Si se bloqueó a Trump, ¿por qué no se impide que los talibanes usen WhatsApp o Twitter?
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No solo se llevaron el equipamiento de EEUU

Si se bloqueó a Trump, ¿por qué no se impide que los talibanes usen WhatsApp o Twitter?

Estas 'apps', de origen precisamente estadounidense, se han convertido en pieza clave de estos grupos para la reconquista de Afganistán. Ahora muchos se preguntan si se pudo evitar

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Este domingo, los talibanes tomaban el control de Kabul, la capital de Afganistán, y por tanto se hacían con el poder del país tras unas semanas de avance relámpago. Esto seguramente ya lo sepas, la mayor parte del planeta lo conoce gracias a medios de comunicación y autoridades internacionales, pero ¿cómo se enteraron los propios ciudadanos de la capital del cambio? La respuesta es más sencilla y aburrida de lo que podría parecer. No hicieron falta disparos, cambios de banderas o megáfonos por las calles, simplemente necesitaron un mensaje de WhatsApp. El grupo insurgente hizo correr por la aplicación de mensajería una serie de escuetos textos con frases clave: "Estamos a cargo de la seguridad de Kabul". Un hecho nada casual ni arbitrario que muestra el poder de internet en lo ocurrido en el país asiático y también despierta ciertas dudas en torno a la línea seguida por los gestores de estas tecnologías de origen y base estadounidense.

Además de esa primera frase, que dejaba claro el traspaso de poderes en la ciudad, se añadían otros detalles clave, como recuerda 'The Washington Post'. Los mensajes, viralizados por los grupos de ciudadanos, añadían listas de números de teléfono diferenciados por barrios a los que la población debería llamar, usando la 'app' del bocadillo verde, si veían problemas como saqueos o comportamientos “irresponsables” por parte de individuos armados. "El Emirato Islámico les asegura que nadie debe entrar en pánico por sentir miedo". "Los talibanes se están apoderando de la ciudad sin luchar y nadie correrá peligro". Todo esto mientras los portavoces del grupo iban actualizando la situación desde sus cuentas en Twitter o Facebook. En una situación de conflicto abierto, la redes sociales se han convertido en una herramienta clave para el devenir de la lucha, y la gran pregunta que queda en el ambiente es: ¿se debería haber hecho algo contra esto?

Foto: Manifestantes en La Habana, durante las protestas llevadas a cabo el pasado 11 de julio (Reuters)

Desde hace algunos años y en un cambio radical en su política comunicativa y de comportamiento, el grupo talibán ha pasado de castigar y luchar contra el uso de la red y otros medios de comunicación a abrazarlos, hacerlos suyos y convertirlos en pieza clave de su día a día. Líderes del grupo como Mohammed Naeem, portavoz de la oficina política del Emirato Islámico de Afganistán con sede en Qatar, cuentan con miles de seguidores en todo tipo de redes. Solo en Twitter, a Naeem le siguen casi 200.000 usuarios a los que va lanzando mensajes y más mensajes sobre la evolución de la situación con comunicados, fotos y vídeos incluidos. La cuenta oficial de su oficina llega a los 286.000 y Suhail Shaheen, otro de los miembros de este grupo, que en este caso lanza sus comunicados en inglés, alcanza los 327.000.

No se quedan ahí, su trabajo también pasa por Facebook o YouTube de forma habitual, con miles de visualizaciones. E incluso se han animado con Clubhouse con charlas abiertas en las que hablan de lo que hacen y sus objetivos. Ahora, vista su rápida victoria, todo apunta a que la idea de tener presencia en unos desarrollos creados y controlados casualmente por sus enemigos ha sido todo un éxito comunicativo y propagandístico en todos los ámbitos.

Estos métodos, tanto los seguidos en las aplicaciones de mensajería encriptada como en las redes abiertas, les han servido para lanzar vídeos de las conquistas, informar de avances, vender una buena imagen de sus soldados, convencer al mundo de su victoria y hasta mostrar una realidad alternativa a la ofrecida por el anterior Gobierno o los medios internacionales en una situación de importante caos y una realidad compleja. Y lejos de lo que alguien se podría imaginar por la situación de pobreza y crisis que vive el país, con ello no solo querían influir en la opinión pública internacional. Según estadísticas publicadas por la propia CIA, alrededor de cinco millones de los 38 que tiene el país usan internet, una cifra que ronda el 13% de la población total. Si vamos a las plataformas más utilizadas, tenemos Facebook y WhatsApp en lo más alto desde hace algunos años.

Tanto es así que, como explicaba el 'The New York Times' en un artículo publicado en 2019, el uso de la 'app' de mensajería de Facebook se ha hecho tan popular que todo el mundo —desde la gente de la calle hasta los altos mandos de ambos bandos— la utilizaba para todo. Incluso los militares estadounidenses, alarmados por este hecho, pidieron a sus mandos que se desarrollase una alternativa, una copia, de esta plataforma, con la idea de aislar y proteger sus comunicaciones lejos de la mirada de posibles intrusos, pese a su encriptado de extremo a extremo. Al igual que pasa en otros países en vías de desarrollo como la India o Myanmar, estas plataformas son, para muchos de sus ciudadanos, lo que podríamos considerar aquí como internet, con todos los problemas que esto ha provocado en las distintas comunidades.

¿Un arma de guerra?

En ese mismo artículo, publicado muchos meses antes del asalto a Kabul, se explicaba cómo las redes se han convertido no solo en las armas de propaganda de los últimos años, sustituyendo las octavillas, carteles o revistas (por ejemplo, han conseguido con ellas mostrar su avance e infundir la idea de su victoria inminente), sino que su uso va incluso algunos pasos más allá. En el caso de WhatsApp, es una herramienta de comunicación a nivel militar y sustituye a la radio. No solo por parte de los talibanes, también desde el lado oficialista. "WhatsApp tiene beneficios únicos en la lucha contra los talibanes, quienes también confían en la aplicación para actualizar a sus superiores y comunicarse con sus combatientes. La batalla se ha convertido en una guerra de pequeñas y rápidas ganancias tácticas (un distrito aquí, una aldea allá) y, para esto, las ventajas de la aplicación, dicen, superan con creces la vulnerabilidad potencial", explicaban en el reportaje.

"Principalmente, es rápido y flexible. Las decisiones urgentes sobre un ataque inminente ya no deben esperar a que los ministros y comandantes lleguen a un centro de operaciones seguro. Los grupos de WhatsApp se han convertido en centros de operaciones virtuales, con ministros y comandantes que envían decisiones desde su dormitorio, entre reuniones o incluso desde la sala de un aeropuerto", añadían. En estos momentos, los insurgentes incluso han enlistado un número de teléfono dedicado especialmente a los miembros del Gobierno de Ashraf Ghani, para que todo aquel que quiera rendirse solo tenga que mandar un wasap notificando su decisión a sus enemigos.

En la parte talibana, al igual que en el caso americano, su uso se ha convertido en algo tan delicado que, según algunos informes, a los altos mandos se les ha prohibido el uso normal de teléfonos inteligentes con la idea de evitar seguimientos. Conscientes de los riesgos, no sería el primer problema salido de estos dispositivos, pues en 2014 se descubrió el paradero de uno de sus líderes porque este se dejó activada la geolocalización en su cuenta de Twitter. Cada uno de sus mensajes ofrecía la localización exacta y se vio que estaba en la frontera afgana, pero del lado paquistaní. Desde aquellos tiempos, han ido perfeccionando la utilización de estos desarrollos hasta usarlos incluso para ofrecer servicios a los ciudadanos bajo su régimen.

En 2016, incluso se descubrió que en sus recogidas de fondos para continuar la lucha los talibanes optaron por echar mano de plataformas como Telegram, Viber y WhatsApp. Estos lanzaban por estas redes sus anuncios para recabar fondos y luego basaban los envíos en un sistema llamado Hawala para evitar el rastreo 'online', aunque en algunas ocasiones también habían optado por opciones como PayPal. En concreto, Hawala, como explican en 'Vice', es una tradición basada en el honor. Una persona entrega un dinero a un intermediario, que este consigue dárselo a otro en el país al que tiene que ser enviado para que el receptor acuda a recogerlo. El receptor necesita saber la palabra clave para poder recibir el dinero, y esta palabra se la pasaban entre talibanes a través de las 'apps' de mensajería. Una compleja estructura que da una idea de los sofisticados procesos del grupo y su conocimiento de internet.

¿Qué se puede hacer?

La gran duda, viendo el resultado final y el papel de las tecnológicas estadounidenses en esta situación, es si alguien podía haber hecho más por quitar estas armas comunicativas a los talibanes. El experto en derecho tecnológico y asesor Preston Byrne se lo preguntaba en una entrada publicada en su blog. "La antigua estrategia de Estados Unidos para paralizar a un oponente comenzaba con ataques para decapitar el radar y la infraestructura de comunicaciones, es bastante obvio para cualquiera que, en lo que respecta a los talibanes, esto nunca tuvo lugar. Los talibanes están estableciendo un Gobierno con bastante rapidez. Su propaganda circula en Twitter a simple vista", comenta.

"Puede y debe haber recriminaciones por lo que sucedió aquí. No es únicamente culpa de la Administración Biden; el Ejército debería haber estado considerando cómo decapitar las comunicaciones de los talibanes durante años, lo que claramente no ha hecho. El hecho de que los talibanes estén utilizando servidores con base en los EEUU para administrar su Estado terrorista y que nadie en la Administración Biden haya pensado en desconectarlos, incluso cuando las fuerzas estadounidenses se retiran en desorden, es un error estratégico a la par con Pearl Harbor", señala Byrne.

Carlos Seisdedos, experto en ciberinteligencia y peritaje judicial, tiene una opinión algo diferente, aunque también defiende la idea de que se está haciendo muy poco para luchar contra este tipo de grupos en la red, donde encuentran un nuevo ecosistema en el que llevar a cabo su guerra de guerrillas sin freno. "Las redes sociales y mensajería instantánea, tanto para Talibanes como para otros grupos terroristas se han convertido en el principal método de proselitismo, de captación y de comunicación. Y lo cierto es que Europol e Interpol llevan años luchando contra el terrorismo en las plataformas y no lo han conseguido... Hubo un conato de colaboración de Telegram con las autoridades, donde se cerraron cientos de grupos y canales, pero ha vuelto a convertirse en el principal mecanismo de comunicación", explica en conversación con Teknautas.

Para él, incluso aunque las empresas quisieran, en el caso de las 'apps' de mensajería hay poco que hacer, otra cosa es en las redes sociales al uso, donde sí se actuó en casos como el de Donald Trump u otros ultraderechistas estadounidenses tras el asalto al Capitolio. Eso sí, hay muchos intereses en juego. "Hubiera sido imposible controlar WhatsApp para 'vigilar' la progresión de los talibanes. En el caso de Facebook es diferente, si que deberían haber puesto barreras, y deberían tener capacidad para detectar y bloquear ese tipo de contenidos. ¿Y si se hubiera cerrado los servicios directamente? "Los malos son malos, pero no tontos. Por ejemplo, Telegram incorpora su propio servicio VPN para evitar esos cortes por pais. Facebook, pues puede que no le interese por temas económicos actuar de forma proactiva".

Justo este lunes, el portavoz de la compañía dijo a Vice News que WhatsApp no puede actuar en muchas ocasiones porque no puede leer el contenido de los mensajes que se envían. Sí que aseguran que cumplen con la ley de sanciones de EEUU, por lo que si se encuentra con personas u organizaciones sancionadas que usan la aplicación, tomará medidas, incluida la prohibición de las cuentas. Esto obviamente depende de identificar quién usa WhatsApp, sin tener acceso a ninguno de los mensajes enviados a través de la plataforma, dado que la aplicación usa encriptación de extremo a extremo.

Afganistán, por su parte, intentó en 2017 bloquear estas 'apps' a nivel nacional, pero además de la negaitva de grupos proderechos humanos y libertad de expresión, las acusaciones de censura a sus ciudadanos y la presión internacional, se encontró con otro problema que puede resumir la paradoja de estas plataformas y el fondo tan sencillo que hay bajo el problema. Sus propios instituciones la usaban: un alto funcionario, en privado, aseguró que no podría haber tal prohibición. Cuando se le preguntó cómo podía estae tan seguro, este respondió: "Si prohibimos WhatsApp, ¿cómo vamos a dirigir el gobierno?".

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