Demuestran que creemos más en las máquinas que en nosotros mismos
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Según un estudio

Demuestran que creemos más en las máquinas que en nosotros mismos

La investigación concluye lo opuesto a los comentarios habituales en las redes sociales, que generalmente expresan desconfianza y miedo ante las inteligencias artificiales

placeholder Foto: Las inteligencias artificiales ya están gobernando nuestro destino (RV1864/CC)
Las inteligencias artificiales ya están gobernando nuestro destino (RV1864/CC)

Un nuevo estudio demuestra que confiamos más en las máquinas que en los seres humanos para tomar decisiones. De hecho, afirma que la confianza en la máquina aumenta a medida que el problema se hace más complejo.

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Es una conclusión que parece contraria a los comentarios habituales en las redes sociales, que generalmente expresan desconfianza y miedo ante lo que popularmente se denomina como “el algoritmo”.

Pero el estudio publicado en 'Scientific Reports' —que ha sido financiado por el ejército norteamericano como parte de un proyecto para examinar la colaboración entre humanos y máquinas— parece bastante claro. Según el coautor del estudio Eric Bogert —un doctorando en el Departamento de Tecnologías de la Información de la Facultad de Empresa de la Universidad de Georgia en Athens—, “parece que tendemos a confiar más en los algoritmos a medida que las tareas se hacen más difíciles, y esa confianza es más fuerte que la inclinación a depender de los consejos de otras personas”.

El estudio

Para llegar a esa conclusión, Bogert y sus compañeros de investigación, Aaron Schecter y Richard Watson, realizaron tres experimentos sobre 1.500 personas a las que pidieron contar el número de personas en una serie de fotografías. Las fotos se iban incrementando en número de individuos a medida que los experimentos progresaban.

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Durante los experimentos, los sujetos tenían la opción de elegir entre las sugerencias de un grupo de 5.000 personas —según los investigadores, tendemos a dar más valor a las recomendaciones de otros cuanto mayor sea el número de las fuentes— o las de un algoritmo de inteligencia artificial entrenado con 5.000 imágenes. Los investigadores afirman que el experimento de contar es ideal para establecer conclusiones porque, en la actualidad, los algoritmos de inteligencia artificial se aplican de forma regular en funciones que requieren cálculos de múltiples datos numéricos.

Los datos del estudio son reveladores, porque la impresión general es que los humanos no confiamos en los designios de la inteligencia artificial. Según Schecter, el estudio demuestra que esto no es cierto. Por ejemplo, uno de los supuestos problemas con la inteligencia artificial es cuando se usa para conceder créditos o aprobar préstamos. Es una decisión que depende básicamente de los números, así que la gente piensa que es un trabajo adecuado para el algoritmo.

Los prejuicios del algoritmo

Sin embargo, Schecter también reconoce el problema del algoritmo en estos momentos: muchos están influenciados por su proceso de aprendizaje. Un aprendizaje que puede llevar a conclusiones erróneas si no se consideran todos los factores necesarios para emitir un juicio.

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¿Árbitro humano o inteligencia artificial conectada a cientos de cámaras?

Siguiendo con las conclusiones del estudio, el siguiente paso lógico es preguntar si la gente preferiría que un algoritmo eligiera si pierdes tu puesto de trabajo o recibes un aumento de sueldo en vez de tu jefe humano. O si una inteligencia artificial —conectada a decenas de cámaras y sistemas de medición láser— sería una mejor opción para dirigir un Barça-Madrid que un árbitro, dos jueces de línea y un VAR.

Llevándolo a lo macro, ¿preferirías que un sistema de inteligencia artificial, conectado a cientos de miles de marcadores económicos y sociales en tiempo real, regulara la economía y dirigiera el Estado y tu ciudad?

Parece que la respuesta, siempre que haya una transparencia total en el funcionamiento de ese algoritmo, no es ya sí o no, sino ¿por qué no intentarlo?

Cambiar las ideologías políticas y económicas por la inteligencia artificial

Hay planetas enteros de evidencia que demuestran que, hasta ahora, el ser humano ha fallado miserablemente en la toma de decisiones y la evaluación continua de las consecuencias de esas decisiones.

placeholder Siglos en manos de locos e incompetentes.
Siglos en manos de locos e incompetentes.

Sigue habiendo jefes —y empleados— incompetentes en todas partes, árbitros que se equivocan en momentos clave y políticos (todos) incapaces de aplicar el método científico y la evaluación objetiva a nuestros problemas, tomando decisiones basándose exclusivamente en la ideología y en motivos ulteriores que nada tienen que ver con las necesidades de la población.

Nuestras pasiones e inclinaciones, la falta de parcialidad natural de los seres humanos, el instinto reptiliano que gobierna gran parte de nuestras reacciones, nuestra falibilidad, en definitiva, han resultado en una sucesión de pesadillas económicas y políticas, década tras década, siglo tras siglo.

No se puede cuestionar que la humanidad ha mejorado de forma vertiginosa desde que salimos de las planicies africanas. Tanto como que no se puede cuestionar que podríamos haber avanzado muchísimo más, órdenes de magnitud más, si no hubiéramos caído víctimas, una y otra vez, de los caprichos e intereses de supuestos líderes económicos, políticos y culturales que nos han llevado de guerra en guerra y de crisis en crisis.

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¿Estos o la inteligencia artificial?

La nefasta gestión de la pandemia en la inmensa mayoría de los países, por poner el ejemplo más cercano, demuestra esa incapacidad manifiesta del ser humano para administrar recursos de forma eficiente y tomar decisiones de forma racional.

Si la incapacidad de las élites económicas y políticas —para proporcionar ya no solo estabilidad y prosperidad sino un marco económico y legal equilibrado— ha sido demostrada una y otra vez por miles de crisis, quizá sea hora de cambiar a algo nuevo, como los sistemas de inteligencia artificial. Lo que sería de auténticos imbéciles es seguir probando con un sistema de manifiesta incompetencia, independientemente del color político o del sistema económico elegido.

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