Internet caerá durante meses si hay una gran tormenta solar
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Según un nuevo estudio

Internet caerá durante meses si hay una gran tormenta solar

Nuevos estudios advierten sobre la vulnerabilidad de la civilización humana ante una gran tormenta solar que podría acabar con internet y provocar el colapso de la sociedad moderna

Foto: Imagen de una eyección solar captada por el Solar Dynamics Observatory de la NASA
Imagen de una eyección solar captada por el Solar Dynamics Observatory de la NASA

La civilización tal y como la conocemos podría acabar con una tormenta solar extrema. Un evento contra el que ahora mismo no hay defensa posible y que, según un estudio recién publicado, derribará internet de un plumazo durante meses. Y lo que es aún peor: hay una entre ocho probabilidades de que esa tormenta ocurra antes de que acabe la década.

Foto: Este personaje digital puede hacer miles de videos sin cansarse. (Hour One)

Un estudio que acaba de publicar Sangeetha Abdu Jyothi — una profesora adjunta del departamento de ciencias de la computación de la prestigiosa Universidad de California, Irvine — en la conferencia internacional de comunicaciones SIGCOMM 2021.

Su aviso es el último de una larga lista de alertas sobre este tipo de eventos astrofísicos. Varios científicos ya han dicho en repetidas ocasiones que la actividad solar extrema puede provocar el colapso de estructuras clave que garantizan el funcionamiento de la vida moderna. Pero — como con la amenaza de una pandemia global, el impacto de un asteroide o el cambio climático — nadie con poder para evitarlo parece tomárselo en serio. Así nos ha lucido el pelo en 2020, con el Covid, y así nos está luciendo con el cambio climático, que ya parece imparable.

Consecuencias impredecibles

Como Abdu Jyothi apunta en Wired, “lo que realmente me hizo pensar sobre esto es que, con la pandemia pudimos ver que el mundo no estaba preparado. No hubo un protocolo para gestionarla de manera efectiva y es el mismo caso con la resiliencia de internet”, la capacidad de la red de redes de resistir los efectos de un evento de esta magnitud.

placeholder Una erupción solar (NASA)
Una erupción solar (NASA)

El mensaje del estudio es muy claro: las partículas emitidas durante una tormenta solar de gran intensidad afectarán gravemente a los cables transoceánicos que conectan internet, provocando el colapso de la red global. Aunque esos cables son de fibra óptica, hay repetidores electrónicos cada varios kilómetros. Y esos repetidores, afirma, no son a prueba de una reacción geomagnética como la que causaría una gran tormenta solar.

El estudio publicado en la conferencia SIGCOMM asegura que la columna vertebral de internet se vería afectada durante meses aunque pudiéramos restablecer el suministro eléctrico al cabo de varios días o semanas. Si es que se puede, claro, porque una vez sonaran los primeros compases, las consecuencias en el comportamiento de la población son impredecibles (más sobre esto último al final del artículo).

Y es que, aunque Abdu Jyothi afirma en su estudio que la infraestructura de redes locales de fibra se podría salvar de la catástrofe, las consecuencias de la parada en seco de los sistemas electrónicos de la humanidad durante semanas o meses tendrá un efecto global sin precedentes. Y cuanto más dependa una zona o un país de estos sistemas — como Europa, China o Estados Unidos — más grave podría ser el efecto.

No es inusual

Lo que hace el aviso de Abdu Jyothi mucho más urgente es que, al contrario que el impacto de un gran asteroide, la probabilidad de una gran tormenta solar no es ni mucho menos remota. Según los expertos en el astro rey, el ciclo solar es ineludible y se nos acaba el tiempo. Ahora mismo calculan que hay una probabilidad entre ocho de que haya una tormenta solar de gran magnitud antes de que acabe la década.

placeholder El científico que dio nombre al evento Carrington
El científico que dio nombre al evento Carrington

Del 1 al 2 de septiembre de 1859, por ejemplo, hubo una tormenta tan grande que hubo auroras hasta en el ecuador. Bautizada como The Carrington Event — por el científico Richard Carrington que, junto a Richard Hodgson, detectó el primer flash de luz en la fotosfera solar — esa tormenta es la más grande jamás registrada. En aquellos días, dañó gravemente la infraestructura global de telegrafía. Afortunadamente, en esos años no había más sistemas eléctricos que pudieran sufrir daños.

Hubo otra tormenta menos intensa del 13 al 15 de mayo de 1921 — la más intensa del siglo XX — pero con efectos bastante más notorios. Para esa fecha ya había infraestructura eléctrica aunque todavía la humanidad no dependiera de ellos a escala planetaria. Aquella eyección coronal masiva causó grandes incendios en sistemas eléctricos en Estados Unidos y Europa, dicen las crónicas de la época. Fue especialmente destructiva en la ciudad de Nueva York, donde acabó con sistemas telegráficos y ferroviarios, aunque las luminarias aparentemente se salvaron de la quema, como publicó entonces el New York Times, y sólo sufrieron fluctuaciones en intensidad.

La última fue hace apenas algo más de tres décadas — en 1989 — pero fue una tormenta solar moderada, de muchísima menor intensidad que las dos anteriores. Aún así, fue capaz de derribar la red eléctrica de Québec, en Canadá.

La última línea de defensa

Hubo suerte porque aquel no fue un gran evento solar. Sólo un pequeño eructo del sol. Pero si ahora mismo nuestra estrella sufriera una eyección coronal masiva y la Tierra estuviera en su camino, nuestra suerte sería completamente diferente.

placeholder Tránsito de Venus capturado por el observatorio solar de la NASA SDO (NASA)
Tránsito de Venus capturado por el observatorio solar de la NASA SDO (NASA)

Los expertos no se ponen de acuerdo en la extensión exacta de los daños en la infraestructura electrónica o en su permanencia. La razón es que no hemos sufrido una gran tormenta durante nuestra sociedad hiperdependiente de los sistemas electrónicos. Sí sabemos que habrá daños seguros en redes de distribución eléctrica a escala local y global (imaginad la situación con las eléctricas tercermundistas españolas). Y que podríamos tardar décadas en recuperarnos.

Excepto los equipos militares blindados para resistir los pulsos electromagnéticos que provocaría una guerra termonuclear global, el resto de dispositivos electrónicos estarían expuestos a este ataque cósmico. Sabemos también que cualquier cosa que esté encendida sufrirá el impacto del fenómeno geomagnético que se desencadenará en el momento en que las partículas solares lleguen a la Tierra. Centros de datos, tu PC, tu teléfono móvil, satélites, aviones, trenes... cualquier cosa que dependa de la electrónica y esté encendida (e incluso aunque no lo estén, dependiendo del dispositivo) se verá afectada.

Se acabó el pastel

En ese momento, si no se toman antes las medidas adecuadas, los sistemas de distribución físicos y electrónicos dejarían de funcionar en todo el planeta. La tormenta duraría por lo menos un par de días, así que todo el globo se vería expuesto a ella debido a la rotación terrestre. De hecho, estudios apuntan a que una tormenta solar menor como la que afectó a Quebec provocaría hoy un impacto global que reduciría el producto interior bruto global de un 3,9% a un 5,6%. Esta vez, el 50% de la reducción del GDP estaría fuera de las principales zonas afectadas.

Pero si el evento es como el 1859, el colapso sería casi total. Todas las industrias y personas se verán afectadas. Fabricación, pedidos, entregas, pagos, datáfonos… todo, absolutamente todo excepto los sistemas militares diseñados para ello, podrían dejar de funcionar durante semanas o meses, dependiendo de las medidas de prevención que estuvieran en marcha en esos momentos.

También afectaría al sistema financiero. Ni aunque tuvieras tu dinero guardado en efectivo en un colchón te podrías salvar de los probables efectos devastadores que un evento así puede tener en la civilización moderna.

placeholder La NASA ha lanzado varios observatorios solares en los últimos años. El más reciente, viajando en el cohete sobre estas líneas, la sonda solar Parker
La NASA ha lanzado varios observatorios solares en los últimos años. El más reciente, viajando en el cohete sobre estas líneas, la sonda solar Parker

Por eso la NASA inició hace años una carrera contrarreloj para poner en órbita sistemas de observación del Sol que den una alerta temprana. La detección de un evento de esta clase nos daría de unas 15 a 18 horas — lo que tardarían las partículas en llegar a la Tierra — para apagar todas las máquinas que podamos y esperar a que los daños en la infraestructura sean los menores posibles. De hecho, la NASA ha desarrollado un modelo que ha sido capaz de predecir siete de las últimas nueve tormentas solares.

Aún con esos sistemas de observación, como dice la ingeniera de la Universidad de California, no estamos preparados. Ahora no hay un protocolo global establecido. Por eso urge — como ya lo han hecho otros en el pasado — a que se realice un estudio y modelado de los efectos en todas las industrias, para saber así realmente cuál sería la escala del impacto y establecer un protocolo mundial para alertar a todo el mundo e intentar minimizar daños.

placeholder Erupción solar en varias frecuencias capturada por el SDO de la NASA
Erupción solar en varias frecuencias capturada por el SDO de la NASA

Ahora mismo, Abdu Jyothi es categórica sobre nuestro grado actual de defensa: “nuestra infraestructura no está preparada para un evento solar de gran magnitud”. Pues nada. Esperemos que esta vez los políticos y fuerzas económicas globales no ignoren a los incómodos agoreros — como ya hicieron con los que advirtieron de la posibilidad de una pandemia o el cambio climático — y acabemos todos de vuelta en el siglo XIX.

Necesitamos acción urgente

Pocas esperanzas tengo, porque los “agoreros” del cambio climático en 2004 incluyeron al Pentágono, que lo califica como la mayor amenaza mundial para la seguridad de los Estados Unidos. El gobierno americano — después de la crisis del ébola de 2014 — también identificó el riesgo de pandemia como otro peligro urgente y estableció un sistema de detección y un protocolo de control que el nefasto Donald Trump se encargó de desmontar nada más llegar al poder.

La única esperanza para que se haga algo ya es que sufriremos todos, incluyendo los billonarios. Ni tratamientos especiales, ni búnkers en Nueva Zelanda. Como el resto, los billonarios se podrían quedar sin todo su dinero. Y los que sostienen sus vidas tampoco tendrían razones para seguir haciendo su trabajo. En este barco nos hundiríamos todos.

placeholder El fin de la civilización podría tener un comienzo así de bonito en todo el planeta
El fin de la civilización podría tener un comienzo así de bonito en todo el planeta

Una gran tormenta solar no nos mataría como un virus o un huracán de fuerza cuatro, pero podría ser un “reset” mundial de toda la humanidad. Como cuando el servicio técnico te dice que tienes que desenchufar y volver a enchufar el cable de alimentación para que te funcione bien el PC.

Excepto que, esta vez, el PC no volvería a funcionar ni aunque hubiera electricidad para arrancarlo.

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