UN CÍRCULO VICIOSO QUE PERJUDICA A TODOS

Qué provoca tener becarios que trabajan gratis: "Me explotan, pero las cosas son así"

¿Es necesario pasar una temporada sin cobrar para conseguir trabajo en un restaurante de alta cocina? Esta situación perjudica a los becarios, pero también a los compañeros

Foto: En las cocinas de los grandes restaurantes es habitual que los 'stagiers' no reciban ninguna retribución. (iStock)
En las cocinas de los grandes restaurantes es habitual que los 'stagiers' no reciban ninguna retribución. (iStock)

El caso de los 'stagiers' no remunerados de los restaurantes de alta cocina ha reabierto la puerta a una larga serie de preguntas sobre el mercado laboral y las relaciones empresariales que el mundo académico ha intentado responder durante las últimas décadas: ¿es muy común que las empresas contraten a trabajadores 'gratis', como parte de su proceso de aprendizaje? ¿Cuál es el sector donde esta práctica resulta más habitual? ¿Por qué aceptan hacerlo? Y, es más, ¿qué ocurre con todos aquellos trabajadores que ya forman parte de dicha industria?

Podemos encontrar algunas respuestas en un estudio publicado por la profesora de 'management' Sabina Siebert, de la Universidad de Glasgow, en el que analiza a través de entrevistas los discursos habituales entre estudiantes y profesionales de la industria creativa (cocina incluida), donde resulta más habitual esta fórmula de contratación. Como señala la autora, “el trabajo no remunerado en este campo permite a la gente adquirir el capital social necesario para encontrar empleo”. Y, además, como recordaba David Desmonddalgh, este sector “los seduce para poner mucho de sí mismos en lo que hacen”. Por ejemplo, renunciar a un sueldo.

La motivación por ser creativos hace que sean menos sensibles a la explotación en un trabajo no remunerado

Ahí se encuentra la clave y la trampa, advierte la autora: en el capital social. ¿Qué entendemos como tal, según la definición de J.S. Coleman? Un conjunto de obligaciones, expectativas y confianza que se basa en la reciprocidad y en un sentimiento compartido que entiende que “el compromiso tendrá su recompensa; por ejemplo, a la hora de intercambiar información. El estudio recuerda que “al formar y mantener contactos profesionales, las redes son cruciales en el reclutamiento y selección en las industrias creativas”. No se trata, por tanto, tan solo de formarse, sino de hacer contactos y encajar en lo que la industria pide.

Hay una dificultad añadida en estos casos: “La naturaleza de la explotación hace que los individuos puedan no percibir que lo que les ocurre es explotación”. Algo aún más acusado en las industrias culturales, donde “la motivación para ser creativos hace que la gente sea menos sensible a la explotación en un trabajo no remunerado”. Estos periodos, que en un pasado tan solo duraban unas semanas (el verano), llegan a abarcar hasta año y medio en países como Reino Unido.

¿Por qué debería trabajar gratis?

¿Cuál era la respuesta más común que ofrecían los becarios cuando se les preguntaba si estaban explotados en su trabajo? Aunque el 59% admitía que trabajar sin ser pagados era, efectivamente, “explotación”, también consideraban que “las cosas son así”. Uno de ellos, por ejemplo, admitía lo siguiente: “No conozco a nadie que haya conseguido trabajo sin participar en alguna clase de empleo voluntario”. Se considera un paso imprescindible para obtener empleo a corto o medio plazo. Algo que no se corresponde con la realidad: tan solo el 45% de los consultados había conseguido empleo después de una beca no remunerada.

“Congraciarse con la industria”, “que les suene mi cara” o “abrirse camino” son tres razones que los becarios apuntan para trabajar sin cobrar

Pero esto no quiere decir necesariamente que en este periodo se adquiera un aprendizaje imprescindible para desempeñar un trabajo que de otra manera no podría obtenerse, sino simplemente que es algo que se espera que se haga. Como señala una fuente sindical, “hay una implicación no escrita de que si te quedas con nosotros, trabajas duro y aprendes, cuando surja algo serás el primero en saberlo”. Es decir, trabajar durante un periodo de tiempo determinado sin cobrar tiene ante todo como objetivo situarse en una hipotética cola virtual en la que estás por delante de los miles de competidores con la misma formación que tú. ¿Por qué? Porque tú ya has pasado por ahí, y conoces a la gente apropiada.

“Congraciarse con la industria”, “que les suene mi cara” o “abrirse camino” son tres razones que los becarios apuntan para trabajar sin cobrar. Pero las cosas, por lo general, no son como ellos las imaginan. En muchos casos, “las empresas no dan a los trabajadores no remunerados una experiencia de trabajo real”, sino que a menudo cubren puestos vacantes hasta que se encuentra un sustituto, bajas maternales o, simplemente, realizan el mismo trabajo que los empleados a tiempo completo.

Lo que en principio era un simple periodo de formación termina convirtiéndose en un requisito para trabajar... si acaso. (iStock)
Lo que en principio era un simple periodo de formación termina convirtiéndose en un requisito para trabajar... si acaso. (iStock)

Se trata de un “círculo vicioso”, según la terminología empleada en el estudio: “Para acceder a los canales de información en la industria, uno necesita tener acceso a experiencia laboral, pero para acceder a tener experiencia se necesita tener un canal de información dentro de la industria”. ¿Qué ocurre entonces? Que son aquellos con buenos contactos —es decir, de buena familia o que hayan estudiado en las mejores universidades— o que pueden permitirse trabajar sin cobrar durante un largo periodo de tiempo quienes tienen ventaja competitiva sobre otros trabajadores. Sobre todo, teniendo en cuenta que, según los datos que presenta el estudio, “aquellos que se quejan por no cobrar rápidamente son considerados como no aptos para trabajar”.

... Y esto es lo que pasa con el resto

¿El resultado? Miedo. Tanto a no conseguir trabajo en un sector cada vez más competitivo como el relacionado con empleos creativos como a ser “victimizado” si se levanta la voz para pedir un sueldo. “Esto crea una cultura en la que este miedo normaliza la expectativa de trabajar sin cobrar”, explica el estudio. Algunos de los entrevistados que sugirieron que quizá deberían cobrar por lo que hacían vivieron “tensiones por parte de actitudes menos que amistosas de otros compañeros, una falta de interés en su aprendizaje, y la dificultad para participar en un trabajo valioso”.

Cuanto más abaratas algo, más compiten los trabajadores. Si se sale de madre, terminará siendo un sector completamente voluntario

El estudio examina otra posible consecuencia de esta costumbre instaurada de trabajar sin cobrar: ¿qué pasa con aquellos que ya están empleados en una compañía y que tienen que pasar su jornada con trabajadores que no perciben retribución? Obviamente, no lo pasan nada bien en una situación de competencia extrema (“perro come perro”) que redunda en una bajada de sueldos generalizada. “Cuanto más abaratas algo, más compiten los trabajadores, y si se permite que esto se salga de madre, terminará convirtiéndose en un sector completamente voluntario”, lamenta otra fuente sindical.

El resultado es obvio. Aparte de que los profesionales a tiempo fijo tienen que competir con trabajadores en formación que resultan mucho más baratos que ellos y, por lo tanto, degradan sus condiciones laborales, tampoco los becarios aprenden demasiado. Es algo de lo que ya han hablado investigadores como J.F. Graery o L. Byoung-Hoon en referencia a la competencia entre trabajadores temporales y permanentes: especialmente en aquellos campos donde se requiere una menor cualificación, los becarios no remunerados son percibidos como una amenaza para los profesionales, especialmente en periodos de crisis y despunte del paro.

“Estás aprendiendo de los mejores en un ambiente real, no te está costando un duro y te dan alojamiento y comida, es un privilegio”, manifestaba el chef Jordi Cruz. La mayor parte de estos empleos se concentran en los sectores mejor pagados, donde por lo general se contrata a trabajadores que provienen, como mínimo, de la clase media. Un serio escollo para la movilidad social, puesto que tener que trabajar sin cobrar deja automáticamente fuera de la carrera a las capas más bajas de la sociedad, como señalaba otra investigación publicada en el libro 'Intern culture: a literature review of internship reports, guidelines and toolkits from 2009-2011'.

¿Quién termina accediendo a los trabajos del sector creativo? Tan solo aquellos que tienen los contactos adecuados o que han pagado el precio que la industria impone (trabaja para nosotros gratis). No todos. Únicamente un porcentaje minoritario que además degrada las condiciones laborales del resto de compañeros, y empeora el ambiente laboral. Un círculo vicioso que no parece beneficiar a nadie… O, al menos, tan solo a unos pocos.

Alma, Corazón, Vida

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