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Desmontando el colesterol: “no hay nada parecido a una grasa obstruye-arterias”

Hay mucha confusión y controversia alrededor del colesterol. ¿Qué es exactamente? ¿Cómo debemos prevenirlo? ¿Qué peligros reales puede acarrear?
Foto: Los problemas de colesterol aparecen debido a unos hábitos de vida poco saludables. (Corbis)
Los problemas de colesterol aparecen debido a unos hábitos de vida poco saludables. (Corbis)

Las autoridades sanitarias calculan que en España 14,5 millones de personas tienen el colesterol elevado: la mitad de los españoles mayores de 18 años. Pero, aunque la mayoría de la gente sabe que existe el colesterol, y que no es bueno sobrepasar ciertos límites, muy poca sabe qué es realmente, qué significa “tenerlo alto” y cómo debe combatirse.

“Hay un montón de confusión y controversia alrededor del colesterol”, explica el profesor de medicina de la Harvard Medical School Dariush Mozaffarin en un reportaje de The Washington Post. “Hay confusión incluso entre los científicos que lo estudian”. Algo que, al final, acaban pagando los pacientes, que están muy perdidos respecto a lo que signica “tener colesterol”, una expresión tan extendida como imprecisa.

“La gente habla y escribe sobre el colesterol como una grasa que obstruye las arterias”, explica Mozaffarin. “Pero esa idea de que comes algo, se cuela en el flujo sanguíneo y obstruye tus arterias es, sencillamente, falsa. Nada remotamente parecido a eso ocurre”.

Estos son las principales dudas que surgen en torno al colesterol, y que la mayoría de la gente no sabe contestar.

¿Qué es el colesterol?

Tener elevados niveles de colesterol puede ser peligroso, pero el colesterol no es malo de por sí, de hecho, es un elemento necesario para el correcto funcionamiento del plasma sanguíneo, y realiza un buen número de funciones importantes. El colesterol es un lípido que se encarga de construir y mantener las membranas celulares y ayuda a que algunas hormonas que cumplen un papel fundamental en nuestro cuerpo, como el estrógeno o la testosterona, sinteticen la vitamina C; funciones todas ellas fundamentales para nuestra salud.  

¿De dónde sale?

Los constantes anuncios sobre alimentos que nos ayudarán a combatir el colesterol, y los consejos para evitar otros que elevan éste, han hecho creer a mucha gente que el colesterol es algo presente sólo en la comida. Y es algo que resulta muy confuso. Es verdad que hay alimentos que lo contienen, pero el colesterol proveniente de la comida apenas tiene impacto sobre el que tenemos en el cuerpo. El colesterol que circula por nuestra sangre no proviene de los alimentos, se produce en el hígado, y es sólo un componente, junto con el calcio y otros desechos, de la placa que  podría obstruir tus arterias, provocando ataques del corazón y ciertos tipos de ictus.

¿Qué significa “tener colesterol”?

Hasta hace muy poco tiempo los médicos medían de forma rutinaria el “colesterol total”. Si los niveles de éste sobrepasaban los 220 mg/dL te decían: “tiene usted colesterol”. Por suerte, a medida que ha avanzado nuestro conocimiento de la sustancia, sabemos que no tiene sentido hablar del colesterol en conjunto, sino de las dos lipoproteinas (partículas mitad grasa, mitad proteína) que se encargan de trasportar el colesterol de un lado a otro y que, juntas, constituyen el “colesterol total”. Estas son las lipoproteínas de baja densidad (LDL, por sus siglas en inglés), que llevan el colesterol a las células, conocidas vulgarmente como “colesterol malo”; y las lipoproteinas de alta densidad (HDL), que llevan el colesterol de vuelta al hígado, donde es reciclado o expulsado, que se conocen como “colesterol bueno”.

Para saber si tenemos problemas de colesterol no basta con conocer los niveles totales de éste

Las pruebas de colesterol, además de analizar cada tipo de coleterol por separado, miden los niveles de triglicéridos (otros conocidos de la publicidad alimentaria cuya labor real pocos conocen), un tipo de grasas que suelen acompañar a las lipoproteínas.

En un sistema cardiovascular saludable las LDL, las HDL y los triglicéridos mantienen unos niveles determinados, pero distintos factores de riesgo como fumar, el sedentarismo, la obesidad o una dieta pobre, pueden hacer que estén descompensados. Y es ahí donde empiezan los problemas.

Para saber si tenemos problemas de colesterol no basta con conocer los niveles totales de éste, debemos saber si las LDL están por debajo de los límites peligrosos (por debajo de los 130 mg/dL), si tenemos suficiente HDL (por encima de 45 mg/dL, aunque es preferible que superen los 60 mg/dL), y unos niveles de triglicéridos que estén por debajo de los 200 mg/dL. Hablando en plata, “el HDL es bueno, cuanto más tengas, menor será el riesgo de sufrir un problema cardiovascular”, explica Michael Blaha, director de investigaciones clínicas del Johns Hopkins Ciccarone Center for the Prevention of Heart Disease. “Todo lo demás tiene que estar bajo”.

Los niveles de colesterol se miden en los análisis de sangre. (iStock)
Los niveles de colesterol se miden en los análisis de sangre. (iStock)

¿Qué debemos hacer para no “tener colesterol”?

Aunque parezca mentira, los científicos siguen discutiendo acaloradamente sobre la mejor forma de acabar con los problemas de colesterol. La mayoría de investigadores coinciden en señalar que debemos perder peso, dejar de fumar y hacer más ejercicio, pero respecto a la dieta que debemos llevar (que es quizás lo más importante) no hay un consenso.

Muchos médicos siguen recomendando que las personas con un colesterol total alto eviten las comidas ricas en colesterol, como los huevos, pero cada vez hay un consenso mayor sobre la inutilidad de este consejo. También se pide a los pacientes con altos niveles de colesterol que dejen las comidas ricas en grasa, como el queso, la carne roja o el chocolate. Algo que también se está empezando a poner en duda.

Necesitamos comer de forma saludable, comidas lo menos procesadas posibles (especialmente plantas, aceite de oliva y frutos secos) y no definir las comidas por los nutrientes que tienen o dejan de tener

En 2006, un importante estudio realizado con 50.00 mujeres mostró que una dieta baja en grasas no logra proteger contra los infartos o los ictus y este mismo año, una revisión de estudios codirigida por Mozaffarin ha mostrado que las recomendaciones para evitar el consumo de grasas saturadas no ayudan a bajar los niveles de colesterol. Algo que refuerza la idea que vienen repitiendo numerosos científicos díscolos desde hace unos años: debemos dejar de culpar a la grasa de nuestra mala alimentación, y empezar a fijarnos en los carbohidratos y los azúcares. También en lo que respecta al colesterol.

“Básicamente, los alimentos son algo más que el colesterol y la grasa que contienen”, explica Mozaffarian. “Necesitamos comer de forma saludable, comidas lo menos procesadas posibles (especialmente plantas, aceite de oliva y frutos secos) y no definir las comidas por los nutrientes que tienen o dejan de tener”. Sabemos que la dieta mediterránea, que es el régimen alimenticio que tradicionalmente hemos tenido en España, es mucho más saludable que una dieta baja en grasas, y sus bondades podrían residir, precisamente, en que apenas contiene comidas procesadas y carbohidratos, pero sí muchas frutas y verduras y pescado.

Si tengo el colesterol alto, ¿debo medicarme?

En cuanto tus niveles de colesterol sobrepasen ciertos límites, y a partir de una cierta edad, tu médico te recetará estatinas, unos fármacos diseñados exprofeso para disminuir el colesterol. Su eficacia para tal fin está ampliamente comprobada y, de hecho, reducen el riesgo cardiovascular incluso en personas con niveles normales de LDL. 

¿Fumas? ¿Eres sedentario? ¿Comes bien? Todo esto importa. La clave reside en tu salud en conjunto, no en un número escrito en una hoja de papel

El problema del que cada vez están alertando más científicos es que las estatinas presentan una serie de efectos secundarios que es necesario tener en cuenta, como diversos problemas gastrointestinales, dolor de cabeza, insomnio y, lo más grave, afecciones musculares como la mialgia. Aún así, se recetan a diestro y siniestro. Y más que se pueden recetar.

Según las nuevas directrices sobre el colesterol que publicará el American College of Cardiology, y que adelantaron algunos científicos en The Lancet, las estatinas podrán recetarse al 31% de los americanos de entre 40 y 75 años que sufren colesterol.

Esto preocupa a muchos médicos, que creen que las estatinas deben recetarse en función de las características personales de cada paciente, y no de forma inmediata en cuanto una persona pase por la consulta con el colesterol alto.

Para Paul Ridker, director del Center for Cardiovascular Disease Prevention en Brigham, “las directrices son una buena herramienta para situarse, pero no se puede resumir toda la variabilidad y complejidad de la vida en una ecuación”. Y menos cuando se está hablando del colesterol, que no es una enfermedad, tan sólo un factor de riesgo. “Las enfermedades cardiovasculares pueden aparecer por muchas más cosas que el colesterol”, advierte Ridker. “¿Fumas? ¿Eres sedentario? ¿Comes biennbsp; Todo esto importa. La clave reside en tu salud en conjunto, no en un número escrito en una hoja de papel”. 

Alma, Corazón, Vida
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