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El inesperado lugar ideal para establecer una base espacial
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El troyano 2020 XL5

El inesperado lugar ideal para establecer una base espacial

Los científicos han confirmado la existencia de 2020 XL5, un asteroide de 1,1 kilómetros de diámetro que podría ser una base espacial ideal para la observación científica

Foto: Una ilustración de una estación espacial en un asteroide. (@howieeday en Twitter)
Una ilustración de una estación espacial en un asteroide. (@howieeday en Twitter)

Un equipo liderado por científicos españoles confirmó el pasado 2 de febrero la existencia de un asteroide troyano ‘a remolque’ de la gravedad terrestre. Un cuerpo celestial que ha estado en busca y captura durante toda una década. Lo más interesante de su estudio no es su sólo su impacto en nuestro entendimiento de la génesis del sistema solar sino la posibilidad de utilizar estos asteroides como bases espaciales.

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Según los autores del estudio publicado en la revista científica Nature, este objeto de unos 1,18 kilómetros de diámetro y otros como él podrían ser “objetivos ideales para misiones espaciales y, en un futuro más distante, establecer bases para humanos o instalar equipos científicos que se puedan beneficiar de sus extrañas ubicaciones”.

placeholder Una ilustración de 2020 XL5. (ICCUB)
Una ilustración de 2020 XL5. (ICCUB)

Por qué un asteroide es ideal como base espacial

2020 XL5 — como se llama este asteroide troyano — no es el primero ni será el último de estos objetos que orbitan atendiendo a la fuerza gravitacional terrestre y solar en los puntos lagrangianos L4 o L5. Como el telescopio espacial James Webb, estos asteroides no orbitan un objeto sino un punto en el espacio totalmente vacío. Pero aunque en ese punto no hay un objeto físico, en realidad es un centro de masa común entre dos objetos más grandes. En algunos casos, ese centro común está dentro de uno de los objetos. Con la Luna y la Tierra, por ejemplo, el centro está dentro del espacio ocupado por la Tierra (aunque no es el centro de nuestro planeta).

Sin embargo, el punto lagrangiano L2 — el que orbita el James Webb — está más allá de la órbita terrestre, en un punto de la línea imaginaria que une el Sol y la Tierra. En ese punto, la atracción gravitatoria entre el Sol y la Tierra es compensada por la fuerza centrífuga de nuestro planeta.

El 2020 XL5 — como el troyano más pequeño, llamado 2010 TK7 — orbita otro punto lagrangiano, el L4 (aunque también salta al L5). L4 y L5 son los vértices de un triángulo equilátero imaginario cuya base es la línea que une el Sol y la Tierra. La órbita del asteroide no es elíptica, como se puede ver en el vídeo sobre estas líneas. La clave aquí está en que 2020 XL5 tiene el tamaño adecuado y está a la distancia correcta para poder establecer una base espacial o instalar instrumentación científica, ofreciendo una nueva perspectiva para la observación del sistema solar que no sea la órbita terrestre.

2020 XL5 es estable — se mantendrá como troyano por lo menos durante 4.000 años, dice el estudio — y está lo suficientemente lejos para ser de utilidad científica pero también lo suficientemente cerca de la Tierra como para realizar viajes sin tanta dificultad como en los viajes a Marte. Además, el tamaño del asteroide es lo suficientemente grande como para ser usado como plataforma sobre la que instalar la maquinaria necesaria, ofreciendo posibilidades de protección contra la radiación solar y cósmica. Esto último podría ser una ventaja clara sobre una estación enteramente artificial.

La necesidad de estaciones espaciales

Obviamente estamos muy lejos de poder establecer una base de estas características en un asteroide troyano, pero la perspectiva de tener un puesto científico de estas características en el espacio exterior es extremadamente excitante. Antes hay muchos otros pasos. Para empezar, llegar a la Luna y establecer una presencia estable en nuestro satélite.

placeholder Render 3D de la estación de paso interplanetaria Lunar Gateway. (NASA)
Render 3D de la estación de paso interplanetaria Lunar Gateway. (NASA)

Para eso tendremos que construir nuevas estaciones artificiales. Como en la misión Artemisa, esas estaciones actuarán de puntos sobre las que atracarán las naves interplanetarias que harán el viaje entre cuerpos celestiales, las llamadas 'naves de ciclo' ('cyclers', en inglés). Estas naves viajarán de una estación a otra pero nunca aterrizarán ni en asteroides ni lunas ni planetas. Los astronautas desembarcaría de las naves de ciclo a las estaciones y de ahí, viajarían a la superficie del objeto en naves especializadas para cada destino.

Como ya he contado en otras ocasiones, no es lo mismo aterrizar en Marte (con un tercio de la gravedad terrestre y atmósfera) que en la Luna (con un sexto de la gravedad en la Tierra y sin atmósfera). Estas estaciones intermedias — según los expertos en astronáutica excepto Elon Musk — son la única manera de establecer una presencia en Marte o cualquier otro objeto en el sistema solar de forma efectiva y sin disparar los costes. En Marte, por ejemplo, el doctor en astronáutica y segundo hombre en la Luna Buzz Aldrin propone la creación de una estación espacial de intercambio en Phobos. 2020 XL5 no tendría esta función, pero es un excitante destino final en sí mismo.

Un equipo liderado por científicos españoles confirmó el pasado 2 de febrero la existencia de un asteroide troyano ‘a remolque’ de la gravedad terrestre. Un cuerpo celestial que ha estado en busca y captura durante toda una década. Lo más interesante de su estudio no es su sólo su impacto en nuestro entendimiento de la génesis del sistema solar sino la posibilidad de utilizar estos asteroides como bases espaciales.

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