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Cinco excelentes consejos para no tomarte las cosas personalmente

Caer en este error nos pasará factura a la hora de tener relaciones con el resto de personas. La psiquiatra Abigail Brenner nos enseña cómo evitarlo
Foto: No debemos guardar nuestros problemas ni creer que nos atacan constantemente. (iStock)
No debemos guardar nuestros problemas ni creer que nos atacan constantemente. (iStock)

Los seres humanos somos seres sociales y en nuestra naturaleza reside la necesidad de relacionarnos con el exterior y con otras personas. Por mucho que en ocasiones creamos que somos personas totalmente independientes, esto no es así.

Estamos influenciados por la gente que está a nuestro alrededor. Lo que somos, nuestra forma de pensar y de actuar dependen en gran medida de la sociedad y de las personas más cercanas a nosotros.

Formar parte de un colectivo nos hace sentir bien, al igual que tener confianza y apego hacia nuestros amigos y familiares. Sus palabras de agradecimiento, aprecio y apoyo permiten que nos sintamos más satisfechos, pero sus críticas y reproches también nos afectan, aunque de forma contraria.

Dejar que tengan más influencia las opiniones externas que las nuestras es una dinámica negativa

En ocasiones estos reproches son fundamentados, pero otras veces no. Es peligroso tomarnos demasiado personalmente estas recriminaciones, ya que podríamos terminar por dejar a un lado nuestras ideas y forma de ser por la otra persona. Cuando perdemos el control sobre nosotros y damos más importancia al resto de la gente, entraremos en una dinámica muy negativa.

Al permitir que las decisiones que nos afectan ya no sean nuestras, provocará que acabemos por atarnos a alguien, no disfrutemos de la libertad que necesitamos e incluso que nos sintamos como víctimas. Por otro lado, es muy posible que acabemos por ser personas reacias al cambio.

Otra reacción muy habitual es que guardemos nuestros problemas hasta que uno nos saque de nuestras casillas. En ese momento acabaremos saltando y creyendo que nos están atacando directamente a nosotros.

Seguramente todos nos hayamos sentido así en alguna ocasión. Por estos motivos, la psiquiatra Abigail Brenner explica en Psychology Today cinco pautas a seguir cuando alguien se encuentre en semejante tesitura.

1. Concéntrate en qué significa la relación

No todas las relaciones valen lo mismo. Es muy útil preguntarse si se está invirtiendo lo suficiente, o demasiado, en otra persona. Otra cuestión a la que debe prestarse atención es si uno debe ser siempre agradable y servicial con la otra persona para estar bien, así como si hay riesgo de tener problemas cuando no se esté de acuerdo.

Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa, entonces existe un problema. Lo más probable es que nos encontremos ante una relación que no sea saludable.

2. Ponernos en la situación de la otra persona

Cuando la gente se comunica es porque quiere decir algo. Si no comprendemos por qué lo hace, quizá debamos intentarlo de nuevo. No todo el mundo tiene habilidades sociales ni facilidad para relacionarse. En ocasiones las personas son agresivas y groseras porque creen que va a ser la única forma en que se les escuche y salirse con la suya.

3. No sacar conclusiones demasiado rápido

Las suposiciones pueden ser nuestro peor enemigo. Las percepciones que tenemos respecto a un problema no siempre son verdaderas. Es habitual que la responsabilidad no sea nuestra, sino que pertenezca a la otra persona y no debamos sentirnos culpables.

Son especialmente vulnerables aquellos puntos en los que nos sentimos débiles. Ser consciente de ellos ayudará a controlarlos de mejor manera y estar preparado cuando sea necesario.

4. Crear un espacio propio

Reaccionar inmediatamente y sin pararnos a pensar un momento es un error muy común. Cuando surge un problema debemos controlar nuestras emociones antes de reflexionar sobre él. Crear este espacio es necesario para amortiguar el golpe y establecer unos límites respecto a la otra persona.

Brenner proponer imaginar que estamos en un gran prado con vallas blancas en el que nadie más puede entrar.

5. Hablar cuando se esté preparado

Ni es posible ni positivo evitar siempre las discusiones. Cuando estas lleguen, hemos de esperar pacientemente que sea nuestro turno y aprovechar cuando no lo sea para escuchar a la otra persona.

Cuando nos toque hablar debemos ser sinceros y explicar qué nos hace sentir. Es muy habitual que la otra persona no sea consciente de ello. Lo más posible es que siguiendo esta dinámica se llegue a buen puerto, pero en los casos en los que se tenga claro que el otro no nos respeta, es el momento de hacerle ver que la relación no va por el buen camino.

Alma, Corazón, Vida
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