ruta por los mercados más típicos

Valencia, a mordiscos: escapada gastronómica por la ciudad de la paella

La ciudad del Turia es el escenario ideal para disfrutar de uno de los platos más típicos, saboreados y solicitados por los extranjeros que visitan la región valenciana

Foto: Dan ganas de hincarle el diente a esta paella, ¿verdad? (iStock)
Dan ganas de hincarle el diente a esta paella, ¿verdad? (iStock)

Valencia es sol, mar y montaña, olor a azahar, cítricos, arroz, albufera, fallas e, inevitablemente, paella. Tópicos que enmarcan una tierra única, volcada en el turismo, que esconde un universo cultural, histórico y gastronómico por descubrir. Es la capital del Levante, epicentro de la vida mediterránea que envidia medio planeta y que, para conocer en todo su esplendor, invita a realizar una escapada gastronómica. Tres días y dos noches bastan para vivir las sensaciones únicas que ofrece en sus calles y plazas la capital del Turia, esta ciudad amable que invita al paseo, diurno y nocturno.

Existen planes diseñados que sintetizan la esencia de esta ciudad en apenas un fin de semana. Con una interesante oferta hotelera para pernoctar en pleno centro, estas experiencias planificadas se pueden disfrutar en pareja, con amigos e incluso con niños. Una ruta especialmente diseñada para disfrutar su interesante gastronomía sin renunciar a conocer la ciudad: nada más llegar, tras instalarse en un céntrico hotel, lo mejor es salir a pasear por la plaza del Ayuntamiento, epicentro fallero, cuyo suelo vive cada marzo la fiesta diaria de la Mascletá. A pie, y muy cerca de allí, se puede llegar a la Lonja de los Mercaderes y la plaza de la Catedral, presidida por la famosa torre gótica del Miguelete.

Plaza de Santa María, en Valencia. (iStock)
Plaza de Santa María, en Valencia. (iStock)

Si el hambre acompaña, esa misma noche podrá reservar como actividad extra una cena en la Arrocería la Valenciana. Si no es así, guarde este as en la manga para el mediodía del día siguiente, porque su oferta es tan deliciosa como contundente. En sus fogones se preparan los entrantes más clásicos de la cocina valenciana: 'esgarraet' —pimiento rojo asado, bacalao, ajos y aceite de oliva—, las famosas 'clotxinas' —una variedad autóctona del mejillón, más pequeño y sabroso—, caracoles, las mejores verduras de su huerta y, cómo no, la genuina paella.

Sobre ella se han escrito auténticos tratados y sus orígenes son tema recurrente de discusión. Lo más importante que debe saber sobre este plato —tan internacionalizado como, en ocasiones, destrozado— es que recibe el nombre del recipiente donde se hace y que sus ingredientes son los 'justos y necesarios': arroz, pollo, conejo, judía verde plana, garrofón, tomate, aceite, sal, pimentón, azafrán y agua. Es la versión más sencilla y original de la paella que, según las costumbres, puede ser complementada con caracoles y romero. Al menos, esa es la receta que defienden desde la Escuela de Arroces y Paellas Valencianas donde se ubica esta Arrocería Valenciana, situada en Carrer dels Juristes 12, en pleno barrio de la Seu.

Cúpula del Mercado Central de Valencia. (iStock)
Cúpula del Mercado Central de Valencia. (iStock)

Para ser un avezado turista y conocer realmente las costumbres de un lugar no se debe dejar nunca de visitar el mercado de una ciudad. Por ello, tras recorrer a pie el centro histórico de Valencia, será el momento de probar sus tapas en dos mercados singulares de la capital del Turia: el Central, una espectacular construcción modernista de 1914 con más de 300 bancadas de productos frescos; y el de Mossen Sorell. Este último, ubicado en pleno barrio del Carmen, está muy cerca de las Torres de Serrano, el Museo de Prehistoria de Valencia o la Casa Museo Benlliure. Apetito, cultura e historia son saciados a partes iguales con este agradable paseo informal.

Mercado Central de Valencia. (iStock)
Mercado Central de Valencia. (iStock)

Para terminar, el último día, nada mejor que acercarse a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. El complejo, diseñado por Santiago Calatrava y Félix Candelas, se ha convertido en el icono moderno de la ciudad. El entorno, enclavado en el antiguo cauce del Turia, propone uno de los paseos más agradables de la ciudad, bordeando L’Hemisfèric —alberga una pantalla cóncava de 900 metros—, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe y L’Oceanogràfic. Con siete ambientes marinos distintos, en este último espacio pueden verse cerca de 45.000 ejemplares de 500 especies diferentes, como delfines, belugas, morsas, leones marinos, focas, pingüinos o tiburones. Un paraíso dentro de una ciudad única que merece ser visitada para descubrir que es mucho más que un compendio de tópicos.

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