HAY QUE PONERSE EN LA MENTE DEL ENEMIGO

Cómo escapar del Covid-19 sin mascarillas

Si las tiene, úselas sin dudar. Pero si se le ha echado el tiempo encima y se ha visto sin la posibilidad de adquirirlas, estos consejos le serán más útiles que un trozo de tela enrollada con gomas

Foto: Mascarillas a dos euros en una tienda de Berlín. (EPA)
Mascarillas a dos euros en una tienda de Berlín. (EPA)

Tranquilo, no le voy a sermonear sobre la necesidad de usar mascarillas. Si las tiene, úselas: independientemente de lo que digan las autoridades, algo de protección adicional nunca está de más en estos momentos. Si no las tiene, ya sabrá que en muchas farmacias hay lista de espera, que en Amazon las están despachando a un elevado sobreprecio y que —si accede y lo paga— no le llegarán a casa hasta finales de abril o principios de mayo.

Así que quizá le venga bien saber algo más de ese coronavirus que usted y yo estamos tratando de evitar sin protección alguna en el rostro.

Malas calles

En primer lugar, hay que meterse en la cabeza de nuestro enemigo. Para sobrevivir —el uso de este término es discutible porque, a fin de cuentas, no es un ser vivo—, el coronavirus necesita saltar de una persona a otra e introducirse en nuestras células para poder replicarse. Esta es la clave del distanciamiento social, quemar los puentes que el Covid-19 atraviesa hasta encontrar un nuevo huésped. Dos personas pertrechadas con mascarillas caseras que se encuentran de camino al supermercado y se paran a hablar siempre son más preferibles para el SARS-CoV-2 que dos desguarnecidas que simplemente se dicen 'adiós' con la cabeza y siguen su camino.

Hay una cierta confusión con respecto a que el Covid-19 se trasmite por el aire. Los virus son de los seres más pequeños que existen, por lo que pueden sobrevivir incrustados en una pequeña gotita, tan ligera —de unos cinco micrómetros— que el aire puede transportarla. Pero no conviene olvidar que desde el momento en que salen al exterior su capacidad de infectar decrece cada segundo y la cantidad necesaria de virus para que arraiguen en nuestro organismo aumenta cada segundo. Cuando algunos estudios dicen que el virus se transmite por el aire y es posible contagiarse, se refieren a entornos muy concretos, básicamente habitaciones cerradas con altas concentraciones de este aerosol.

Una mujer camina por Jerusalén llevando una mascarilla. (EPA)
Una mujer camina por Jerusalén llevando una mascarilla. (EPA)

Aun así, mucha gente ha acabado por pensar que podemos ir caminando por la calle y de repente, al respirar, meternos por la nariz un buen puñado de coronavirus que alguien ha estornudado antes y se han quedado por ahí flotando, o tragárnoslos de una bocanada como si fueran una nube de gas tóxico invisible a los ojos. La posibilidad de que esto ocurra es prácticamente cero.

También hay confusión con que necesitamos que nos estornuden o tosan encima para contagiarnos. Si la otra persona está infectada, aunque no tenga síntomas evidentes, dispone de millones de proyectiles virales en la garganta que escapan de su boca al hablar o de su nariz al respirar. Van más despacio y no llegan tan lejos, claro, pero pueden alcanzarle igualmente y usted no lo sabrá, porque solamente está fijándose en la tos o el estornudo.

Recuerde, lector sin mascarilla. Si no hay otra persona, raramente habrá contagio.

Terror en el hipermercado

Cuando entramos a un lugar cerrado, la cosa cambia. Aunque la mayoría de supermercados hayan reducido el aforo, aún es bastante posible encontrarse con muchas personas en un pasillo y, por tanto, exponerse a que alguna de ellas nos contagie.

Cuando alguien tose o estornuda, propala unas gotículas de hasta un milímetro, mayores que la bruma infecciosa ultrafina que mencionaba arriba. El destino de estas es depositarse sobre el suelo o las superficies a uno o dos metros de distancia. Luego llega alguien, las toca inadvertidamente y se lleva la mano a la boca, la nariz o los ojos. Esta es, según el CDC estadounidense, la forma más habitual de contagio.

Miembros de la Guardia Real pasan frente a un Mercadona. (Reuters)
Miembros de la Guardia Real pasan frente a un Mercadona. (Reuters)

Es decir, que incluso dentro del supermercado estaremos más protegidos con unos guantes en las manos que con una mascarilla —como se ha repetido en multitud de ocasiones, la utilidad de la mascarilla no es proteger al usuario sino evitar que esas partículas infecciosas se dispersen— en el rostro. Eso sí, no se toque la cara por favor.

En una reciente entrevista al 'Frankfurter Allgemeine Zeitung', el virólogo alemán Hendrick Streeck concluía que en sus estudios del Covid-19 "hasta ahora no hemos detectado ninguna infección que ocurriera al comprar o en un autobús", y añadía: "Creo que los restaurantes, tiendas, supermercados y así sucesivamente no presentan un riesgo de infección".

Hendrick Streeck: "Creo que los restaurantes, tiendas, supermercados y así sucesivamente no presentan un riesgo de infección"

En este caso, se estarán preguntando por la noticia de que Austria ha hecho obligatorio llevar mascarillas al acceder a todo supermercado de más de 400 metros cuadrados. Como se suele decir en las redes sociales, dos noticias se entienden mejor juntas: un supermercado de Pensilvania (EEUU) se vio obligado a tirar más de 35.000 dólares en comida después de que una mujer estornudara sobre varios productos frescos.

El talón de Aquiles

Si uno puede, con cuidado e incluso sin mascarilla, prevenir infectarse en la calle o en el supermercado, ¿cómo podemos ver entonces nuevos contagios en España si ya llevamos más de tres semanas de aislamiento?

Según los datos de antecedentes epidemiológicos de riesgo recopilados por el Instituto de Salud Carlos III, un 52% de los casos de Covid-19 notificados a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica llegó por el contacto estrecho con casos probables o confirmados, y un 66% por el contacto, en general, con personas que padecían una infección respiratoria aguda. Se habla mucho del peligro de los asintomáticos o de si el virus puede resistir horas en las barandillas del metro, pero la realidad es que la mayoría de los contagios se produce entre un caso con síntomas y sus contactos más cercanos: familia, amigos, compañeros de piso.

Bruce Aylward: "¿Dónde está el virus y cómo lo contienes? Sabemos que el virus está en los casos y en sus contactos cercanos"

Lo dijo en esta entrevista Bruce Aylward, el enviado especial de la OMS a China: "¿Dónde está el virus y cómo lo contienes? Sabemos que el virus está en los casos y en sus contactos cercanos. Ahí es donde está la mayoría del virus y donde la mayoría de nuestros esfuerzos debería estar (...) Cuanto más rápido los aísles, antes romperás la cadena. Asegurándose de que los contactos cercanos están en cuarentena y monitorizados hasta saber si están infectados. Entre el 5 y el 15% de esos contactos están infectados. Y de nuevo, son los contactos cercanos, no cualquiera".

He aquí el gran talón de Aquiles: frenar el contagio cuando este ha traspasado ya las fronteras de nuestro propio domicilio. Pero dado este caso, todo lo que ha leído hasta ahora no le servirá de mucho, dado que la mascarilla ya será absolutamente imprescindible para usted y los suyos.

Hasta entonces, trate de actuar con inteligencia y comprender a nuestro enemigo. Los virus no son necesariamente malignos, de hecho, por su capacidad para adquirir material genético del huésped que infectan, han resultado esenciales para la evolución de todas las especies, incluida la nuestra. Solo quieren saltar de una célula a otra para multiplicarse y, si hay suerte, sufrir una mutación que prolongue su existencia.

En otras ocasiones (como esta), los virus nos enferman y nos matan. A lo largo de la historia de este planeta, esta batalla entre virus y huéspedes se ha dado miles de millones de veces, y en todas ellas, solo había dos posibilidades: adaptarse o extinguirse. Actualmente, casi no hay mascarillas disponibles, así que adáptese.

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