¿Qué pasa en Manaos? El covid azota otra vez la ciudad que 'creó' inmunidad de grupo
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Los secretos del coronavirus

¿Qué pasa en Manaos? El covid azota otra vez la ciudad que 'creó' inmunidad de grupo

Con un 76% de población infectada, la capital del Amazonas sufre una dura ola de reinfecciones que obliga a verificar la eficacia de las vacunas para las nuevas variantes del coronavirus

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Foto: EFE

La rápida conexión que en la actualidad tienen todos los lugares del mundo con cualquier otro punto distante del planeta propició, hace un año, que la aparición de un nuevo virus se convirtiera en pandemia en un abrir y cerrar de ojos. Aun así, todavía quedan ciudades de un tamaño importante algo apartadas de las grandes rutas. En mitad de la selva amazónica y a 3.000 kilómetros de Río de Janeiro, los dos millones de habitantes de Manaos están relativamente aislados. Sin embargo, al contrario de lo que pudiéramos haber pensado al inicio, esta posición no ha sido una ventaja frente al covid, sino más bien todo lo contrario. Probablemente, es la urbe más castigada que podemos encontrar y por partida doble.

Brasil es el tercer país del mundo en casos de covid –con más de nueve millones contabilizados, solo le superan EEUU y la India– y el segundo en fallecimientos, con más de 220.000, por detrás de EEUU. La lejanía y la despoblación no salvaron al gigantesco estado de Amazonas, sino que probablemente agravaron su situación cuando el coronavirus comenzó a extenderse. Si en el conjunto del país dirigido por Jair Bolsonaro las medidas de contención brillaron por su ausencia, en Manaos se sumó la falta de medios. Las imágenes de las fosas comunes de su capital resultaron impactantes cuando otros países ya estaban doblegando la curva de la primera ola.

Foto: Imagen a microscopio del SARS-CoV-2. (Reuters)

En definitiva, el SARS-CoV-2 campó a sus anchas en la ciudad amazónica, tanto que meses más tarde, después del desastre, comenzó a hablarse de la vertiente positiva: ¿habría alcanzado Manaos la inmunidad de rebaño? Mientras que países como Suecia o Reino Unido coqueteaban con la idea, parecía que había un único punto en el planeta donde se había hecho efectiva. Al menos así lo indicaban algunos estudios. En septiembre, un trabajo preliminar liderado por Ester Sabino, investigadora de la Universidad de São Paulo, indicaba que un 66% de la población estaba infectada. Durante meses los científicos habían analizado muestras de sangre para detectar anticuerpos; y tras constatar un rápido incremento de los contagios, después se frenaron en seco.

Parecía que la propia exposición al virus habría provocado una caída de casos y de muertes en Manaos. Es decir, que se estaba cumpliendo el modelo de inmunidad de grupo, según el cual con alrededor de un 70% de población contagiada una epidemia se frena porque el virus ya no encuentra cadenas de transmisión suficientes. El estudio podía tener muchos sesgos, según reconocían los propios autores, por ejemplo que se hacía con donantes de sangre en su mayoría jóvenes y que a los resultados se les aplicaba una corrección matemática. Además, ya alertaba sobre que los anticuerpos frente a SARS-CoV-2 decaían rápidamente meses después de la infección. En cualquier caso, los datos eran muy interesantes y extraordinarios, porque el mismo estudio realizado en São Paulo solo encontró un 22% de la población infectada.

Hace pocos días la revista ‘Science’ publicaba los resultados de este mismo equipo de investigación ya revisados por pares y ampliados. Su estimación es que en el mes de octubre ya se había infectado el 76% de los ciudadanos de Manaos. Tres cuartas partes de los habitantes de la capital del Amazonas tenían anticuerpos frente al 29% de los de São Paulo. Esa cifra mostraba una realidad dramática de colapso y muerte, pero era el mejor ejemplo del daño que puede hacer el covid. "Es una muestra basada en datos de lo que puede suceder si se permite que el SARS-CoV-2 se propague sin control", apuntaban Ester Sabino y su equipo.

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Trabajadores de un cementerio entierran a una persona fallecida por covid en Manaos. (EFE)

Sin embargo, ¿significaba que Manaos parecía uno de los lugares más seguros del mundo? Todo lo contrario: mientras esta publicación veía la luz una nueva ola está causando estragos superiores a los de la primera: el volumen de pacientes es de tal calibre que ni siquiera hay oxígeno en los hospitales, decenas de pacientes mueren por asfixia y muchos fallecen en casa sin recibir ningún tipo de atención. Los cementerios vuelven a desbordarse. Una catástrofe humanitaria, un horror.

¿Qué ha podido pasar? La pista llegó de Japón, donde detectaron una nueva variante de coronavirus en unos viajeros procedentes de Brasil; pero su origen no estaba en cualquier sitio sino, precisamente, en la capital amazónica, como descubrieron los científicos al secuenciar material genético de pacientes de la ciudad. De una treintena de personas infectadas, casi la mitad tenía la nueva variante, que se ha denominado P.1.

Un análisis preocupante

En un artículo publicado en la revista ‘The Lancet’ esta semana, de nuevo Ester Sabino y otros expertos tratan de analizar hasta qué punto estas mutaciones del virus son las responsables del desastre. En realidad, ofrecen hasta cuatro posibles explicaciones y comienzan por las que no tienen que ver con la nueva variante. La primera es que el 76% de población inmunizada sea una estimación al alza, pero incluso con cifras algo inferiores consideran que los habitantes de Manaos deberían estar suficientemente protegidos como para no estar pasando por la situación actual. La segunda es que la inmunidad haya comenzado a disminuir recientemente, quizá justo en diciembre. No obstante, "es poco probable que la disminución de la inmunidad por sí sola explique completamente" esta nueva ola.

Las dos últimas explicaciones ya tienen que ver con las variantes y son las más inquietantes. No solo citan la P.1, sino también la presencia en Brasil de la variante inglesa y otra recién clasificada como P. 2. En el caso de P.1 y P.2 se han documentado casos de reinfecciones, así que los investigadores citan como tercera causa del brote que las mutaciones "podrían evadir la inmunidad generada en respuesta a una infección previa". Por último, creen que las variantes también podrían tener una transmisibilidad inherente más alta que los virus anteriores que circulaban en Manaos.

"La variante de Brasil preocupa, precisamente, por estos datos epidemiológicos", declara a Teknautas Sonia Zúñiga, investigadora del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), que forma parte del equipo de Luis Enjuanes e Isabel Sola que está desarrollando una de las vacunas españolas. "En un sitio donde se supone que la gente tiene cierta inmunidad, que haya reinfecciones y estén relacionadas con una mutación podría implicar que el virus consigue escapar", advierte.

placeholder Paciente de covid en Manaos. (EFE)
Paciente de covid en Manaos. (EFE)

Todas las variantes actuales tienen la mutación D614G, que apareció ya en los primeros meses de la pandemia. "Esta sí que se transmite más, está científicamente demostrado; se impuso y todos los virus SARS-CoV-2 que circulan por el mundo en la actualidad tienen esa mutación, que afecta a la proteína S", comenta la investigadora. A partir de ahí, la variante inglesa tiene además otra mutación en la zona donde la proteína se une al receptor de la célula, que es la N501Y. Y las variantes sudafricana y brasileña, además de la N501Y, tienen la E484K. Aunque todas tienen otras diferencias en otras partes del genoma, a los científicos les preocupa la proteína de la espícula (o proteína S) y estas son las mutaciones fundamentales. "Son zonas que tienen que ver con cómo el virus entra en la célula, aunque todavía está por demostrar que su transmisibilidad sea igual, mayor o menor que la de variantes anteriores, y tampoco sabemos si causa una enfermedad distinta", apunta.

La información procedente de Manaos coincide con datos preliminares de estudios científicos en los que se ve que algunos de los anticuerpos de los sueros de los pacientes que se habían infectado en la primera ola no neutralizan bien las nuevas variantes, en particular las que tienen la mutación E484K, como la brasileña. "Los indicios son inquietantes porque hacen ver que la inmunidad que se obtenía con las variantes originales, al menos en algunos casos, no es suficiente para eliminar el virus", señala Zúñiga.

Dudas y motivos para el optimismo

A pesar de todo, lo cierto es que "no estamos tremendamente alarmados", reconoce, porque la respuesta que genera un paciente es policlonal, es decir, "que hay muchos anticuerpos que reconocen distintas zonas de la proteína o la misma zona de distinta manera". Por lo tanto, "es muy difícil que ninguno de ellos funcione, aunque podría bajar un poco la efectividad". Si se confirman las reinfecciones de Manaos, ya no sería cuestión de experimentos en laboratorio, sino de casos reales. No obstante, "queda mucha información por contrastar, así que entiendo que en el artículo de 'The Lancet' dejen todas las posibles explicaciones abiertas".

Entre los datos básicos que echa de menos la experta el más importante es "cuánta de esa población conservaba la inmunidad ahora y qué nivel de inmunidad tenía". En teoría, los pacientes que hubieran superado una enfermedad severa deberían tener anticuerpos, y es probable que quienes la pasaran de manera asintomática tengan menos e incluso que su inmunidad decayera rápidamente. "Esta información sería crítica para poder sacar conclusiones más sólidas", destaca Zúñiga. El hecho de que se genere poca inmunidad o que desaparezca también es preocupante, pero entra dentro de los cálculos más probables. De momento, "se estima que los anticuerpos pueden durar siete meses o algo más"; pero también está la inmunidad celular, que se basa en la memoria del sistema inmunitario por medio de las células T y B.

placeholder Inicio de la campaña de vacunación en Manaos. (EFE)
Inicio de la campaña de vacunación en Manaos. (EFE)

En relación al caso de Manaos, la viróloga explica que "es difícil conseguir una buena inmunidad de rebaño solo con la infección natural". En cambio, es más probable que se logre a través de las vacunas, cuyo objetivo es generar una protección más eficiente que la que ofrece una simple infección anterior. Por eso, los investigadores que firman el artículo de 'The Lancet' concluyen asegurando que "es crucial determinar la eficacia de las vacunas COVID-19 existentes contra variantes en el linaje P.1 y otros linajes con posibles variantes de escape inmunológico".

Así, la vacuna de Novavax, que aún no ha sido aprobada pero acaba de presentar resultados que le otorgan una eficacia superior al 89%, ya ha incluido en los ensayos las nuevas variantes. Las que ya se están comercializando –Pfizer, Moderna y AstraZeneca– también están en ello. Además, si hubiera que adaptar las vacunas ante los cambios del virus, probablemente se haría con bastante rapidez. "Las vacunas que ya tenemos son muy sencillas desde el punto de vista de que solo tienen un componente del virus, que es la proteína S. De hecho, las vacunas de la gripe cambian cada año y la tecnología que emplean ya está aprobada, así que no hace falta realizar nuevos ensayos clínicos cada vez que se hacen. Con estas vacunas sucedería lo mismo, la plataforma tecnológica ya está aprobada y se sabe que es segura, solo cambiaría la secuencia de la proteína", explica Zúñiga.

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