pacientes ingresados en los hospitales en la jornada de la maratón, frente a los cinco días previos y posteriores. Se estudió después la mortalidad en los 30 días subsiguientes (es decir, el porcentaje de personas que había ingresado y que fallecía en dicho periodo) en aquellos pacientes afectados de un infarto de miocardio o de un paro cardiorrespiratorio.

Los pacientes asistidos en el hospital el día de la maratón tenían un 28.2% de posibilidades de morir en el mes posterior. El porcentaje se reducía al 24,7% en el resto de la población estudiada. Según el doctor Aaron E. Carrol, colaborador en ‘The New York Times’: “Es una diferencia en términos absolutos muy significativa”.

Foto: iStock.
Foto: iStock.


Los sujetos analizados no tomaron parte en la maratón de su ciudad. El volumen de pacientes en urgencias era siempre constante durante esos días y no se notaron diferencias por lo que respecta a la edad, el sexo la raza o las enfermedades crónicas. Lo que cambiaba radicalmente era el tiempo total en que los pacientes tardaban en recibir asistencia y llegar a los hospitales. Aunque las distancias recorridas por las ambulancias fueran parecidas, los vehículos tardaban 4,5 minutos más de media en transportar al afectado por culpa del cierre de las calles para la carrera o porque los atascos aumentaban. En algunos casos, ante el temor de los retrasos de las ambulancias, los pacientes renunciaban incluso al servicio e intentaban dirigirse al hospital por sus propios medios.

No tiene sentido que se destinen tantos medios para asegurar la integridad de los corredores y se dejen desprotegidos al resto de los ciudadanos

Anupam Jena señala: “Los maratones y otros grandes eventos populares son una parte importante en la vida de nuestras ciudades. Los organizadores, sin embargo, deberían tomarse en serio estos riesgos para los problemas cardiovasculares cuando planean los eventos, y encontrar mejores soluciones para asegurar que los afectados, durante la celebración de las carreras, puedan recibir una asistencia vital que necesitan cuanto antes”.

La mayor o menor velocidad con la que se administra una reanimación cardiopulmonar determina de manera drástica la supervivencia del paciente. En ese sentido, cada minuto que pasa hace disminuir en un 10% sus probabilidades de fallecer. De la misma manera, el tiempo total de transporte hasta el hospital aparece como una variable crítica.

Aunque las conclusiones puedan parecer exageradas hacen patente una realidad. No tiene sentido, a fin de cuentas, que se destinen tantos medios sanitarios para asegurar la integridad de corredores y espectadores mientras se baja la guardia y se dejan más desprotegidos al resto de los ciudadanos.

Alma, Corazón, Vida

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