La historia olvidada de los científicos españoles exiliados por la Guerra Civil
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una exposición reivindica su papel

La historia olvidada de los científicos españoles exiliados por la Guerra Civil

Blas Cabrera, Enrique Moles, Dorotea Barnés, Pilar de Madariaga... Son algunos de los cerebros refugiados cuyo talento fue aprovechado por otros países

placeholder Foto: Dorotea Barnés González, una química de primera línea.
Dorotea Barnés González, una química de primera línea.

Dorotea Barnés (Pamplona, 1904 - Fuengirola, 2003) fue una de las mayores expertas en espectroscopia aplicada de su época y una pionera de la química en España. Tras una estancia en el Smith College de Massachusetts (EEUU) llegó a ser catedrática de Física y Química en el Instituto Lope de Vega de Madrid, pero al comenzar la Guerra Civil se exilió a Francia. Tras regresar a nuestro país fue inhabilitada para la enseñanza y no volvió a investigar. Es sólo un ejemplo de la pérdida de patrimonio cultural que generan las guerras. Con el objetivo de repasar la historia de estos científicos refugiados se inaugura hoy la exposición 'Ciencia de acogida' en el CentroCentro de Madrid, donde permanecerá hasta el 17 de septiembre.

Foto: Manuel de León, fundador y exdirector del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT).

"Nuestra intención es que la gente reflexione sobre todo lo que perdió un país y todo lo que ganó el país acogedor", resume el fundador de la revista de divulgación científica Principia e impulsor de la exposición, Enrique Royuela. La idea surgió de un artículo publicado en su medio en plena crisis migratoria: "Queríamos dejar claro que la inmensa mayoría no son refugiados sino desahuciados, porque Europa no les estaba acogiendo".

'Ciencia de acogida' se divide en dos partes en las que se juega con el estilo artístico de la época. La primera está centrada en aquellos investigadores que tuvieron que abandonar nuestro país tras el inicio de la Guerra Civil en 1936. Estos pertenecieron a un período conocido como Edad de Plata de la ciencia española, cuyo hito inicial fue el Premio Nobel de Medicina otorgado a Santiago Ramón y Cajal en 1906. El otro módulo salta hasta la Segunda Guerra Mundial que provocó la huida de científicos europeos de la talla de Albert Einstein, Rita Levi-Montalcini y Enrico Fermi.

placeholder Algunos de los carteles de la exposición, que muestran a los científicos exiliados imitando el estilo propagandístico de la época.
Algunos de los carteles de la exposición, que muestran a los científicos exiliados imitando el estilo propagandístico de la época.

Nuestro otro nobel científico, Severo Ochoa, decidió abandonar España tras el estallido de la Guerra Civil al considerar que si se quedaba condenaría su futuro como investigador. Así comenzó, en septiembre de 1936, lo que el bioquímico denominaba sus "años errantes": en cuatro años viajó a Alemania, Inglaterra y, finalmente, Estados Unidos, donde llevó a cabo el trabajo que le valió el galardón sueco en 1959, ya con doble nacionalidad. Un año antes había sido propuesto como candidato al Premio Nobel de Física Arturo Duperier, huido a Francia.

España perdió un patrimonio intelectual que ganaron países como México

Ochoa es el más famoso de los veinte científicos españoles que homenajea la exposición —con permiso del presidente de la República Juan Negrín y del médico Gregorio Marañón— pero no el único. Odón de Buén, padre de la oceanografía en nuestro país y fiero defensor de las teorías de Darwin entre sus compatriotas, ya estaba jubilado con gran prestigio cuando estalló la contienda. Tras un año en prisión y una breve estancia en Francia —donde falleció su esposa—, el investigador se exilió en 1942 a México a punto de cumplir los 80 años. Falleció en 1945 y la dictadura relegó su nombre al olvido.

Fue México el destino de muchos de estos refugiados. Allí murió también en 1945 el físico Blas Cabrera, uno de los investigadores españoles más importantes de la historia, tras ser depurado de su puesto de catedrático. En el país americano fue profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México y fundó, junto a otros exiliados como Ignacio Bolívar —pionero de la biología— la revista de divulgación 'Ciencia'. "España perdió un patrimonio intelectual que ganaron países como México", comenta Royuela.

Otros investigadores sí volvieron. Es el caso del químico Enrique Moles, que regresó de su exilio en Francia en 1941 para ser encarcelado hasta 1945 por haber sido director de explosivos durante la guerra. Vicerrector de la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, autor de cientos de artículos científicos y considerado uno de los químicos más relevantes de su época, Moles fue expulsado de su universidad.

Todavía menos recordado es el rol de mujeres como Dorotea Barnés —cuyas hermanas estudiaron química, farmacia y filología árabe—. "Las mujeres eran unas completas desconocidas, nos ha costado encontrar científicas exiliadas", admite Royuela. La saga de las Barnés, aunque inusual para la época, no fue única. Amparo Poch, Pilar de Madariaga y María Teresa Toral completan una exposición situada en un edificio cuya pancarta exterior promete un cambio de mentalidad que nunca acaba de llegar: "'Refugees welcome'".

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