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Nuevas técnicas descubren microplásticos por todas partes, incluso dentro de tu cuerpo
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¿CÓMO MEDIMOS EL PROBLEMA?

Nuevas técnicas descubren microplásticos por todas partes, incluso dentro de tu cuerpo

En el aire, en el agua y en todo nuestro cuerpo, incluida la sangre y los pulmones: los plásticos diminutos están por todas partes y faltan técnicas uniformes para cuantificarlos

Foto: Imagen microscópica de microplásticos colonizados por la microbiota intestinal. (CSIC)
Imagen microscópica de microplásticos colonizados por la microbiota intestinal. (CSIC)

Para hallar algo, primero hay que saber que existe y después hay que buscarlo en el lugar apropiado. Sin embargo, a veces no tenemos las herramientas adecuadas para encontrarlo. En otras ocasiones, nos topamos con cosas inesperadas donde no deberían estar y eso es lo que pasa con los plásticos: que aparecen por doquier en los mares, en los ríos o en cualquier rincón de la naturaleza. Lo sabemos desde hace décadas, pero más recientemente los investigadores nos han revelado que se degradan en partículas tan pequeñas que nos enfrentamos a un problema nuevo pero invisible, los microplásticos. Y ahora que conocemos su existencia nos hemos puesto a buscarlos. Solo nos faltaba desarrollar las técnicas apropiadas para descubrir una verdad aterradora: que están por todas partes.

En los últimos tiempos, los científicos están afinando los métodos y la tecnología, porque no siempre es fácil atrapar partículas extremadamente diminutas. Aunque en la definición de microplásticos se incluyen hasta los de 5 milímetros, lo cierto es que ya es habitual encontrarlos de apenas una micra, que es la milésima parte de un milímetro, es decir, el tamaño habitual de una bacteria. Incluso el avance de la tecnología ha hecho posible que empecemos a hablar de nanoplásticos, porque se están encontrando partículas de estos materiales que se pueden medir en unos pocos nanómetros (la millonésima parte de un milímetro), es decir, más pequeños que un virus. ¿Qué papel juega la tecnología en esta búsqueda?

Foto: Los micriplásticos estan contaminando toda la cadena trófica (REUTERS)

Con la imagen icónica de los plásticos grandes invadiendo los océanos, es lógico que uno de los primeros lugares en los que se hayan buscado los trozos más pequeños sea el mar y las especies que lo habitan. Investigadores de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y de la Universidad de Queensland (Australia) se fueron a un mercado a por ostras, langostinos, calamares, cangrejos y sardinas para probar un nuevo método de análisis. En primer lugar, sumergían el pescado en productos químicos que disuelven los plásticos. Después, analizaban la solución resultante a través de pirólisis, cromatografía de gases (técnica de separación y análisis de mezclas de sustancias volátiles) y espectrometría de masas (otra técnica que separa los compuestos al identificar los núcleos atómicos en función de su relación entre masa y carga). Así vieron qué tipos de plástico contenían y en qué cantidades, identificando cinco tipos diferentes en un artículo publicado en 2020 en 'Environmental Science & Technology'.

Si los microplásticos están en lo que comemos, es fácil deducir que están dentro de nosotros y comprobarlo puede ser tan fácil como realizar analizar la orina. Esa fue la estrategia del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona, que en el contexto de una campaña de concienciación de la Fundación Rezero realizó análisis con la colaboración de varias personalidades públicas. En los resultados destacaron los derivados de ftalatos (plastificantes añadidos para hacer más flexibles algunos productos) y fenoles (aportan forma y resistencia al plástico). Ya en 2017, un artículo en 'Scientific Reports' alertaba de la presencia de componentes plásticos en la sal de mesa de varios países, así que parece evidente que la alimentación hace que lleguen hasta nuestro sistema digestivo y excretor.

En tus pulmones

Sin embargo, diminutos trozos de plástico también llegan a otras partes de nuestro cuerpo que no son tan evidentes. La revista 'Science of the Total Environment' publicaba a principios de marzo de este año un artículo en el que científicos británicos explicaban cómo habían utilizado equipos de microespectropía infrarroja por transformador de Fourier (µFTIR) para encontrar microplásticos en tejido pulmonar. Esta técnica une la microscopía óptica con la espectroscopia, que interactúa con la materia para identificar sus componentes utilizando, en este caso, luz infrarroja. En los últimos años, está llegando a los laboratorios con usos inesperados.

placeholder Los trozos de plástico, cada vez más diminutos. (EFE)
Los trozos de plástico, cada vez más diminutos. (EFE)

Sin embargo, hasta ahora nunca se había utilizado este método para un fin tan concreto relacionado con el problema de los trozos de plástico diminutos. Según explican los propios autores, ya en 1998 se publicó una investigación que halló fibras sintéticas en los pulmones de personas que ya habían fallecido, pero desde entonces no se había avanzado mucho. La novedad de este estudio no solo está en que han identificado la presencia de estas partículas en pacientes vivos, sino en que han podido distinguir gracias a esta tecnología un total de doce tipos distintos de polímeros.

Para ello, aprovecharon cirugías pulmonares que se le practicaron a pacientes del Castle Hill Hospital (Yorkshire, Reino Unido) y al analizar las muestras que tomaron se llevaron una gran sorpresa. El tejido pulmonar de estas personas contenía una cantidad asombrosa de partículas plásticas, especialmente del PET que se usa en botellas de plástico, y de polipropileno, utilizado en otro tipo de envases. “Las vías respiratorias son más pequeñas en las partes inferiores de los pulmones y hubiéramos esperado que partículas de estos tamaños se filtraran o quedaran atrapadas antes de llegar tan profundo", reconoce Laura Sadofsky, coautora del estudio, en declaraciones difundidas por la Universidad de Hull, a la que pertenece.

En el cielo de Madrid

Si los microplásticos llegan a nuestros pulmones es, sin duda, porque los respiramos. Es decir, que están en el aire y quizá con mayor presencia de lo que imaginamos. A finales de 2020, la Red Temática de Micro y Nanoplásticos en el Medio Ambiente, con el apoyo del Ejército del Aire y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA-CSIC), realizó un muestro pionero en avión. Los resultados, que también fueron publicados en 'Science of the Total Environment', indicaron que el cielo de Madrid tiene una concentración media de 13,9 microplásticos por metro cúbico, 10 veces más que en zonas rurales.

placeholder Campaña sobre microplásticos en Menorca. (EFE)
Campaña sobre microplásticos en Menorca. (EFE)

Las muestras recogidas para este estudio, liderado por Miguel González-Pleiter, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid, se tomaron entre los 1.500 y los 2.500 metros de altura. En este caso, los científicos calcularon las posibles trayectorias de los diminutos componentes, que pueden llegar a viajar cientos o miles de kilómetros por el aire antes de depositarse en cualquier lugar. Por eso, tampoco extraña que puedan llegar hasta zonas del planeta muy remotas y deshabitadas. En este caso, estar fuera de una gran ciudad no te libra, al menos, no por completo.

Así, estos mismos investigadores españoles fueron los primeros en hallar microplásticos en agua dulce de la Antártida y, además, en una zona de especial protección que hasta ese momento se suponía que debía ser absolutamente prístina. En concreto, hasta allí llegaron fibras de poliéster y acrílico y películas de politetrafluoroetileno, según publicaron en la revista 'Marine Pollution Bulletin' en 2020. Más recientemente, científicos de las universidades de Zaragoza, Complutense de Madrid y del País Vasco han confirmado esa contaminación antártica al atrapar microplásticos en filtros de aire de un captador que habían instalado en Isla Decepción, según publicaron en 'Spectrochimica Acta: Molecular and Biomolecular Spectroscopy' el pasado mes de diciembre.

Foto: Foto: iStock

La falta de un método estándar

En cualquier caso, si volvemos al problema de detectar los microplásticos en el cuerpo humano, una de las últimas grandes aportaciones y quizá de las más preocupantes apareció hace apenas unas semanas en la revista 'Environment International', donde científicos de los Países Bajos mostraron una nueva técnica con la que han rastreado microplásticos de 0,0007 milímetros en la sangre de 22 personas. En realidad, se trata de una combinación de técnicas en la que destaca lo que llaman "pirólisis de doble disparo", por la que someten a la muestra a altas temperaturas y ausencia de oxígeno, una condición que descompone la materia orgánica. Así han detectado la presencia de varios polímeros sintéticos, entre los que destacan: el PET, polietileno, polímeros de estireno y polimetilmetacrilato.

A pesar de todos estos avances y de sus preocupantes resultados, los expertos lamentan que aún no se hayan encontrado técnicas y metodologías estándar que permitan comparar diferentes muestras y contabilizar de una manera uniforme la presencia de los microscópicos plásticos en diferentes ámbitos. Sería algo parecido a lo que ocurre con la medición del CO2 y de muchas otras partículas contaminantes: sin una técnica uniforme es difícil analizar el problema que representan. En la búsqueda de esa estandarización trabaja Débora Sorolla, investigadora de la Universidad de Alicante, que está desarrollando un proyecto con dicho objetivo. Si lo logra, habrá dado un paso importante para estudiar cómo impactan tanto en la naturaleza como en nuestra salud.

Para hallar algo, primero hay que saber que existe y después hay que buscarlo en el lugar apropiado. Sin embargo, a veces no tenemos las herramientas adecuadas para encontrarlo. En otras ocasiones, nos topamos con cosas inesperadas donde no deberían estar y eso es lo que pasa con los plásticos: que aparecen por doquier en los mares, en los ríos o en cualquier rincón de la naturaleza. Lo sabemos desde hace décadas, pero más recientemente los investigadores nos han revelado que se degradan en partículas tan pequeñas que nos enfrentamos a un problema nuevo pero invisible, los microplásticos. Y ahora que conocemos su existencia nos hemos puesto a buscarlos. Solo nos faltaba desarrollar las técnicas apropiadas para descubrir una verdad aterradora: que están por todas partes.

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