La ue decidió finalmente a su favor

Fin de la guerra del glifosato: industria y agricultores ganan, ecologistas pierden

Finalmente, 18 de los 28 estados miembros de la Unión Europea apoyan la extensión de la licencia del herbicida. La batalla en los despachos de Bruselas ha durado muchos años

Foto: Protesta contra el glifosato en Bruselas el pasado 19 de julio (Yves Herman / Reuters)
Protesta contra el glifosato en Bruselas el pasado 19 de julio (Yves Herman / Reuters)

La Unión Europea ha estado debatiendo hasta el último minuto si prohibir o no en su territorio el uso del herbicida más usado por agricultores en el mundo. Finalmente, el glifosato ha ganado un lustro más de licencia, hasta 2022.

En realidad, cinco años suponen una tercera parte de los 15 que normalmente se conceden a este tipo de productos. Por tanto se ha aprobado pero con mucho menos plazo, suficiente para que todas las partes se hayan declarado victoriosas. Por ejemplo, quienes promovieron desde el Parlamento Europeo un comunicado que, el pasado 24 de octubre, exigía que el glifosato fuera "eliminado de Europa en un periodo no superior a cinco años".

¿Pero a quién beneficia de verdad esta extensión legal del herbicida apadrinado por Monsanto —que ostentó su patente hasta el año 2000 y aún lo emplea como ingrediente base de Roundup, uno de sus productos más populares— y a quién perjudica?

Historia del glifosato en 200 palabras

Este herbicida es ampliamente utilizado en cultivos tanto tradicionales y transgénicos. Hasta hace unos años casi nadie fuera del ámbito agrícola había escuchado hablar de él, pero los grupos ecologistas empezaron a señalarlo tras la publicación de estudios que asociaban su uso con el desarrollo de tumores en ratones.

El más sonado de estos estudios, publicado por el biólogo molecular francés Gilles-Éric Séralini, fue retirado de la revista 'Food and Chemical Toxicology' en 2013 por manipular los datos. El estudio original mostraba a ratones, expuestos al citado Roundup y a maíz transgénico de Monsanto, que habían desarrollado tumores como pelotas de ping pong.

Edward Ford, granjero, muestra gránulos de herbicida con glifosato (Mary Turner / Reuters)
Edward Ford, granjero, muestra gránulos de herbicida con glifosato (Mary Turner / Reuters)

El segundo golpe vino en 2015, cuando la agencia de la OMS encargada de investigar el cáncer publicó su monográfico sobre el glifosato. Decidieron ubicarlo en la categoría 2A, "probablemente carcinógeno", lo que provocó una ola de indignación. Hubo cierta polémica porque el informe contradecía la revisión de estudios publicada pocos meses después por la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) y que avalaba la seguridad del glifosato.

Y ese mismo 2016, en junio, los 28 estados miembros se sentaron por primera vez para decidir si revocar la licencia europea del herbicida o extenderla otros 15 años.

Los perdedores

Quienes más energía han puesto en tratar de erradicar el glifosato de los cultivos han sido, a nivel continental, un grupo de nueve países encabezados por Francia, que sólo estaba dispuesta a apoyar una extensión de tres años para el biocida. Junto a ella están Italia, Bélgica, Austria, Grecia, Chipre, Malta, Luxemburgo y Croacia.

A nivel político, los partidos de izquierdas han sido los principales defensores de la prohibición. En España, Podemos y Equo son los partidos que más se han alineado con esta posición. Poco antes de que comenzara el debate en la Comisión Europea, ayuntamientos como el de Madrid apoyaron a nivel particular la eliminación progresiva del herbicida en parques y jardines. A finales de septiembre, el diputado Juantxo López de Uralde llevó al Congreso de los Diputados el 'affaire glifosato', presentando una pregunta al gobierno sobre su postura.

"Esperamos que esta decisión sea la última prórroga para el glifosato y que con ella comience el final de este herbicida", ha reaccionado hoy López de Uralde, "su eliminación no debe tener ya marcha atrás, porque es urgente que el glifosato desaparezca de nuestras vidas, por el riesgo tóxico que supone".

Performance celebrada ayer en Bruselas antes de la votación del glifosato (Yves Herman / Reuters)
Performance celebrada ayer en Bruselas antes de la votación del glifosato (Yves Herman / Reuters)

Junto a ellos, organizaciones ambientales como Greenpeace, Ecologistas en Acción o Amigos de la Tierra han lamentado el resultado de la votación.

Los ganadores

El pasado 9 de noviembre, los estados miembros se encontraban en la misma situación que en el último año. Frente a los 9 insumisos, una mayoría simple de 14 países aprobaba reeditar la licencia del glifosato. Sin embargo, necesitaban dos países más de entre los cinco que se habían declarado neutrales: Alemania, Polonia, Bulgaria, Rumanía y Portugal.

El cambio de postura de Alemania (y el resto de países, salvo Portugal) acabó de decantar la balanza en el día de ayer, y muchos lo achacan a una maniobra empresarial: la compra de Monsanto por parte de la alemana Bayer, adquisición que la propia Comisión Europea está analizando. "Los intereses del nuevo buque insignia de la industria química europea, Bayer-Monsanto, han primado frente el interés general", ha declarado el eurodiputado Florent Marcellesi, del grupo Los Verdes.

Agricultores franceses, los má activos contra el glifosato, el pasado 21 de noviembre (Stephane Mahe / Reuters)
Agricultores franceses, los má activos contra el glifosato, el pasado 21 de noviembre (Stephane Mahe / Reuters)

Otros que están celebrando el resultado de la votación son los agricultores. "La prohibición de glifosato afectaría de manera global a la agricultura europea", explica a Teknautas Paula Triviño, directora de la Federación Europea para la Agricultura de Conservación. Restringir uno de los productos más usados actualmente habría obligado a los agricultores a "realizar laboreos intensivos del suelo para controlar las malas hierbas o utilizar fitosanitarios con peores perfiles ecotoxicológicos, y probablemente mucho menos económicos", añade Triviño.

Otras organizaciones de agricultores, como ASAJA, también se han posicionado recientemente: "La agricultura europea no puede prescindir del glifosato, un producto esencial para los agricultores", dijo hace dos meses el presidente de la rama sevillana de la asociación, Ricardo Serra.

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