El milagro explicado por la ciencia

El misterio de las rocas de Castilla-La Mancha que se mueven solas

El extraño fenómeno de las piedras navegantes ha obsesionado durante décadas a los investigadores. Se trata de un prodigio que se puede verificar incluso en nuestro país

Foto: Un ejemplo de piedra viajera. (Creative Commons)
Un ejemplo de piedra viajera. (Creative Commons)

El fenómeno de las rocas que se mueven aparentemente solas parecía suceder hasta hace poco exclusivamente en el suroeste de Estados Unidos. Hace apenas unos años, se describió, sin embargo, un suceso parecido en la laguna denominada Altillo Chica en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Esta rareza ha recibido nombres como “piedras navegantes”, “piedras deslizantes” o “piedras móviles”, conformando un prodigio que parece sacado de una experiencia psicodélica: grandes rocas que se desplazan, sin intervención humana o de otro ser vivo, dejando como demostración de su desplazamiento largas estelas impresas sobre el terreno.

Para entender mejor lo que ocurre con estas piedras que parecen imbuídas de una fuerza paranormal necesitamos retrotraernos al sitio en el que primero se verificó la curiosa anomalía. Donde siglos atrás se extendía una masa de agua en forma de lago, se halla hoy Racetrack playa, un área desértica, rodeada de colinas escarpadas y ubicada en medio del Parque nacional del Valle de la Muerte. Semejante yermo del Este de California ha sido, desde hace décadas, objeto de numerosos estudios por parte de la comunidad científica. Entre las montañas Cottonwood al este y la cordillera Last Chance al oeste, Racetrack playa guarda en sus nueve hectáreas (unos diez campos de fútbol) uno de los misterios de la naturaleza más insólitos, que hasta hace poco permanecia sin explicación.

Piedras con ganas de viaje

Las dudas sobre si el evento era real o producto de alguna ilusión llevó a que los investigadores colocaran sobre las rocas transpondedores que demostraran el hecho de forma objetiva a través de GPS. Tras verificar que el suceso era irrefutable tocaba comprender los porqués, algo que no halló una aclaración definitiva hasta agosto de 2014, gracias a un trabajo coordinado por el profesor en paleobiología Richard Norris y publicado en la revista 'Plos One'.

Las investigaciones manejaban hipótesis variopintas. Las explicaciones a través de fuertes vientos y placas de hielo eran las más difundidas

Semejante rareza se encuentra documentada ya desde los primeros años del siglo XX. No obstante, como cuenta Norris a ‘Motherboard’, “el primer estudio científico data de 1948, siguiéndole después toda una serie de publicaciones”. Desde entonces “cada diez años aproximadamente alguien publicaba otro ‘paper’ acerca de Racetrack, pero nadie basaba su carrera científica en un trabajo así. Era solo una especie de divertido misterio”.

Vista aérea de Racetrack Playa. (Creative Commons)
Vista aérea de Racetrack Playa. (Creative Commons)

Norris, sin embargo, se sintió siempre atraído como consecuencia de la influencia de su tío, un geomorfólogo de la Universidad de San Diego. Junto a su primo James, Richard se colaba en los viajes que la universidad realizaba periódicamente a Racetrack. Ya como adultos, ambos familiares decidieron que había que resolver de una vez por todas lo qué de verdad ocurría allí.

Las investigaciones previas manejaban hipótesis muy variopintas. Algunas atribuían como causa los fuertes vientos, otras establecían teorías sobre posibles placas que se formaban alrededor de las rocas y que las llevarían a flotar, literalmente, sobre la arena. Otras conclusiones menos científicas se apoyaban, incluso, sobre eventualidades como la levitación acústica, un fenómeno físico por el que en determinadas circunstancias las ondas de sonido consiguen mantener un objeto suspendido en el aire.

El humedal de Castilla la Mancha ha llevado a dos investigadores de la Complutense a presentar un modelo alternativo al americano

Tras dos años de trabajo, Richard y James Norris pudieron ser testigos del fenómeno del movimiento estableciendo definitivamente una teoría ecléctica. Ambos pudieron comprobar que cuando caía una cantidad suficiente de lluvia sobre Racetrack para crear charcos, y la temperatura descendía de manera significativa, el agua acababa congelándose en finas placas de hielo de gran extensión que acababan rodeando las rocas. Cuando el sol matutino comenzaba despuntaba derritiendo el hielo, bastaba que una suave brisa soplara sobre el desierto para que las placas de agua sólida se movieran, arrastrando las rocas en su desplazamiento.

El misterio en España

Los geólogos María Ester Sanz-Montero y Juan Pablo Rodriguez-Aranda de la Universidad Complutense de Madrid fueron quienes describieron un milagro similar al de Racetrack en diciembre de 2012 en un humedal manchego situado cerca de la localidad de Lillo (provincia de Toledo). Lo que hace aún más insólito este caso es que aquí, además, las piedras se desplazan sobre una superficie ligeramente ascendente.

La buena conservación de las trazas y de las estructuras sedimentarias de la laguna ha llevado a los investigadores españoles a desarrollar, incluso, un modelo alternativo al americano, ya que en el humedal de Lillo el hielo no participa en el transporte. El agua aquí no llega a congelarse, a pesar de las bajas temperaturas que a veces se registran, al ser la laguna ligeramente salina (el punto de solidificación es inferior a los cero grados en el agua con sal).

Trazas dejadas por las rocas en la laguna de Lillo. (creative Commons)
Trazas dejadas por las rocas en la laguna de Lillo. (creative Commons)

Lo que se propone en este caso es que el movimiento de las rocas se produce durante episodios tormentosos, y está relacionado con las características del suelo, donde proliferan colonias de bacterias, algas unicelulares y otros organismos, generando una especie de tapiz microbiano de espesor milimétrico. Debajo del mismo habría otro tipo de microorganismos que producirían gases. Cuando el tapiz se rompe por una tormenta, el sedimento fangoso, rico en burbujas, quedaría expuesto, siendo empujado por la corriente y arrastrando en su avance ramas y plantas herbaceas. La distribución del peso de las rocas sobre estas masas de sedimento deslizante favorecerían así su propulsión final gracias al viento y al agua. Las piedras que se mueven rodeadas de sedimento no dejarían rastro, las que solo se apoyan en parte generarían, sin embargo, los surcos sobre el suelo, como marcas de las aristas que sobresalen de las bases.

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