dirige el proyecto airuse

El 'crack' científico español que Europa ha elegido para acabar con la contaminación

El investigador del CSIC Xavier Querol ha liderado el proyecto AIRUSE, premiado en Europa como "el mejor de los mejores" para aumentar la calidad de nuestro aire

Foto:  Xavier Querol es uno de los principales expertos en investigación atmosférica de nuestro país (Cedida)
Xavier Querol es uno de los principales expertos en investigación atmosférica de nuestro país (Cedida)

La OMS estima que cada año mueren 4,2 millones de personas en todo el mundo a causa de la contaminación ambiental del aire. En España se calculan 9.300 fallecimientos anuales, según los últimos datos aportados por la Escuela de Sanidad Nacional. Unas cifras que, sin duda, dan que pensar sobre la calidad del aire que respiramos cada día. Aunque solo hace falta ver las famosas ‘boinas’ que cubren las principales ciudades de España para advertir que aquello que nos mantiene con vida también nos la está quitando poco a poco.

Para que eso no sea así, el investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAE) del CSIC Xavier Querol Carceller ha desarrollado, junto con otros expertos europeos, el programa comunitario AIRUSE, enfocado a mejorar la calidad del aire de las ciudades del sur de Europa. “Vimos que ciudades del centro y norte de Europa, sobre todo en Escandinavia, hace años que están aplicando muchas medidas de calidad del aire, y nosotros en el sur, como en otros campos, vamos un poco más retrasados”, explica a Teknautas este experto que también ha formado parte de varios comités asesores por la calidad del aire en Europa y en 2013 fue reconocido por la Generalitat Valenciana con el Premio Rey Jaime I de Protección del Medio Ambiente.

Ahora, AIRUSE, liderado por Querol y financiado por la Comisión Europea a través del programa LIFE, ha sido galardonado con el premio ‘The Best of the Best Green Cities Project’: “el mejor de los mejores” entre más de un centenar de proyectos medioambientales. Fruto del trabajo de un consorcio en el que también han participado el Instituto de Tecnología Cerámica (ITC) y varios centros de investigación y universidades europeos, esta investigación que ha durado cinco años ha dado lugar a una serie de guías con diferentes medidas para eliminar la contaminación.

Sus soluciones pasan por crear una buena red de transporte público, eliminar los coches privados del centro y coordinar el acceso de las furgonetas de reparto. Aunque no todo afecta a la movilidad: también son necesarios mejores sistemas de calefacción o incentivar el teletrabajo.

Así es el aire que respiramos

Antes de ponerse a concebir soluciones, AIRUSE comenzó por recabar datos, allá por 2013, para detectar cuál era el origen de la contaminación en cinco ciudades: Barcelona, Florencia, Milán, Oporto y Atenas. Así, durante más de un año recogieron muestras de PM10 y PM2,5, las partículas en suspensión más gruesas y más finas respectivamente, para a continuación analizarlas químicamente “con alrededor de unos 100 parámetros en cada filtro de cada día analizado”, explica Querol.

Esto les sirvió para ver que, por ejemplo, en Barcelona, el tráfico producía un 30% de las partículas de PM10, de las cuales dos tercios provenían de las emisiones de los tubos de escape y el otro tercio del desgaste de frenos y ruedas, o que las obras provocaban, de media entre todas las ciudades, un 10% de estas emisiones. También se comprobó que los buques de las urbes costeras contribuían con un 5 y 10% a la contaminación por partículas o que las emisiones por la quema de biomasa en calefacciones eran mucho más altas en Milán, Oporto y Florencia que en la Ciudad Condal o en Atenas.

Según los últimos datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), citados por este investigador, “en la Europa de los 28 hay unas 399.000 muertes prematuras atribuibles a las partículas de suspensión cada año”.

Además, este doctor en ciencias geológicas por la Universitat de Barcelona, especializado en geoquímica ambiental, advierte que en el aire se encuentran gases nocivos como el óxido de nitrógeno o el ozono troposférico. En el caso del óxido de nitrógeno, proviene en su mayoría del tráfico (“un 75% en Madrid”) y cada año provoca en Europa 75.000 fallecimientos prematuros. Mientras que el ozono malo se forma al reaccionar, principalmente, el óxido de nitrógeno procedente de los coches con la radiación solar. Este gas propio del verano produce, según los datos europeos, unas 3.500 muertes anticipadas al año.

Cómo limpiar la contaminación

Para Querol, una de las primeras medidas (y más importantes) sería consolidar una red de transporte público rápido, barato y cómodo a nivel metropolitano. Esto es debido a que la población de las ciudades satélite ha aumentado y muchos tiran de vehículo particular para acudir al centro por no contar con buenas alternativas de transporte.

En este sentido, este experto estima “clave el papel de los gobiernos regionales” y el acuerdo con los locales con el fin de crear, por ejemplo, “aparcamientos disuasorios alrededor de las ciudades para que la gente deje el coche allí y entre al centro con el transporte público”.

El proyecto AIRUSE está pensado para dar herramientas de actuación contra la contaminación a los ciudades del sur de Europa (AIRUSE)
El proyecto AIRUSE está pensado para dar herramientas de actuación contra la contaminación a los ciudades del sur de Europa (AIRUSE)

Con ello también se reducirá el número de vehículos del centro de las ciudades, otra de las claves para limpiar nuestro aire. Algo que también se conseguirá, según publican en AIRUSE, prohibiendo aparcar a los no residentes en el centro o poniendo peajes urbanos. En este sentido, Querol remite al éxito que ha tenido en Estocolmo, donde se ha reducido el número de coches en un 30% desde que se implantó.

Una vez que ya se ha disminuido el tráfico en el centro de las ciudades, la siguiente medida será conseguir que esos coches sean libres de emisiones. “Debemos eliminar los coches muy viejos que contaminan mucho en partículas y promover los nuevos”, explica Querol. Así, sería necesario “promover que la persona que se compra uno nuevo lo haga eléctrico, como ideal, y si no, híbrido y de gas natural, también sería bueno”, apunta.

Para no dejar que los coches entren al centro de las ciudades será necesario contar con un buen transporte público (Pixabay)
Para no dejar que los coches entren al centro de las ciudades será necesario contar con un buen transporte público (Pixabay)

En la guía AIRUSE también abordan una realidad en boga como es el reparto de mercancías a establecimientos o a domicilio, que crece a buen ritmo por el impulso de las ‘apps’ y las compras online. En este sentido, la medida que proponen es utilizar vehículos limpios y organizar la logística de tal forma que “no fuera necesario que hubiera tantos vehículos dando vueltas por la ciudad” o, incluso, que no repartan en la misma franja horaria como se hace actualmente.

Aunque para Querol la medida estrella, junto con la importancia de mejorar el transporte público, es cambiar el diseño urbano para no favorecer el uso del vehículo privado. “Si tenemos un centro comercial grande en el centro de la ciudad, lo primero que se construye son miles de plazas de garaje para que la gente vaya con su coche”, ejemplifica. “Mientras que si vas a Westminster, en el centro de Londres, o al centro de París, nos costará encontrar tantos parkings públicos”. Además, apunta otras medidas como apartar los colegios, los geriátricos o los hospitales del tráfico, al ser lugares a los que acuden las personas más vulnerables, o poner más zonas verdes o más carriles bici que estén realmente separados del tráfico.

Aunque no es lo único que se plantea. Querol también apunta a medidas más concretas como el lavado de las calles o la aplicación de sustancias aglomerantes contra las partículas en suspensión. Además, en la era digital, cree que una buena alternativa para evitar desplazamientos es el teletrabajo para los días de mayor contaminación.

Además, sobre las medidas puntuales, Querol dice que “hacen poco en cuanto a calidad del aire”, pero que son muy importantes por la toma de conciencia social, así como para probar qué medidas funcionan en cada ciudad. “No se trata de poner coches eléctricos mañana (eso tardaremos años en verlo), la cuestión es poner un 5 o 10% de aquí, un 15% de allí, y entre varias medidas sumar un 25 o 30% de mejora de calidad del aire”, explica.

Incentivar el uso de los servicios 'car sharing' también es una buena alternativa (MaxPixel)
Incentivar el uso de los servicios 'car sharing' también es una buena alternativa (MaxPixel)

¿En quién debemos fijarnos? Como en casi todo, la vista va a hacia los países escandinavos. “No hay ninguna sociedad que tenga un desempleo bajo, una buena sanidad, una buena educación, una buena paridad de género y una mala calidad del aire”, explica Querol. “La calidad del aire es una característica más del desarrollo cultural y económico”, puntualiza.

Ahora bien, si tuviéramos que elegir una sociedad con un desarrollo similar al nuestro, el ejemplo a seguir debería ser el de Milán, donde, por ejemplo, hay que pagar cinco euros para acceder a su centro desde 2015 y el éxito de los servicios urbanos de ‘car sharing’ ha sido mucho mayor que en Madrid.

Más allá de las ciudades

Al contrario de lo que se cree, la contaminación no solo afecta al centro de las ciudades. Por ejemplo, como advierte Querol, hay zonas rurales donde se incumple la legislación por partículas en suspensión debido, en este caso, a las calefacciones privadas de biomasa. “Si no se utilizan estufas certificadas de bajas emisiones o maderas naturales con una humedad baja y un contenido bajo en cenizas, la combustión puede producir problemas”, explica Querol, quien también recomienda que las maderas sean locales y “no sea necesario traer un ‘pellet’ (combustible granulado a base de madera) transportado desde Italia”. En el estudio de AIRUSE vieron que, así, las emisiones nocivas se podían reducir hasta en 15 veces.

Como referente en este caso, Querol cita la región alpina del Tirol o Dinamarca, donde, ante gélidos climas, se utilizan mucho la calefacción y sus niveles de contaminación son, sin embargo, menores. “Tienen una legislación muy estricta sobre el tipo de calderas y el tipo de maderas que hay que utilizar en las poblaciones de tamaño medio, pequeño o en los valles que tienen grandes inversiones térmicas”, puntualiza. Además, dentro del proyecto AIRUSE también han estudiado alternativas combustibles como el uso de cáscara de almendra, cáscara de piñón o hueso de aceituna.

Quemar maderas recicladas puede acarrear altos índices de partículas en suspensión en áreas rurales (PxHere)
Quemar maderas recicladas puede acarrear altos índices de partículas en suspensión en áreas rurales (PxHere)

Sobre las zonas industriales, este experto también advierte de la emisión de muchas partículas fugitivas que no contempla la legislación. “Son partículas que se forman con arcilla y, si empieza a soplar el viento, a los vecinos que viven alrededor de zonas industriales se les llenan las casas de polvo”, explica Querol.

Además, si hablamos de ozono, las áreas más perjudicadas están en los pueblos de alrededor de las grandes ciudades. “Por ejemplo, en Barcelona, lo respiran en la Plana de Vic y, en el caso de Madrid, en la sierra, por la zona de Colmenar Viejo”, detalla.

Las emisiones industriales también son una importante fuente de contaminación (Pixnio)
Las emisiones industriales también son una importante fuente de contaminación (Pixnio)

A pesar de todo, Querol se muestra optimista y cree que “la legislación europea y el tiempo hará que estemos a un nivel semejante” a los modélicos escandinavos. “El cinturón de seguridad nos lo pusimos obligatorio unos años más tarde que ellos, prohibimos fumar en los sitios públicos un poco más tarde que ellos, y ahora tendremos una mejor calidad del aire un poco más tarde que ellos, pero la tendremos”, apuesta. Además, dice que desde las comunidades autónomas hay voluntad por mejorar, aunque todavía existe un “miedo probablemente político” a aplicar ciertas medidas.

Verse reconocidos por la Comisión Europea y una votación popular que les hizo alzarse con el premio, hace que sus valiosas lecciones cobren aún más relevancia. Aunque Querol asegura que la medalla les importa poco, para ellos “lo importante es sentir ese respaldo oficial” que hace que las medidas por mejorar nuestro aire ya se vean algo más cerca de lo que jamás lo estuvieron.

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