edward hugh y el temor a la deflación

“España tiene que bajar los sueldos y los precios, pero asusta hacerlo”

El economista Edward Hugh, residente en Cataluña y autor de "Adiós a la crisis", analiza la situación económica de nuestro país tras la recesión
Foto: Edward Hugh ha vivido en España durante el último cuarto de siglo.
Edward Hugh ha vivido en España durante el último cuarto de siglo.

Las diferentes concepciones con que un mismo concepto, el de crisis, está siendo manejado por los economistas, nos tiene desorientados. Casi todos los expertos nos dicen que ya ha terminado, pero que queda mucho para que dejemos de notar sus efectos, que ya no estamos metidos en ella, pero que el paro va a continuar ahí mucho tiempo y que las cifras macroeconómicas van bien pero que no lo vamos a notar en la vida cotidiana.

La explicación de esta diferencia conceptual la ofrece el economista Edward Hugh, originario de Liverpool, graduado en la London School of Economics y residente en Cataluña desde hace 25 años, cuando señala que puede decirse que hemos superado la crisis, porque la financiera ya se ha terminado y también la otra, aun cuando no lo percibamos, porque ya no es una crisis, sino una nueva normalidad.  

La mala noticia es que en esa tesitura, en ese new normal, no estamos bien situados en absoluto. La situación española es complicada porque, como describe Hugh en su reciente ¿Adiós a la crisis? (Ed. Deusto), nos ha pillado uno poco indefensos ya que, al pertenecer a la unión monetaria, no podemos efectuar una salida a la japonesa, devaluando.

En ese contexto, uno de los mejores caminos para salir adelante es bajar salarios para ganar competitividad, como repetidamente se nos viene advirtiendo desde entornos financieros, insistiendo en que lo hecho hasta ahora no es suficiente. Para Hugh, las iniciativas que el gobierno ha tomado en ese sentido están teniendo más éxito del que parece, y del que el FMI y la Comisión nos reconocen, porque los salarios ya han bajado, por otra razón: "El stock de contratos va cambiando lentamente por efecto de la edad y los nuevos contratos son muy distintos en términos salariales, lo cual hace que el promedio se reduzca”.

Un esfuerzo colectivo para conservar fuerza productiva

Pero junto con esa necesidad competitiva, el FMI tiene otro interés, afirma Hugh, como es el de frenar la exclusión social. Lagarde insiste en que hay un 25% de paro, y que un país no puede tener tanta gente excluida de la recuperación. Por eso, insiste Hugh, ha de existir un esfuerzo colectivo plasmado en un consenso estilo pacto de la Moncloa de forma que se puedan bajar los salarios, para poder competir, pero también para poder compartir el trabajo y los salarios. Hay que tener en cuenta que si una parte significativa de la fuerza laboral española busca una salida fuera del país, y si las previsiones se cumplen (2,3 millones de personas emigrarían en 10 años, según el INE), tendríamos muy difícil cumplir con las expectativas de las pensiones. Rebajar salarios serviría, pues, para poder conservar esa mano de obra que nos resultará tan útil en términos de balance económico.

Hemos de recuperar parte de la actividad productiva que se fue al este de Europa

Pero que los salarios disminuyan debe aparejar una contrapartida, según Hugh, que no sólo sería conveniente, sino también justa. “La crisis se ha repartido mal dentro del país, pero también en Europa. Los socios comunitarios deberían pagar parte de los platos rotos. La situación tan grave que ha vivido España se ha producido a consecuencia del experimento del euro, que ha sido común, porque lo que no puede decirse que España y Grecia son las responsables y el resto de naciones tienen las manos limpias. Hay que asumir responsabilidades entre todos”.

Esa sería la clave, señala Hugh, que permitiría llevar a cabo la segunda parte del plan, bajar los precios. "En España no hemos querido hablar de esa medida por el riesgo deflacionista y su repercusión negativa en la deuda, que al ser ya tan elevada (un 95% del PIB) conduciría a una situación inasumible. Sin embargo, como la mayoría de la deuda está en manos de socios europeos, bastaría con una asunción de responsabilidad por su parte para hacer posible la bajada de precios, lo cual permitiría un nuevo y más prometedor panorama para España".

La recuperación de la actividad perdida

La salida estructural para España no es otra que la exportación. Y también deberíamos estar pendientes de las iniciativas que se están desarrollando en países como EEUU, tendentes a la relocalización, “que en el caso español puede pasar por recuperar parte de la actividad que se había ido al este de Europa. Pensamos que era suficiente con una economía basada en los servicios y en el sector inmobiliario, y se dejó escapar la industria. Es un error. España debe mejorar en ese sentido, porque tenemos poco nivel formativo, se necesitan trabajos no muy cualificados y eso quiere decir necesariamente industria”.

Las empresas y el sector financieron están asustados por la repercusión que tendría la deflación en la deuda

La segunda gran oportunidad española que se percibe en esa parte del mundo económico ligado a las finanzas es la de convertir nuestro país en La Florida de Europa, una residencia natural para jubilados europeos, que se beneficiarían de nuestro menor coste de vida, de nuestras condiciones climáticas y de un buen sistema sanitario. Hugh insiste en ello, aunque “habría que alcanzar acuerdos con los sistemas de salud de Gran Bretaña y de los países escandinavos para ver si se puede ofrecer tratamientos a menor precio”. Sin embargo, subraya el economista inglés, también habrían de tenerse en cuenta costes añadidos, "ya que los emigrantes más recientes están reagrupando a la familia en España, trayendo aquí a sus padres mayores desde Europa del este donde los servicios de salud son más deficientes. No tengo nada en contra, pero sí quiero hacer hincapié en que eso no es tan fácil como parece”.

No nos queda mucho tiempo

Sin embargo, las precondiciones para que España salga del pozo, no terminan de darse, porque políticos y economistas tienen mucho miedo a la deflación. “El sector financiero y las grandes empresas están asustadas por la deflación debido a la repercusión que tendría en la deuda pública y en la privada, pero por eso habría que hablar a nivel europeo para que el BCE pudiera llevar a cabo una política monetaria tipo japonés y comprase bonos de los estados, lo cual, en este contexto y si no se realizase para financiar a un gobierno sí podría tener cabida dentro del mandato del Banco Central Europeo".

Hugh advierte de que “por más que esto sea fácil decirlo y suene a solución racional de un macroeconomista, es evidente que hay que hacer algo, porque no nos podemos quedar mucho tiempo. Dentro de algún tiempo llegará otra recesión, y tendremos poca capacidad de absorber el golpe. Hay que reaccionar ahora”.

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