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"Me han trasplantado el corazón por culpa de una prótesis de cadera"

La historia de César resume la falta de control sobre determinados productos

Foto: César muestra la caja con las 18 pastillas al día que tiene que tomar tras el transplante. (EC)
César muestra la caja con las 18 pastillas al día que tiene que tomar tras el transplante. (EC)

"En unos meses, me han jodido la vida y me la han salvado". César, de 42 años, habla con sorprendente tranquilidad del verano de 2016. Lo que empezó como unas molestias alrededor de su cadera terminó con un trasplante de corazón. Le destrozó la vida una prótesis de metal-metal y se la salvó el Hospital Puerta de Hierro. Ha denunciado a la empresa del dispositivo, Zimmer Biomet, que, por su parte, está litigando en los tribunales alemanes contra pacientes que denuncian las consecuencias de uno de sus dispositivos más vendidos.

[The Implant Files: consulte el especial sobre la investigación]

"Con 41 años, lo último que te esperas es una intoxicación en la sangre por un cuerpo externo que te han metido", explica César a El Confidencial y La Sexta, que cuentan su caso en el marco de la investigación internacional The Implant Files, coordinada por el ICIJ. En su caso, los metales que puede soltar una prótesis han llegado a afectar los órganos vitales. Hay muy pocos ejemplos documentados en el mundo de que algo así pueda ocurrir y los médicos que le han ayudado quieren estudiar su caso en los congresos científicos.

César, que vive en Madrid y se encarga de las ventas de una empresa del sector turístico, descubrió lo que era una prótesis de metal en julio de 2014, cuando, por una rotura tras ocho años sin problemas, le sustituyeron la prótesis que ya tenía. Era de otro material, de cerámica, y el cambio de un material a otro, señalan los expertos consultados, puede haber empeorado la situación.

"Me cambiaron la cabeza del fémur y la parte que lo recubre. Después de la operación me tranquilizaron mucho, porque me decían que lo que me habían puesto era el Rolls Royce de las prótesis". Pero menos de dos años después, César empezó a tener problemas de respiración: "No conseguía respirar cuando estaba tumbado, tenía que estar apoyado en la cama medio inclinado". Tras alguna visita infructuosa al médico, acudió al hospital. Nada más ver que llevaba una prótesis de metal-metal el cirujano le pidió analíticas de metales en sangre.

Le operaron por una miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco. Le tuvieron que inducir al coma y meterle en lista de espera para un trasplante de corazón que llegó tres semanas después. Durante la espera, llegaron los resultados de los niveles de cromo y cobalto en la sangre. De cromo, la cantidad recomendada por la Sociedad Española de Cirugía de Cadera para los portadores de dispositivos de metal es de menos de cinco micrográmos por litro y de cobalto, menos dos de microgramos. César tenía respectivamente 652 de cobalto y 279 de cromo, según consta en el informe de seguimiento que le hicieron en el servicio de cardiología del Puerta del Hierro.

César salió en octubre del hospital y tuvo una nueva prótesis seis meses después, aunque tiene que tomar 18 pastillas al día entre protectores gástricos, somnífero y analgésicos.

Los juicios en Alemania

Zimmer Biomet, por su parte, está enfrentándose a una importante demanda judicial en Alemania. En el centro de la cuestión está la prótesis de metal Durom-Metasul-LDH, que se implantó a más de 30.000 personas en toda Europa y se dejó de vender en 2012, nueve años después de su puesta en el mercado.

Prótesis de Cadera de Zimmer. Foto cedida por Ostro para The Implant Files.
Prótesis de Cadera de Zimmer. Foto cedida por Ostro para The Implant Files.

Muchos de los pacientes alemanes se han organizado para plantear una demanda colectiva en la que presentaban síntomas parecidas, incluyendo niveles de cobalto tan altos en su sangre que necesitaban una segunda operación para retirar las prótesis de su cuerpo.

El 15 de octubre de este año, un juzgado de Friburgo ha emitido una sentencia, que puede ser recurrida, en la que se condena a la empresa Zimmer a pagar 25.000 euros de indemnización ya que su prótesis era "defectuosa" y que estaba exponiendo a un alto riesgo a todos su pacientes. La empresa, asegura el juez, no hizo todos los tests necesarios para evitar poner un dispositivo defectuoso en el mercado: "El hecho de que el producto fuera deficitario podría y debería haber sido identificado en la revisión de la literatura y en los ensayos clínicos existentes”. Es la segunda sentencia en este sentido, después de que en julio de este año otro juez alemán condenara al fabricante por los defectos de su prótesis. Estas sentencias pueden ser un antes y un después para pacientes como César.

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