En realidad, y para ser justos, este artículo también podría titularse "13 cosas que a las mujeres les gusta preguntar por intrincados motivos que la neurociencia aún no ha logrado desentrañar". Y es que hay frases con las que ellos odian tener que lidiar y que ellas no pueden evitar pronunciar. Toda generalización es falsa, y más cuando alude a la celebérrima guerra de sexos (¿qué es eso?), pero de generalizaciones se han hecho los tópicos literarios, los iconos cinematográficos y hasta las constituciones y las leyes, así que no las despreciemos tan pronto.

Gina Barreca es profesora de Lengua inglesa en la University of Connecticut, y es autora del libro It's Not That I'm Bitter: How I Learned to Stop Worrying About Visible Panty Lines and Conquered the World (algo así como "No es que sea borde: cómo aprendí a dejar de preocuparme por las marcas visibles de las braguitas y conquisté el mundo"). Ha aparecido en numerosos programas muy conocidos de la televisión americana para discutir acerca de cuestiones de género, poder, política, cultura popular y humor. Y cree haber dado con las frases infalibles que harán que un hombre (uno estereotipado: no vayamos a herir sensibilidades) quiera recluirse en la soledad de su habitación y no volver a verte en varios días. Estas son algunas de las insidiosas frases femeninas (de féminas parodiadas) que desesperan a los respectivos cónyuges:

1. Entonces, ¿por qué tienes que seguir siendo su amigo si ya no sientes NADA por ella?

Y cuando una mujer dice "nada" en esta frase, alude exactamente a la nada como concepto filosófico, al vacío total, al no-ser. Nada: la indiferencia total. Eso implica, prácticamente, que es como si no la conocieras. Entiende que en ese "nada" maléfico no entran conceptos como el cariño, la amistad, el afecto o el interés general.

2. Tenemos que hablar. Hay algo que llevo queriendo decirte muchos días y que llevo pensando mucho tiempo, pero no sé cómo contártelo

Ese algo que la mujer lleva analizando durante toda la semana puede ser que odia los pantalones esos que te pones el domingo, pero no sabe cómo decírtelo siendo respetuosa y sin violar tu autonomía, pero dejando claro y meridiano que esos pantalones deben morir. De manera que, al escuchar esta frase, tampoco hay que entrar en pánico total. Las mujeres piensan, analizan y se preocupan durante días. Y necesitan expresarse. Ya está.

3. Simplemente admite que a tu madre y a tu hermana no les caigo bien, si no pasa nada

Son tres mujeres debatiéndose por el amor de un mismo hombre, y es normal que alguna de ellas se sienta minada en esa lucha mortal. Novias del mundo, recordad: a su madre y a su hermana no las ha elegido, a vosotras sí. Madres y hermanas del mundo, atended: sois su madre y su hermana, por favor, os quiere y punto.

Dicho esto, y para que los hombres del mundo también sepan a qué atenerse: no desesperéis con el comentario, son tres mujeres luchando por vuestro amor. Qué más queréis.

4. ¿Sabes qué día es hoy?

¿Esto es una pregunta? ¿Un test? ¿Un examen? ¿No se podría haber hecho con un poco de anticipación, tipo: "Sabes qué día es mañana"? ¿Es un examen sorpresa? ¿Qué pasa hoy? ¿Qué día es? ¿Tu cumpleaños? ¿Nuestro aniversario? ¿El aniversario del día que nos conocimos? ¿El aniversario del primer beso? ¿El cumpleaños de tu madre? ¿El día D?

Mientras todas estas preguntas pasan de modo acelerado por la mente del varón, ella continúa mirándole, sonriente. Pero la tensión y la gota de sudor que baja por la frente del encuestado hacen que esa sonrisa, dulce por lo general, se convierta en maquiavélica. Y entonces, gracias a esas pupilas que como rayos láser se clavan en el novio de turno, el susodicho llega resignado a la conclusión evidente: es el día de mi muerte.

5. Puede que lo haya tirado, no me acuerdo

¿Recuerdas los pantalones del punto 2? JA. Esta es la manera de solucionar dicha disyuntiva.

6. Más arriba, más abajo, más a la derecha, no pero un poquito más a la izquierda

¿Dónde, maldita sea, DÓNDE? ¿Si no lo sabes tú, como demonios quieres que lo sepa yo?

Es desesperante, en efecto. Pero, para ser equitativos, habría que considerar en algún momento las cosas que sí les gusta escuchar a los hombres. De ahí que, gracias a este GPS confundido, sea milagroso, maravilloso y sublime escuchar, por contrapartida: ahí, ahí, ahí.

7. No digo que vayamos a casarnos ni a irnos a vivir juntos, pero en el hipotético y remoto caso de que lo hiciéramos, lo que sí sé es que me gustaría tener esa mesilla de noche

Esta frase es difícil de defender: se está imaginando cómo es la mesilla de noche. Claro que quiere casarse e irse a vivir contigo y dejar sus pendientes en ESA mesilla de noche.

Y sin embargo... ¡Ah, sin embargo! Hay otra versión igualmente verosímil. Una mujer –ésta, nuestra mujer parodiada– es capaz de saber cómo será el visillo de la cortina de su habitación matrimonial y no tener ni siquiera novio. De manera que quizás no tengas que asustarte. De hecho, puede que quiera a la mesilla mucho más de lo que te quiere a ti.

8. ¿Pero con cuánta gente has estado?

Esta pregunta, que es verdad que da bastante pereza, es además muy difícil de responder, porque todo le va a parecer mal:

­–El defecto: ¿Con tres chicas? ¿Sólo con tres chicas? ¿Qué problema tienes? ¿Por qué sólo has estado con tres chicas? ¿Qué descubrieron ellas que yo aún no sé? ¿Te funciona todo, verdad?

­–El efecto Rebeca: ¿Así que has tenido una sola relación de ocho años, eh? Ahá. No, nada. Bien. ¿Y cómo era ella? ¿Y por qué lo dejasteis? ¿Y era el amor de tu vida? ¿Y oh, Dios mío, cómo superarla?

Como en la célebre película de Hitchcock, la sombra de la anterior puede ser tan alargada como la del ciprés, y muy abrumadora.

–El exceso: ¿Cómo que no lo sabes? ¿Pero cuántas, a ver? ¿Pero como que Inés, María, Sofía, Laura, Clara, Lucía, Loreto, Vanesa, Estefanía, Inmaculada y Cuqui? ¿Quién es Cuqui, por qué tiene apodo Cuqui? ¿Quién es Ana? ¡Merche, Paloma, Paula...! ¿Emma? ¿Es extranjera? ¿Cuándo has estado en el extranjero?

9. Si me muriera, ¿con cuál de mis amigas te acostarías?

–Respuestas correctas inverosímiles: soy incapaz de imaginar una vida sin ti. No puedo concebir que te mueras. No te pongas en esa tesitura. Si murieras me haría monje. Si murieras construiría un altar con tu foto y lo veneraría el resto de mis días.

–Respuesta correcta: con ninguna, realmente no hay ninguna que me atraiga demasiado, no sé, supongo que si tú no estuvieras... no sé qué haría, pero tus amigas no me atraen especialmente.

–Respuesta mortal: con X (entendiéndose X como el nombre de pila específico de una de las amigas de la encuestadora. Y ojo: a mayor cercanía entre la inquisidora y X, aumenta el grado de mortalidad de la respuesta).