está en la lista que revisará el ayuntamiento de Madrid

Juan de la Cierva, el inventor que 'ayudó a volar' al ejército de Franco

Juan de la Cierva fue ingeniero e inventor. Su nombre estará siempre asociado al del autogiro, antecesor del helicóptero moderno. También jugó un papel importante en el estallido de la Guerra Civil

Foto:  Retrato de Juan de la Cierva y Codorníu. (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, Eulogia Merle)
Retrato de Juan de la Cierva y Codorníu. (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, Eulogia Merle)

Artistas como Dalí, periodistas como Fernández Cancella, escritores como Josep Pla… En la lista que la Cátedra de Memoria Histórica ha confeccionado a petición del Ayuntamiento de Madrid dentro del plan de revisión de los nombres de las calles de la capital, hay representantes de todos los ámbitos de la vida cultural española durante los años del franquismo. También está el nombre del que seguramente sea el inventor español más reconocido  de la historia: Juan de la Cierva.

Como contaban los autores de esa lista a 'El País', el criterio para confeccionarla ha sido estrictamente histórico: “Gente que está relacionada de una u otra manera con el régimen del dictador”. Después de eso, será el ayuntamiento el que decida cuáles se cambian y cuáles se quedan, atendiendo, es de suponer, a las aportaciones que les valieron el reconocimiento de una calle con su nombre además de cuál fuera su relación con el franquismo.

En busca de un vuelo seguro

Juan de la Cierva nació en Murcia en 1895. Hijo de un político y nieto de un ingeniero, a De la Cierva siempre le interesó volar. Cuenta su hija que ya de joven lanzaba en el parque del Retiro de Madrid aparatos que él mismo construía y que irremediablemente se estrellaban contra el suelo. “Su vida y su meta eran crear un vuelo lo más seguro posible”, contaba Ana María de la Cierva.

Su vida y su meta eran crear un vuelo lo más seguro posible

Empezó a intentarlo bien pronto. De adolescente, fundó con dos amigos una sociedad que bautizó como B.C.D. (las iniciales de sus apellidos), y a los 16 años construyó e hizo volar en el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, un biplano con un motor de 50CV, apodado el Cangrejo. Unos años después, su segundo modelo, esta vez un monoplano, sufrió también sus pruebas: el aparato nunca logró volar con la eficacia del anterior. 

En 1919 terminó la carrera de ingeniero de Caminos (por entonces, no había una formación específica para ingenieros aeronáuticos), y presentó como proyecto de fin de estudios un nuevo biplano con tres motores y hélices motoras. En las pruebas, el piloto Julio Ríos sufrió un accidente sin que sufriera daños, pero sí destrozó el aparato y dejó en la mente de De la Cierva una gran impresión.

Palas giratorias en vez de alas

Empezó entonces a pensar en cómo podría crear un sistema de vuelo que no viese comprometida la seguridad cuando disminuyese la velocidad, ya que era en los momentos previos al aterrizaje, al ir los aparatos más despacio, cuando se producían la mayoría de las caídas. El resultado fue su primera aproximación al autogiro, una nave con una hélice frontal y en la que las alas fueron reemplazadas por palas giratorias que seguían en movimiento aunque la velocidad disminuyese. 

Lo patentó en 1920 y realizó varias modificaciones hasta que el cuarto modelo, que llamó C-4, consiguió sobrevolar el aeródromo de Getafe el 17 de enero de 1923. Ese mismo mes llevó a cabo otra prueba con éxito en Cuatro Vientos: despegó en una breve carrera, voló a unos 100 kilómetros por hora y también a velocidades muy lentas y volvió a aterrizar en vertical. El año siguiente, el ejército comenzó a producir autogiros (modelo C-6), y su presencia en la IX Exposición Aerodinámica de París despertó el interés de gobiernos extranjeros por sus diseños. 

El 18 de septiembre de 1928 fue un gran día para De la Cierva. Esa tarde, "a las 16 y 16", como contaba el periódico 'ABC' por entonces, su aparato aparecía por el horizonte en el aeródromo de Le Bourget, en París, donde un montón de periodistas y fotógrafos esperaban para inmortalizar el momento en que su autogiro aterrizase, tras cruzar por primera vez el Canal de la Mancha. "El autogiro dio una gran vuelta por encima del aeródromo, pasando a gran velocidad. Después subió un poco y, a 150 metros de altura, paró el motor. Entonces, el aparato comenzó a descender verticalmente, deteniéndose unos momentos en el descenso para reemprenderlo instantes después. Y suavemente, sin ningún incidente, el autogiro se posó en tierra", recogía el cronista de la época.

De la Cierva y el 'Dragon Rapide'

Así cumplía el sueño de parte de su vida, según reconoció él mismo. "Durante años, no he hecho otra cosa que trabajar en él para convertir en algo práctico aquel aparato en que comencé mis experimentos en 1920". Con esto, se convertía, junto a Isaac Peral, en uno de los inventores más recordados de la historia de España. Tanto es así que desde el año 2001 el Ministerio de Educación otorga un premio nacional con su nombre para proyectos que han destacado en el proceso de transferir tecnología de los laboratorios a las empresas, y también lleva su nombre un programa de contratación de investigadores en formación.

Durante años, no he hecho otra cosa que trabajar en él para convertir en algo práctico el aparato en que comencé mis experimentos en 1920

También hay calles con su nombre en varias ciudades españolas, como La Coruña, Mataró, Cádiz o Madrid. Y es este último caso el que ahora será revisado dentro del plan del ayuntamiento de la capital, porque la figura de De la Cierva estuvo ligada a la sublevación del ejército franquista que supuso el comienzo de la Guerra Civil. 

Los meses previos al golpe militar, Juan de la Cierva se encontraba en Inglaterra. Desde allí, a principios de julio de 1936, asesoró a los golpistas en el alquiler de un avión, el 'Dragon Rapide', que habría de llevar a Franco desde Canarias hasta Tetuán para tomar el control de las tropas del norte de África, un vuelo que los cronistas del franquismo denominarían como "histórico". 

Sin embargo, poco más hizo De la Cierva por ese bando, o por el contrario. Irónicamente, el ingeniero e inventor murió en un accidente de aviación poco después: el 9 de diciembre de 1936, el avión en el que volaba de Londres a Ámsterdam se estrelló en el aeropuerto, durante la maniobra de despegue. 

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