Yuka, myHealth Watcher y El CoCo

Llegan las 'apps' que te dicen si un alimento es saludable: por qué no te debes fiar

Acercar el móvil al código de barras ya es suficiente para conocer la calidad nutricional de un alimento, pero los criterios en los que se basa esta información son dispares y controvertidos

Foto: (Foto: Pexels)
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Su funcionamiento no puede ser más sencillo. Abres la app y utilizas la cámara del móvil para escanear el código de barras de cualquier producto. Al instante sabrás si ese alimento que vas a comprar o que estás a punto a abrir en casa es más o menos saludable por medio de una puntuación y una escala de colores.

La preocupación por lo que comemos y por llevar un estilo de vida saludable en general ha hecho que en apenas unos meses hayan irrumpido con fuerza las aplicaciones que tratan de aclarar las características nutricionales de lo que nos vamos a llevar a la boca. Yuka, myHealth Watcher y El CoCo son algunas de las que nos podemos descargar, cada una con sus peculiaridades, ya adaptadas al mercado español. Pero no todo es tan bonito como parece y los expertos así lo avisan.

“Me parece que el simple hecho de que existan indica que algo no se está haciendo bien, que los consumidores tenemos un lío monumental y que no sabemos elegir productos saludables”, afirma en declaraciones a Teknautas Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos y experta en seguridad alimentaria.

Los fabricantes y sus eslóganes publicitarios, los etiquetados, los nutricionistas que aparecen en los medios y en las redes sociales, los científicos que realizan estudios, los medios de comunicación y las administraciones no dejamos de enviar mensajes sobre alimentación, a veces confusos y hasta contradictorios entre sí. ¿Servirán las 'apps' para aclarar el panorama?

A la espera de Nutriscore

No queda muy lejos la última intentona del Gobierno para aclarar todo esto. Fue en noviembre, cuando anunció la futura implantación de Nutriscore, un semáforo nutricional que incluye las letras A, B, C, D y E acompañadas de una escala de colores entre el verde y el rojo. La idea era poder comparar alimentos del mismo tipo mediante un algoritmo que otorga peor puntuación a elementos considerados desfavorables para la salud (como los azúcares simples, las grasas saturadas o la sal) y mejor a los que lleven más fibra, legumbres, frutas o verduras. Según los expertos, el sistema es mejorable, aunque es un avance, pero aún está pendiente de implantar.

Desde entonces, algunas empresas han aprovechado para mover ficha y lanzar sus aplicaciones con ideas muy parecidas. La primera fue myHealth Watcher, con sede en Mataró. También nació en Barcelona El CoCo, que avisó de su llegada el pasado mes de marzo. Por su parte, Yuka, que fue desarrollada en Francia y ya dice contar con 10 millones de usuarios, está disponible en España desde finales de mayo y no sólo se ciñe a los productos de alimentación, sino que también incluye higiene y cosmética.

Alimento ultraprocesado en El CoCo
Alimento ultraprocesado en El CoCo

“En general, son una buena idea, pero a veces el problema es el criterio que utilizan para realizar sus clasificaciones”, opina Beatriz Robles. “Para que sean fiables y objetivos, deberían mostrarlos claramente, pero no siempre son transparentes, y cuando lo son, a veces no se corresponden con criterios científicos”, apunta.

La nutricionista pone como ejemplo Yuka, que ofrece una puntuación a sus productos de 0 a 100, además de aclarar el asunto con las siguientes calificaciones: Bueno (verde), Mediocre (naranja) y Malo (rojo). Para otorgar esa puntuación, el 60% corresponde a la nota nutricional de Nutriscore, el 30% depende de la presencia o ausencia de aditivos y el 10% restante se otorga si tiene la Etiqueta Ecológica Europea.

Sin embargo, estos dos últimos criterios –aditivos y producto ecológico– "no son científicos", afirma la experta. En el caso de los aditivos, “todos los que están presentes en alimentos son evaluados y reevaluados continuamente y certificados como seguros en las cantidades que se utilizan en cualquier producto que se pone a la venta”.

El aditivo de los garbanzos

Cuando escaneamos el código de barras de un bote de garbanzos cocidos con esta app, nos informa de que hay “un aditivo a evitar”, el E385 o EDTA. Lo califica como “riesgo medio” y le pone el color naranja. Los especialistas han explicado reiteradamente que el EDTA es seguro y que no hay ningún problema en su consumo. De hecho, a pesar de la advertencia, este producto tiene una buena clasificación en Yuka: 60 sobre 100 (Bueno), por sus magníficas cualidades nutricionales, que le dan una buena puntuación en Nutriscore.

En el caso de la etiqueta ecológica, su presencia en un alimento “sólo indica que el producto cumple con un determinado sistema de producción, no significa en absoluto que sea más o menos sano”, señala Beatriz Robles. De hecho, a menudo “ni siquiera son más sostenibles si vienen del otro lado del mundo, y desde luego nutricionalmente no son mejores”, advierte.

 Garbanzos en Yuka
Garbanzos en Yuka

Por eso, su conclusión es que “gran parte de la nota no se basa en una evidencia científica”. Aunque quizá a sus usuarios no les importe tanto este criterio y sí quieran tener en cuenta el hecho de que sea un producto ecológico: lo importante es que sean conscientes de cómo se elabora esta calificación y no se lleven a engaño.

Al probar El CoCo, vemos que el sistema es diferente. Cogemos unas latas de atún claro en aceite de girasol de una conocida marca blanca de supermercado. Al escanear el código de barras nos informa directamente de la evaluación nutricional de Nutriscore: la calificación es C.

Atún en El CoCo
Atún en El CoCo

Pero antes encontramos otro sistema menos conocido: NOVA. Se trata de una herramienta creada en Brasil para separar los alimentos según su grado de procesamiento. La escala va desde NOVA 1 –los 'naturales' o no procesados, como la fruta– hasta NOVA 4, los ultraprocesados. Es una distinción importante, porque los nutricionistas y la OMS recomiendan huir de las preparaciones industriales, ya que estimulan el apetito de manera artificial y están relacionados con diversas enfermedades.

Sin embargo, no se trata de una escala progresiva. También los NOVA 2 y los NOVA 3 pueden ser totalmente saludables. “Los garbanzos entrarían dentro de los procesados, pero deberían formar parte de la dieta, así que hace falta educar un poco al consumidor para que entienda estas cuestiones”, señala Beatriz Robles.

La propia aplicación ofrece una breve información al respecto y recomienda fijarse primero en el NOVA (“si es NOVA 4 ya es indicativo suficiente para sacarlo de la cesta de la compra”, advierte) y después en la valoración de Nutriscore.

¿Una Coca Cola es mejor que el aceite de oliva?

Algunos productos pueden estar bien clasificados en Nutriscore por tener un nivel bajo de grasas, azúcares y sal, pero ser ultraprocesados: es el caso de la Coca Cola Zero. También ocurre al revés: un aceite de oliva obtiene una mala nota en Nutriscore por su nivel alto de grasas a pesar de que es un alimento muy recomendable (y que no se consume solo, a cucharadas, sino como ingrediente de una ensalada o cualquier otro plato).

En todas estas 'apps' la información que obtenemos de los productos es mucho más completa. Por ejemplo, en el caso de la lata de atún, El CoCo nos dice “Lo que realmente lleva (por 100g)”: nivel alto de grasas, nivel bajo de azúcares y nivel moderado de sal. Podemos compartir esa información y, si no sabemos interpretar los sistemas NOVA y/o Nutriscore, tenemos un pequeño resumen.

En myHealth Watcher tratan de personalizar esta información. Por eso, proponen crear perfiles de cada miembro de la familia con información sobre su edad, sus características físicas, sus enfermedades e intolerancias alimentarias o si sigue alguna dieta específica.

En busca de una nota única

En cualquier caso, todo esto puede generar confusión, por eso casi todas estas iniciativas tienden a buscar una sola nota final para cada producto. En El CoCo han fichado al conocido nutricionista Juan Revenga para encontrar una fórmula propia que lanzarán en breve. “Estamos trabajando en una notación absolutamente original, basada en criterios científicos en lugar de aplicar un algoritmo arbitrario”, explica.

El sistema seguirá incluyendo el NOVA, pero además se apoyará en otros dos modelos. Uno de ellos, propuesto por la OMS, establece 17 categorías diferentes de alimentos en función de sus características nutricionales para determinar cuáles pueden anunciarse, con el propósito de reducir el marketing dirigido a los niños.

El otro se ha implementado en Chile, también con la idea de restringir la publicidad de ciertos productos. Cuando un alimento lleva determinadas cantidades de azúcar, grasas saturadas, sal o calorías, le ponen una señal de STOP en negro advirtiéndolo y queda prohibida su promoción para público infantil. Tampoco pueden incluir en el envase reclamos atractivos como personajes de dibujos animados.

“Será un sistema especialmente exigente”, afirma Revenga. “El mundo de la elaboración de los productos es sumamente complejo y se presta a muchas excepciones, hay que saberlas interpretar y, en la medida de lo posible, desarrollar un modelo que tenga pocos errores”, añade.

Señales que pone el Ministerio de Salud de Chile
Señales que pone el Ministerio de Salud de Chile

En general, considera que estas nuevas 'apps' pueden hacer una labor importante. Incluir esta información en el etiquetado de los productos a través de herramientas como Nutriscore “sería suficiente si la población general, en su mayoría, supiera interpretar de forma adecuada qué es lo que tiene delante, pero eso no es fácil. Por eso vamos a tratar de humanizar la información y ser abiertos para comunicar cuáles son nuestros criterios”, destaca.

"Causar impacto en la sociedad"

Detrás de El CoCo –acrónimo de “consumidor consciente” – encontramos a dos emprendedores que, después de trabajar muchos años por cuenta ajena en el mundo de la tecnología, y siendo padres de familia interesados por la nutrición, pensaron en este proyecto a pesar de que ya había app similares. “Nuestro objetivo es causar el mayor impacto posible en la sociedad”, asegura Jean-Baptiste Boubault, cofundador. “No buscamos un pelotazo económico, sino un equilibrio para poder pagar los sueldos”.

Para conseguirlo, asegura que tienen claras sus directrices. La primera es la simplicidad “tanto de uso de la aplicación como a la hora de entenderla”. La segunda, basarse en evidencias científicas. “A veces el rigor científico es contradictorio con la simplicidad”, reconoce, así que el reto es “tratar temas complejos de manera simple”. Para ello han incorporado tanto a Juan Revenga como a Maira Bes Rastrollo, investigadora de la Universidad de Navarra experta en el estudio de la relación entre el consumo de productos ultraprocesados y la salud humana.

Casi todas estas iniciativas se alimentan en parte de la información sobre productos alimentarios disponible en Open Food Facts, una especie de Wikipedia nutricional en la que consumidores registrados van subiendo información. En el caso de El CoCo, la comunicación es recíproca: los usuarios pueden crear productos nuevos desde la app y esos datos se suman a los de Open Food Facts.

No obstante, eso “no es suficiente porque tenemos que comprobar los datos”, afirma Boubault. Así que entre la decena de trabajadores y colaboradores de la empresa algunos se dedican a corregir o mejorar manualmente la información que se recibe.

El foco: ¿el consumidor o la industria?

El propósito de estas app y de los sistemas como NutriScore es ser el referente del mercado y hacer que la mayoría de la gente confíe en ellos. Sin embargo, no es así en todos los casos. La startup francesa Siga ha creado un índice que clasifica los alimentos según su grado de procesamiento, pero ofrece sus servicios y herramientas analíticas “a los actores de la industria alimentaria”, según explican en su web, “para ayudarlos a construir un suministro de alimentos más saludable y simple”.

“Nosotros pensamos que es el consumidor el que tiene que ser informado. Si esto le lleva a modificar su compra en una dirección, ya se moverá la industria para mejorar su balance de cuentas, pero no vamos a darle herramientas a un sector que nunca ha dado muestras de tener al consumidor en el centro de sus objetivos”, señala Revenga.

“Lo que nos hace movernos es imaginar que mañana un millón de personas usarán nuestra aplicación y que de esta comunidad surgirá un contrapoder”, destaca Boubault. En su opinión, “la industria alimentaria ha permitido que en las últimas décadas se produzca mucha más comida que nunca, más variada y más segura. El problema está en el sector de los ultraprocesados, que muchas veces nos toma el pelo”.

Por eso, nunca aceptarían publicidad de esta parte de la industria que su 'app' contribuye a poner en cuestión. De hecho, una de sus posibles vías de financiación a largo plazo sería hacer evolucionar su comunidad de usuarios hacia un 'marketplace' de productos locales y tiendas de barrio: “Si un usuario quiere comer bien, tiene que alejarse del supermercado”.

En ese sentido, “no queremos ser una 'app' de élite, sólo para gente que quiere comer bien y está muy concienciada, queremos implicar al consumidor de la calle que actualmente acude sobre todo al súper, pero si lo conseguimos, en una segunda fase podremos proponer alternativas cómodas basadas en alimentos locales, con productos de temporada y que realicen trayectos cortos”, apunta. Productos que, paradójicamente… No llevan código de barras.

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